Viernes 05 de Septiembre de 2025
El sector vinícola de Estados Unidos ha recibido una noticia positiva tras la exención del corcho portugués de los aranceles impuestos a productos europeos. Esta medida, que entró en vigor el 1 de septiembre, se incluyó en el acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, donde el corcho fue reconocido como un “producto natural no disponible” en territorio estadounidense. Así, el corcho se suma a otros productos como aviones y medicamentos genéricos que quedan fuera del gravamen del 15% aplicado a la mayoría de bienes procedentes de la Unión Europea.
Portugal es el principal productor mundial de corcho, responsable de cerca de la mitad de la producción total. La exención era prioritaria para el país, que movilizó a sus diplomáticos para negociar tanto en Europa como en Estados Unidos. Patrick Spencer, director ejecutivo del Natural Cork Council con sede en Oregón, viajó desde Salem hasta Washington en junio para explicar a las autoridades estadounidenses el origen y la importancia del corcho, buscando evitar la imposición del arancel. El Wine Institute, que representa a los productores californianos, también intervino para solicitar este trato especial.
Spencer expresó su satisfacción cuando en agosto se publicó el resumen del acuerdo comercial donde se mencionaba al corcho. Según sus palabras, fue un día importante para quienes trabajan en este sector.
No está claro si otros productos naturales recibirán exenciones similares en futuros acuerdos comerciales. El Departamento de Comercio estadounidense y la Casa Blanca no han respondido sobre posibles nuevas excepciones. Además, existe incertidumbre sobre la continuidad de los aranceles impuestos por el expresidente Donald Trump a las importaciones procedentes de los 27 países miembros de la Unión Europea y otras naciones. A finales de agosto, un tribunal federal dictaminó que Trump no tenía autoridad para imponer estos aranceles, aunque siguen vigentes mientras se resuelve una apelación ante el Tribunal Supremo.
Estados Unidos es el segundo mayor mercado para el corcho portugués después de Francia. En 2023, importó 241 millones de dólares en corcho desde Portugal; más del 70% correspondía a tapones para vino, licores, aceite de oliva, miel y otros líquidos, según datos del Natural Cork Council. El corcho también tiene otros usos: tanto la NASA como SpaceX lo emplean como protección térmica en cohetes; además, se utiliza triturado como relleno en campos deportivos y mezclado con hormigón en pistas aeroportuarias para amortiguar aterrizajes.
Aunque California comparte clima con la cuenca mediterránea, Estados Unidos nunca ha desarrollado una industria propia del corcho. Durante la Segunda Guerra Mundial hubo un intento por cultivarlo y aún quedan unos 500 alcornoques plantados entonces en la Universidad de California en Davis. Sin embargo, este proyecto no prosperó tras finalizar el conflicto. El principal obstáculo es que un alcornoque tarda 25 años en producir su primera corteza apta para cosecha y esa primera extracción suele ser de baja calidad; después necesita nueve años más para regenerar nueva corteza.
António Amorim, presidente ejecutivo de Corticeira Amorim —una de las mayores empresas mundiales del sector— explica que la paciencia necesaria para esperar décadas antes de obtener resultados ha frenado cualquier iniciativa estadounidense. Además, la extracción requiere gran destreza: un corte incorrecto puede dañar o matar el árbol. Por ello, los recolectores portugueses figuran entre los trabajadores agrícolas mejor remunerados de Europa.
En Herdade de Rio Frio, una finca situada a unos 40 kilómetros al sureste de Lisboa y propiedad de Amorim, los equipos recorren los campos entre alcornoques centenarios siguiendo técnicas tradicionales transmitidas durante generaciones. Los trabajadores retiran cuidadosamente placas ligeras de corteza con hachas especiales y marcan los troncos pelados con pintura blanca indicando el año de recolección; este verano se ha utilizado el número “5” para señalar que fueron despojados en 2025.
La sostenibilidad y biodegradabilidad del corcho han impulsado su regreso entre bodegas estadounidenses tras años experimentando con cierres alternativos como aluminio o plástico. En 2010 solo el 53% de los vinos premium estadounidenses utilizaban tapones naturales; en 2022 ese porcentaje subió al 64,5%, según datos del Natural Cork Council. El problema conocido como “cork taint”, causado por hongos presentes en algunos tapones naturales y responsable de alterar el sabor del vino durante los años noventa, ha sido controlado gracias a mejoras tecnológicas e industriales.
Andrew Waterhouse, químico y director del Instituto Robert Mondavi de Ciencia Alimentaria y Vitivinícola en California, señala que las bodegas han adoptado también tapones metálicos con sistemas que regulan la entrada de oxígeno imitando al corcho tradicional. Muchas bodegas estadounidenses —incluida Trump Winery— emplean ambos tipos según el vino: los rosados suelen cerrarse con tapón metálico porque no están pensados para envejecimiento prolongado; los vinos destinados a madurar utilizan corcho natural.
Waterhouse explica que cuando se evalúa si un vino ha envejecido correctamente se piensa siempre en una botella cerrada con corcho guardada en bodega fresca; cualquier otra condición produce resultados diferentes debido a la historia y tradición asociadas al producto.
El futuro inmediato del comercio internacional del corcho dependerá tanto del desarrollo político como económico entre Estados Unidos y Europa. Mientras tanto, Portugal mantiene su posición como proveedor esencial gracias a una industria basada en técnicas ancestrales y una materia prima difícilmente sustituible por alternativas sintéticas o metálicas.