La agricultura mundial crecerá un 13% hasta 2035 bajo un escenario de estabilidad

La FAO y la OCDE alertan de que las emisiones del sector subirán un 6,5% en la próxima década

Miércoles 01 de Julio de 2026

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La agricultura mundial crecerá un 13% hasta 2035 bajo un escenario de estabilidad

La FAO y la OCDE prevén que la producción agrícola y pesquera mundial aumente un 13% hasta 2035 si se mantiene un escenario de estabilidad. El cálculo figura en el informe Agricultural Outlook 2026-2035, publicado este miércoles, 1 de julio, y sitúa el mayor avance en Asia, África subsahariana y América Latina, impulsado por mejoras de productividad y por una mayor intensidad productiva.

El documento también estima que la renta agraria bruta media por trabajador subirá un 9% en el mismo periodo. Ese aumento llegaría con precios agrícolas reales en niveles parecidos a los actuales o incluso algo más bajos durante la próxima década, según las dos organizaciones. La previsión parte de una mejora continuada de la productividad y de unas condiciones meteorológicas consideradas habituales, factores que ayudarían a contener el coste marginal de producción en buena parte de las materias primas agrarias.

La otra cara de esa evolución es ambiental. La FAO y la OCDE calculan que la ampliación de la superficie cultivada y del censo ganadero elevará las emisiones de gases de efecto invernadero del sector un 6,5% hasta 2035. De ese incremento, el 77% procederá de la expansión ganadera y el 23% del uso de fertilizantes sintéticos.

El informe vincula parte del aumento productivo a cambios en la dieta en países de renta media-baja, donde se espera una mayor diversificación del consumo y una subida de los alimentos de origen animal a medida que mejoren los niveles de vida. Al mismo tiempo, advierte de que los países de renta baja, en especial en África subsahariana, seguirán rezagados en seguridad alimentaria y nutrición. En las economías más ricas, en cambio, persistirá el exceso de consumo alimentario.

El Sudeste Asiático concentrará el 39% del aumento del consumo mundial hasta 2035, empujado por el crecimiento demográfico y por una mayor demanda per cápita. En paralelo, el comercio agroalimentario seguirá siendo una pieza básica para conectar regiones excedentarias con otras deficitarias. América Latina mantendrá su papel como principal exportador neto del mundo, mientras Norteamérica, Europa y Asia central continuarán abasteciendo a los mercados internacionales. La demanda importadora avanzará sobre todo en África subsahariana, Oriente Próximo, norte de África y Asia meridional y sudoriental.

Las previsiones incluyen diferencias amplias entre regiones y niveles de renta. La productividad media del trabajo agrario se situó en algo más de 21.100 dólares por trabajador en los países de renta alta entre 2023 y 2025, y podría llegar a 22.155 dólares en 2035. En el conjunto mundial, la media prevista ronda los 3.800 dólares por trabajador. Norteamérica, Europa occidental y Oceanía seguirán con los niveles más altos de producción por empleado agrario, apoyados en explotaciones grandes, mecanización intensa e inversiones elevadas.

En muchos países de renta media de América Latina, Europa oriental y zonas de Asia oriental y central, la FAO y la OCDE observan una transición desde modelos intensivos en mano de obra hacia sistemas más orientados al mercado y al capital. Según el informe, esa mecanización puede mejorar el uso del suelo, la eficiencia operativa y la reasignación laboral dentro y fuera del campo, aunque sus efectos dependen del acceso a insumos, infraestructuras y servicios comerciales.

En cereales, la producción mundial alcanzará 3.220 millones de toneladas en 2035. El avance vendrá sobre todo por una mejora anual del rendimiento del 0,9%, mientras que la superficie dedicada a estos cultivos solo crecerá un 0,1% al año, menos de la mitad que en la década anterior. El 40% del cereal se destinará al consumo humano directo y el 34% a alimentación animal. Trigo y arroz seguirán orientados principalmente a la alimentación humana, mientras que el maíz tendrá como principal salida el forraje.

La demanda mundial de biocarburantes crecerá un 1,4% anual durante la próxima década, con Brasil, India e Indonesia como principales motores. En los países de renta alta se espera una desaceleración por una menor fuerza de los incentivos públicos y por el avance del vehículo eléctrico.

África subsahariana aportará alrededor del 16% del aumento del valor de la producción agrícola mundial hasta 2035, frente al 11% registrado en la década anterior. Aun así, buena parte de la región seguirá expuesta a inseguridad alimentaria y perturbaciones externas. El área Asia-Pacífico concentrará el 58% del incremento productivo mundial y solo India explicará el 26% de ese avance. En esa zona pesará mucho el aumento del ganado lechero y la mejora productiva por animal.

En los países ricos se prevé una ralentización clara del consumo de carne. El informe apunta a un desplazamiento desde la carne de vacuno hacia las aves por los precios altos, las preocupaciones sanitarias y la presión ambiental. En pesca y acuicultura, la producción total crecerá un 11% hasta 2035. La acuicultura pasará del 53% al 56% del total mundial y Asia seguirá siendo el principal motor tanto en oferta como en demanda, aunque con una expansión más lenta en China.

Las dos organizaciones avisan también de que estas previsiones pueden alterarse por episodios de volatilidad ligados a crisis energéticas, financieras o geopolíticas. El informe calcula que si se mantiene hasta 2035 la frecuencia reciente de perturbaciones existe un 25% de probabilidad de que las rentas agrarias queden por debajo de los niveles actuales.

A corto plazo, uno de los riesgos señalados es la energía. Si el encarecimiento medio del 33% registrado en los precios energéticos durante la primera mitad de 2026 se prolonga durante el segundo semestre, la producción mundial de cereales caería un 0,9% en 2027. En los países de renta baja ese descenso sería del 1,7%. La consecuencia sería una pérdida adicional de ingresos agrarios y un aumento del precio de los alimentos que obligaría a muchos hogares vulnerables a sustituir productos por otros más baratos.

Para el sector de bebidas, estas previsiones tienen un efecto potencial directo sobre materias primas como cereales, azúcar o aceites vegetales usados en cerveza, destilados y otras elaboraciones industriales. También pueden influir sobre los costes energéticos y logísticos que soportan bodegas, cerveceras y productores de bebidas sin alcohol. Si los precios agrarios se mantienen estables como prevén la FAO y la OCDE, parte del sector podría ganar margen para planificar compras e inversiones; si vuelven las perturbaciones energéticas o climáticas, esa estabilidad quedaría comprometida.

Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, señaló que los sistemas agroalimentarios están bajo presión y que los agricultores son los primeros afectados por el aumento del precio de la energía y los fertilizantes. A su juicio, proteger su capacidad de respuesta exige mejor apoyo ante perturbaciones, inversión constante en productividad y mercados internacionales abiertos y eficientes.

Qu Dongyu, director general de la FAO, defendió reforzar esa capacidad con corredores comerciales diversificados, reservas regionales de insumos agrarios esenciales e infraestructuras preparadas para absorber interrupciones. También pidió reducir la dependencia del petróleo mediante una matriz energética más diversificada dentro de los sistemas agroalimentarios.

La FAO y la OCDE sostienen que la cooperación multilateral, la apertura comercial y unas reglas internacionales claras seguirán siendo elementos básicos para mejorar la seguridad alimentaria, favorecer dietas más variadas y dar estabilidad a las rentas agrarias durante la próxima década.

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