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Ribeira Sacra, ¿me guardas el secreto?

Autor

Tatiana Maroñas

Tatiana Maroñas

3 de Agosto de 2018

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"Confésoo, quero que te escondas", por tu belleza, por tu riqueza natural, por tu magia, por tus sabores y olores, porque quiero disfrutarte en silencio y en soledad. Así es Galicia, una tierra que esconde secretos.

Parafraseando la campaña publicitaria de Turgalicia del año 2011, elaborada por la Agencia de Turismo de Galicia, dependiente de la Consellería de Cultura y Turismo de la Xunta de Galicia, os contaré algunos de los secretos que he descubierto tras una breve estancia en la Ribeira Sacra, visitando sus bodegas y viñedos, empapándome en su cultura y  tradición, degustando sus exquisitos vinos y comidas caseras. 

Confieso que soy una novel aficcionada al mundo del vino, por lo que mi aportación pretende ser lo más humildemente sencilla posible. 

Tradición y economía

El vino ha dejado de ser un bien de produción masiva para convertirse en un producto exquisito y de alta calidad, único e irrepetible, en definitiva es un aporte de elegancia en nuestras mesas. Nuestros antepasados de la Ribeira Sacra, sobre todo en la época de la Guerra Civil, basaban su alimentación en vino y castañas, pues las tierras del Sil y del Miño han sido fructíferas desde el Siglo II. Afortunadamente esos tiempos quedan relegados a la historia y hoy día el vino es sinónimo de tradición, cultura y gastronomía, sin olvidarnos de que también aún es medio de vida.

Cepas plantadas en bancales de ángulos imposibles, que descuelgan en las riberas de los ríos Miño y Sil donde los lugareños realizan la viticultura heroica, como ellos la denominan. Soportando altas temperaturas y a elevados desniveles realizan la vendimia, que tendrá lugar entre septiembre y octubre. Aunque siempre se habla del proceso final, no podemos olvidarnos del laborioso trabajo previo en los viñedos: la preparación de los bancales, el riego manual, la poda, el cuidado antiplagas, etc. Todo este trabajo es íntegramente manual y artesanal, pues no hay apenas acceso a los viñedos con maquinaria pesada.

Actualmente la Denominación de Origen de la Ribeira Sacra cuenta con poco más de 100 bodegas, entre las cuales producen poco más de 3 millones de litros. De esta cantidad, la mitad la produce la bodega más conocida, Rectoral de Amandi, por lo que queda una porción bien pequeña a repartir entre el resto. La producción de algún vino, de hecho, no supera las 600 botellas anuales, como es el caso del rosado que podemos degustar en Ponte da Boga.

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Tipos de uvas

Para tintas destacan: Mencía, Brancellao y Merenzao. Para blancas: Godello, Albariño, Treixadura, Torrontés, Loureira y Dona Branca. 

El 80% de la producción es vino tinto, variedad mencía, un 10% vino blanco, variedad godello, y otro 10% otras variedades. Si bien asociamos la Ribeira Sacra al vino mencía y vino godello, en los últimos años los pequeños productores y bodegas están tratando de recuperar la uva tradicional de Brancellao y Merenzao, asumiendo que se arriesga cosecha ante condiciones climatológicas adversas o plagas. Aquí entra de nuevo en juego el factor exclusividad, en definitiva la búsqueda de la calidad. alt

Como curiosidades cabe destacar que la degustación de estos vinos jóvenes tiene explicación: en Ribeira Sacra el tipo de uva, que favorece los aromas y sabores afrutados, perdería sabor si intentasen elaborar un vino crianza. El reposo en barrica acabaría mermando su afrutado sabor. Es por eso que no hay producción de crianza y casi todo lo que podemos encontrar a disposición del consumidor es vino joven.

Aún así, me sorprendió el hecho de que un vino pueda evolucionar tanto dentro de una botella. Así fue cómo pudimos probar el mismo vino de dos cosechas distintas y...¡qué diferencia!

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 Si visitais la RIbeira Sacra no dejéis de hacer enoturismo, pues es una oportunidad para conocer de cerca la cultura del vino, y por supuesto, de degustar un buen vino de la Denominación de Origen.

Mis recomendaciones son:

1. Regina VIarum: por sus vistas, por su bodega museo y por su buen vino.

2. Abadía da Cova: podréis disfrutar de un paraje único, o Cabo do Mundo, y de  su exquisito albariño, una variedad que no abunda en la zona.

3. Ponte da Boga: es la bodega de cata por excelencia, donde se degustan entre 7 y 10 vinos. Destacan sus tintos mencía y su rosado.

¿A quién no le entran ganas de una copita de vino con este calor?

Un artículo de Tatiana Maroñas
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