Lunes 26 de Mayo de 2025
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el domingo 25 de mayo que retrasa hasta el 9 de julio de 2025 la aplicación del arancel del 50% sobre productos procedentes de la Unión Europea, entre ellos el vino y las bebidas alcohólicas. Esta decisión llegó tras una llamada telefónica con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien solicitó más tiempo para avanzar en las negociaciones comerciales en curso. La conversación tuvo lugar apenas una semana antes de la fecha inicial prevista para la entrada en vigor de la medida, el 1 de junio.
Trump comunicó el aplazamiento a través de su plataforma Truth Social, donde indicó que accedía a la prórroga a petición directa de Von der Leyen. Horas antes, la presidenta de la Comisión había publicado un mensaje en la red social X calificando la conversación como "buena" y subrayando que la Unión Europea está dispuesta a avanzar "rápida y firmemente" para lograr un acuerdo comercial. Von der Leyen pidió este margen adicional para intentar cerrar un pacto que evite la imposición de nuevos aranceles que afectarían de forma directa al sector agroalimentario europeo, con especial impacto en los productos con mayor presencia en el mercado estadounidense, como los vinos, el coñac, el brandy o el vermut.
Aunque se ha evitado de momento la aplicación inmediata del nuevo arancel, el escenario de incertidumbre se mantiene. La medida anunciada en mayo por Trump forma parte de una estrategia más amplia de presión comercial contra la Unión Europea, en la que también figuran otras tarifas: un arancel del 25% sobre coches y piezas procedentes de Europa, en vigor desde abril, y una tarifa general del 10% aplicada desde el pasado mes tras suspender temporalmente un gravamen inicial del 20%.
Estados Unidos representa uno de los principales destinos para las exportaciones europeas de vino, en especial para países como Francia, Italia y España. Según los últimos datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), más del 60% de los vinos importados en Estados Unidos durante 2024 fueron de origen europeo. En el caso español, el valor total de las exportaciones vinícolas al mercado estadounidense superó los 900 millones de euros el año pasado. Las denominaciones de origen más presentes en este destino —como Rioja, Ribera del Duero, Cava o Rías Baixas— siguen muy atentas a la evolución de las negociaciones.
La Federación Española del Vino (FEV) y la Interprofesional del Vino (OIVE) han expresado su preocupación ante la posibilidad de que el nuevo arancel se haga efectivo en julio. Según ambas entidades, un aumento del 50% en los aranceles afectaría directamente al precio final de cada botella, encareciendo su presencia en el lineal frente a vinos de producción nacional o de países con acuerdos comerciales en vigor, como Australia o Chile. Importadores y distribuidores estadounidenses podrían dejar de comprar productos europeos ante una menor rentabilidad, lo que repercutiría en las ventas y comprometería la rentabilidad de muchas bodegas, especialmente las pequeñas y medianas.
La amenaza también alcanza a otras bebidas alcohólicas europeas. En Francia, el coñac se mantiene como uno de los productos más expuestos, mientras que en Italia ocurre lo mismo con los licores como el amari o el limoncello. En España, el brandy y los licores artesanales también forman parte de la lista de productos vulnerables. El temor en el sector es que la suma de estos aranceles al resto de barreras comerciales vigentes complique aún más el acceso a un mercado que durante años ha sido preferente para muchas empresas europeas del sector.
La Comisión Europea sigue apostando por una solución pactada que permita evitar esta escalada. Bruselas ha reiterado su disposición a llegar a un acuerdo, pero también mantiene activa su propuesta de represalias comerciales por un valor cercano a los 100.000 millones de euros si Washington no retira los aranceles. Esta segunda ronda de medidas, que incluiría gravámenes sobre productos estadounidenses, aún no se ha aplicado. La Comisión recuerda que la prioridad es alcanzar un entendimiento que permita preservar el equilibrio comercial entre ambos bloques y garantice el acceso al mercado estadounidense sin recurrir a nuevas barreras.
No es la primera vez que los vinos y bebidas alcohólicas europeas se ven afectados por tensiones comerciales con Estados Unidos. En 2019, durante el anterior mandato de Trump, Washington impuso un arancel del 25% sobre varios productos del sector como represalia por los subsidios europeos a Airbus. Aquel episodio provocó una caída inmediata de las exportaciones, y muchas bodegas tuvieron que buscar soluciones urgentes para no perder presencia en el mercado.
Ahora, con el nuevo plazo fijado para el 9 de julio, las semanas previas serán clave para el sector vinícola europeo, que sigue pendiente de si se alcanza o no un acuerdo que permita evitar nuevas barreras a su entrada en el principal mercado de exportación fuera del continente.