Miércoles 19 de Agosto de 2026
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Rusia ha incluido la cerveza, los vinos tranquilos y espumosos, la sidra y varios productos de vapeo en su lista de bienes estratégicos, una decisión que endurece las penas por introducirlos en el país sin la tramitación aduanera exigida. La reforma afecta también a los cigarrillos electrónicos, los líquidos para vapeadores y las sales de nicotina.
La medida se aplica a través de cambios ya en vigor en el artículo 226.1 del Código Penal ruso. A partir de ahora, quien cruce la frontera rusa o la de la Unión Económica Euroasiática con esos productos sin declararlos puede afrontar hasta cinco años de prisión si el envío supera los 100.000 rublos, unos 1.100 dólares al cambio citado por medios rusos.
Hasta este cambio, el transporte no declarado de esas categorías concretas se trataba como una infracción administrativa. Las consecuencias habituales eran multas económicas o trabajos obligatorios. Además, antes de 2022 los procedimientos penales por traslado ilegal de alcohol y tabaco se reservaban a cargamentos con un valor superior a 250.000 rublos, alrededor de 2.750 dólares, y las penas de cárcel quedaban limitadas a casos vinculados con grupos organizados o con funcionarios que se valían de su puesto.
Las bebidas espirituosas y el tabaco tradicional entraron en la lista de bienes estratégicos en 2022, pero el resto de bebidas alcohólicas y los dispositivos electrónicos para fumar quedaron fuera. Esa diferencia dejó durante más de tres años un vacío legal en un segmento del mercado que, por valor unitario y facilidad de transporte, resulta propicio para introducir mercancía sin declarar.
El alcance práctico de la reforma es amplio. Con las nuevas reglas, llevar en el equipaje personal dos botellas de vino premium antiguo o de champán de alta gama sin la declaración correspondiente puede abrir la puerta a un procedimiento penal si se supera el umbral económico fijado por la ley. La referencia al valor es relevante porque algunas botellas alcanzan precios muy altos incluso en volúmenes reducidos.
Los datos del Servicio Federal de Aduanas ruso apuntan a un aumento de los intentos de entrada irregular de alcohol. El valor de esas importaciones ilegales alcanzó el año pasado 413,5 millones de rublos, unos 4,5 millones de dólares, frente a 266,7 millones de rublos, cerca de 2,9 millones de dólares, del ejercicio anterior. La diferencia roza el 55%, una subida que ayuda a explicar por qué Moscú ha optado por endurecer el marco penal.
Entre los principales puntos de origen de estas mercancías figuran Georgia, Tailandia, Estonia y Turquía. Uno de los casos recientes se produjo el pasado 9 de agosto en el aeropuerto moscovita de Domodédovo, donde agentes de aduanas hallaron 15 botellas de vino Sassicaia de la cosecha de 2021 en el equipaje de una tripulante llegada desde Vietnam. El cargamento estaba valorado en 2 millones de rublos, unos 22.000 dólares, lo que equivale a cerca de 133.000 rublos por botella, alrededor de 1.460 dólares.
En ese episodio, la persona interceptada recibió una sanción administrativa equivalente al doble del valor de la mercancía y la confiscación total de las botellas. Con la nueva regulación, operaciones de ese tipo pueden pasar del ámbito administrativo al penal si cumplen los nuevos requisitos de valor y de falta de despacho aduanero.
La normativa rusa mantiene también límites estrictos para la importación legal por particulares. Solo se permite entrar hasta cinco litros de alcohol con una graduación superior al 0,5%. A partir de tres litros, el viajero debe presentar una declaración formal y pagar una tasa de 10 euros por cada litro adicional.
La presión sobre el mercado del vino importado no procede solo del control fronterizo. Las exportaciones directas de vinos europeos con precio superior a 300 euros están prohibidas por las sanciones internacionales, mientras que las rutas ordinarias de importación soportan aranceles protectores rusos más altos. Esos gravámenes han pasado del 20% al 25% y mantienen, además, un mínimo de 2 euros por litro.
El ex economista del Gobierno ruso Oleg Vyugin ha relacionado ese encarecimiento con las rutas de transporte y con la subida arancelaria. A su juicio, los vinos europeos en los restaurantes han alcanzado niveles de precio muy elevados y consumir vino de calidad obliga a un esfuerzo económico al alcance de pocos compradores.
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