Los viticultores de la Toscana comienzan la vendimia de 2026 dos semanas antes de lo previsto, debido al excepcional calor del verano

La sequía recorta un 20% la cosecha con uvas de buena calidad sanitaria

Jueves 20 de Agosto de 2026

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La vendimia se adelanta dos semanas en Valdera y el Cuoio por el calor

La vendimia de 2026 se ha adelantado dos semanas en Valdera y el Cuoio, dos zonas italianas de fuerte tradición vitivinícola, donde los primeros racimos se recogieron antes del 15 de agosto. El avance de la maduración, vinculado a las altas temperaturas del verano, llega con una doble lectura: la uva presenta buen estado sanitario y buena calidad, pero las producciones están un 20% por debajo de lo habitual por la sequía, según afirma Cinzia Pagni, presidenta de Cia Etruria.

Este miércoles, 19 de agosto, Pagni hizo balance del inicio de campaña y situó el origen del adelanto en las condiciones meteorológicas de los últimos meses. La recogida ha comenzado con las variedades tempranas y con uvas blancas destinadas a la elaboración de espumosos. En las próximas semanas el ritmo irá a más, con la mayor parte de la vendimia ya cerca de septiembre.

La evolución del viñedo ha estado marcada por dos fases distintas. Durante el invierno y la primavera, las lluvias ayudaron a recuperar las reservas hídricas de los suelos. Después, el verano cambió el paso con temperaturas elevadas que aceleraron el desarrollo vegetativo de la vid y empujaron la maduración. Ese calor persistente obligó a los productores a prestar más atención al estrés hídrico.

Los problemas se concentran sobre todo en los viñedos de ladera y en los terrenos más sueltos, donde el agua está menos disponible. En estas parcelas, la falta de humedad ha pesado más sobre la cantidad de uva. Pagni sostiene que la merma de rendimientos está ligada a unos meses de calor excepcional y prolongado, pese a que la sanidad de la fruta se mantiene en niveles buenos.

Los viticultores esperan ahora que las lluvias previstas para la segunda mitad de agosto ayuden a reequilibrar el viñedo en una fase decisiva. Ya se han registrado algunas precipitaciones en la zona, que han dado un alivio inicial. Su efecto final dependerá de que sean suficientes y de que se repartan bien sobre el territorio, ya que la campaña está ya en marcha y la capacidad de reacción es limitada cuando la uva entra en la recta final de la maduración.

Pagni resume la situación con una idea clara: menos cantidad, pero sin daños de calidad en la uva recolectada hasta ahora. A juicio de los agricultores de la zona, trasladado por la presidenta de Cia Etruria, la vendimia llega antes de lo previsto y obliga a adaptar calendarios de trabajo tanto en el campo como en bodega. Ese ajuste no se limita a esta campaña y apunta a una tendencia que el sector lleva años observando en varias áreas vitícolas italianas.

A la reducción de la cosecha se suma un problema comercial. Pagni afirma que el vino atraviesa una ralentización por varias causas al mismo tiempo. Entre ellas cita las tensiones internacionales y los aranceles de Estados Unidos, que, en sus palabras, han provocado pérdidas importantes para el sector. La presidenta de Cia Etruria recuerda además que el mercado estadounidense es fundamental para la producción italiana y también para la de este territorio, y que la exportación sigue siendo una pieza básica para la actividad vitivinícola.

La patronal agraria añade otros factores en el mercado interno. Pagni asegura que la legislación “no ayuda” y que en los restaurantes se consume menos vino. A eso suma el efecto del calor sobre los hábitos de consumo: en su opinión, las altas temperaturas han llevado a beber menos productos alcohólicos en general. La combinación de una vendimia más corta y unas ventas menos ágiles puede trasladar presión a toda la cadena del vino en la campaña de 2026, desde la disponibilidad de uva para las bodegas hasta la planificación de ventas en el exterior.

La lectura que hace el sector en Valdera y el Cuoio va más allá de la cosecha de este año. Pagni considera que el verano deja una señal clara sobre las medidas que harán falta en muchos territorios para convivir con episodios de sequía más frecuentes. Entre ellas menciona sistemas de riego de apoyo y la creación de embalses que permitan disponer de agua en los meses de mayor escasez. Para los productores, esa adaptación pasa a ser una necesidad práctica en viñedos donde el calor y la falta de lluvia ya están modificando el calendario y el volumen de la vendimia.

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