Miércoles 11 de Marzo de 2026
La historia de la familia Figuero es un ejemplo de continuidad y dedicación en la Ribera del Duero. Antes de fundar su propia bodega, José María García y Milagros Figuero ya formaban parte de la tradición vitivinícola de la zona como proveedores de uva para algunas de las bodegas más reconocidas de la denominación de origen. Durante más de cuarenta años, José María cuidó con esmero sus viñedos en La Horra, apostando por la variedad tinto fino y transmitiendo a sus hijos el respeto por la tierra y el trabajo bien hecho.
Antonio G.ª Figuero, hijo menor del matrimonio y actual responsable de la bodega junto a sus hermanos, recuerda cómo la pasión por el vino se vivía en casa desde la infancia. "Crecer merendando pan con vino y azúcar no es casualidad: es herencia", afirma. El sueño de José María siempre fue elaborar su propio vino, una idea que compartía con su familia en cada sobremesa y vendimia. El impulso definitivo llegó cuando, tras una visita a un estudio de ingeniería en Burgos, la familia decidió dar el paso y construir la bodega.
En 2001, con 65 años, José María, Milagros y sus tres hijos fundaron Bodega Figuero. El proyecto nació con la premisa de no abandonar la formación y los trabajos de los hijos, conscientes de la incertidumbre de los inicios empresariales. Antonio, que había iniciado su carrera como ingeniero, compaginó durante años su empleo con el trabajo en la bodega, dedicando su tiempo libre y vacaciones al proyecto familiar.
La filosofía de la familia Figuero se basa en la fidelidad y el compromiso. Gran parte del equipo humano que comenzó con ellos sigue vinculado a la empresa. "A mi padre nunca le han servido las medias tintas, había que hacerlo bien. Como él dice: el buen paño en el arca se vende", explica Antonio. El esfuerzo y la constancia dieron sus frutos, aunque el retorno de la inversión en el sector vitivinícola es lento. Con el tiempo, Antonio se incorporó a tiempo completo, aprendiendo sobre gestión, ventas e internacionalización para consolidar la bodega.
Este año, Bodega Figuero celebra su 25 aniversario, coincidiendo con los 90 años de José María García. Padre e hijo continúan trabajando juntos, brindando con Figuero Viñas Viejas, un vino que rinde homenaje al legado familiar y a la viña vieja que ha pasado de generación en generación. El estilo moderno y fresco de este vino responde a las preferencias del consumidor actual, manteniendo la esencia de la tradición familiar.
Antonio destaca que la mejor parte de su trabajo son las personas que conoce, los lugares que visita y el aprendizaje constante. La bodega es hoy un reflejo de cómo la experiencia, el esfuerzo y el apoyo familiar pueden construir un legado duradero. La familia Figuero ha aprendido que nunca es tarde para cumplir un sueño si se cuenta con los compañeros de viaje adecuados y el tiempo para disfrutar de lo conseguido. "Gracias papá, por lo que empezaste con mamá. Lo estamos consiguiendo juntos", concluye Antonio.