Los Diez Mandamientos del vino

La enofilia es un culto como cualquier otro. Aquellos que nos rendimos a él debemos respetar escrupulosamente el compromiso de...

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Martes 31 de Marzo de 2015

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Jesucristo cachondo

La enofilia es un culto como cualquier otro. Aquellos que nos rendimos a él debemos respetar escrupulosamente el compromiso de obedecer las reglas señaladas por el dios Baco, resumidas en este decálogo fundamental. Son los Diez Mandamientos del Vino.

1- Amarás el vino sobre todas las otras bebidas.

Olvídate de cubatas, cañas y demás brebajes. El vino es más sano que el agua, sacia la sed, enriquece el espíritu... y después de unas cuantas copas enaltece la amistad.

2- No tomarás vino en vano.

Siempre hay una buena excusa para descorchar una botella: el anuncio de una boda, un divorcio, un nuevo contrato, un despido... Como decía Winston Churchill respecto al champagne: "En la victoria lo merezco; en la derrota lo necesito".

3- Regarás las fiestas.

No me refiero a las fiestas que la Iglesia católica manda santificar, sino a las otras: los saraos que la especie humana monta con cualquier pretexto, para amucharse, ejercitar la cháchara, mover el esqueleto y empinar el codo. Los seguidores de Baco nos comprometemos a que no falte el vino en festejo alguno.

4- Honrarás a tu padre y a tu madre (con el mejor vino de tu bodega).

Aunque los pobres no sean capaces de distinguir entre verdejo y riesling, tu deber es estirarte y descorchar la mejor botella que tengas a mano para agradecerles por haberte traído a este maltrecho mundo. Mamá, es un Château Lafite.... por favor no le eches gaseosa.

5- No matarás, ni siquiera al sumiller que te ha aconsejado mal.

¡Reprime tus impulsos! Y reconoce que eres un pardillo. Porque a pesar de que le has visto venir, intuyendo sus siniestras intenciones, has aceptado su sugerencia y el macabro-hombre-del-mandil-y-tastevin-al cuello ha acabado endilgándote una botella de aquel Ribera del Duero, carísimo e imbebible. Un vino tan cansino que ni siquiera tú, en un acto de constricción y culpa, has podido terminar. Paciencia. Y no pierdas la fe, porque también hay sumilleres buenos.

6- No cometerás actos impuros: el vino no se mezcla.

Con Coca-Cola, desde luego, jamás: es un atentado al sentido del gusto. Y la gaseosa sólo puede admitirse si el vino es intragable. Las únicas excepciones a esta santa regla son el bloody mary con fino de Jerez y las gotitas de licor de cassis que perfuman el champagne en el kir royale.

7- No robarás la copa del prójimo.

Promete que jamás de los jamases te unirás a las hordas de infieles que pululan en cócteles y recepciones, aprovechando cualquier descuido para hacerse con la copa del otro.  

8- No darás falsos testimonios, opinando sobre el vino que jamás has bebido.

Peligrosos enemigos del buen beber son los falsos expertos vinícolas, aquellos impostores que se llenan la boca con palabrejas secuestradas del discurso de algún gurú –bouquet, retrogusto, terroir, biodinámica... – para epatar al personal. ¡Aléjate de ellos! O tiéndeles una trampa, ofreciéndoles a catar un vino a ciegas, para ver como se hunden en su propia ignorancia.

9- No consentirás un tinto caliente ni un blanco helado.

Maldita sea la creencia que lleva a los bárbaros a servir los vinos blancos y espumosos como si fueran atrezo de Frozen. Y condenada sea también la brutalidad de aquellos cancerberos del infierno que presentan los tintos a la mesa a punto de ebullición. Enfréntate a ellos blandiendo el termómetro, para procurar que blancos y burbujeantes superen al menos los 5ºC (de otro modo sus aromas son imperceptibles) y los vinos rojos no vayan más allá de los 18º, cuando comienzan a confundirse con una sopa. 

10- No codiciarás la bodega ajena.

Resígnate. Cada uno tiene lo que se merece. Y aquel vecino que lleva años conservando los viejos riojas que compró después de tantos sacrificios tiene una bodega mejor que la tuya, que te echas al gaznate todo líquido que atraviesa el umbral de tu casa. Pero no todo está perdido: puedes hacerte amigo del paciente acumulador de botellas para disfrutarlas con él.

Un artículo de Luis Pablo
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