El vino de pitarra extremeño busca su lugar como patrimonio cultural inmaterial

Lunes 16 de Febrero de 2026

Un estudio universitario reclama mayor protección para esta tradición rural frente al olvido institucional y las trabas normativas

El vino de pitarra, elaborado de forma artesanal en Extremadura, ha sido objeto de un estudio reciente realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Extremadura y la Universidad de Santiago de Compostela. El trabajo, publicado en la revista RIVAR, analiza el papel que este vino ha tenido en la vida rural extremeña y reclama su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial.

El equipo, formado por Lorenzo Mariano Juárez, David Conde Caballero y Luis López-Lago Ortiz, junto a Borja Rivero Jiménez, ha documentado la tradición del vino de pitarra a través de entrevistas y observación directa en varios pueblos de la región durante 2024. Según los autores, este vino ha sido un elemento central en la cohesión social y en la creación de redes comunitarias en el ámbito rural. Además, señalan que ha influido en la construcción de la masculinidad tradicional en estos entornos.

El vino de pitarra se produce en tinajas de barro llamadas “pitarras”, utilizando uvas autóctonas y siguiendo métodos transmitidos entre generaciones. El proceso es completamente manual y no está regulado por normas oficiales, lo que da lugar a una gran variedad entre los vinos producidos. Los investigadores explican que no existen dos pitarras iguales debido a las diferencias en las técnicas y materiales empleados por cada productor.

A pesar de su importancia social e histórica, el vino de pitarra ha recibido poca atención institucional y académica. Los autores del estudio consideran que esta falta de reconocimiento se debe a que su producción suele estar destinada al autoconsumo y a que no responde a intereses económicos relevantes para las políticas patrimoniales. Además, mencionan que las normativas actuales sobre seguridad alimentaria han generado dificultades para los productores tradicionales.

En los últimos años, asociaciones como la Asociación de Pitarreros Veratos (APIVE), con más de 300 miembros, han impulsado actividades para mantener viva esta tradición. Entre ellas figuran concursos anuales, catas y encuentros que favorecen el intercambio entre productores y consumidores. Estas iniciativas buscan asegurar la transmisión generacional del conocimiento vinculado al vino de pitarra.

El estudio también recoge cómo el vino de pitarra es percibido por muchos consumidores como un producto más natural y libre de aditivos químicos. Esta percepción contrasta con algunos discursos oficiales que lo presentan como un posible riesgo para la salud debido a su elaboración fuera del control industrial.

Los investigadores subrayan que el vino de pitarra representa una forma particular de patrimonio cultural vinculada a pequeñas bodegas familiares y bares locales. En estos espacios se mantienen costumbres como el consumo del “chato” o vaso pequeño, así como reuniones sociales asociadas al ciclo anual del vino.

El trabajo concluye que el conjunto de técnicas, costumbres y espacios relacionados con el vino de pitarra constituye un patrimonio vivo que merece mayor visibilidad y protección. Los autores proponen que se reconozca oficialmente su valor cultural para evitar su desaparición ante los cambios sociales y normativos actuales.

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