Jueves 11 de Junio de 2026
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El 80% de las bodegas en España genera o mantiene empleo en las zonas donde opera, según el primer Barómetro sobre la sostenibilidad del sector vitivinícola en España, elaborado por Cajamar y la Federación Española del Vino (FEV). El informe también recoge que más del 80% de las empresas analizadas aplica medidas de protección del suelo y la biodiversidad, un dato que refuerza el peso territorial del vino en muchas comarcas rurales.
El estudio se ha presentado este jueves, 11 de junio, y toma como base una muestra de 84 bodegas de las 148 que cuentan en la actualidad con certificación. Esa muestra suma una facturación agregada de 2.477 millones de euros, una cifra equivalente a cerca del 29% del volumen de negocio total del sector vitivinícola español. Según los datos citados en el informe, la facturación total del sector alcanzó los 8.490 millones de euros en 2023.
El barómetro mide el grado de cumplimiento de distintos indicadores ligados a la sostenibilidad empresarial. En esta primera edición, el mayor nivel se registra en gobernanza, con un 84%, seguido por la dimensión económica, con un 82%. A continuación aparecen la dimensión social, con un 76%, y la ambiental, con un 69%.
En el apartado de gobernanza, el informe señala que las bodegas muestran estructuras internas de gestión responsable, transparencia y control. En el plano económico, el documento recoge que la sostenibilidad forma parte de la estrategia empresarial y que todas las bodegas participantes colaboran en iniciativas de innovación vinculadas a este ámbito y en redes del propio sector.
La dimensión social ofrece datos ligados al empleo, al arraigo territorial y a la transferencia de conocimiento. El estudio indica que hay margen de mejora en cuestiones como la igualdad de género o las certificaciones laborales, aunque sitúa al sector en una posición avanzada en su relación con el territorio y con el mantenimiento de actividad económica en zonas rurales.
En materia ambiental, el informe recoge datos concretos sobre emisiones, agua y energía. El 100% de las bodegas analizadas mide su huella de carbono y dispone de planes para reducirla. Además, el 88% ha logrado bajar sus emisiones, el 81% ha reducido el consumo de agua y el 79% ha rebajado su consumo energético respecto al año base fijado por cada empresa.
El uso de energías renovables aparece implantado en todas las bodegas incluidas en la muestra. El documento indica que las empresas combinan sistemas de autogeneración con contratación de energía verde para cumplir sus objetivos en este campo. En paralelo, todas las bodegas participantes miden y planifican su uso del agua, mientras que ocho de cada diez ya han conseguido reducciones verificables.
Otro de los apartados analizados es la economía circular. El 98% de las bodegas dispone de planes para reducir residuos y el 73% alcanza tasas de valorización superiores al 90%. El informe interpreta estos datos como una señal del grado de integración de prácticas orientadas a aprovechar mejor los recursos y limitar el impacto derivado de la actividad productiva.
El barómetro también recoge medidas ligadas a la conservación del entorno agrario. La mayoría de las bodegas desarrolla acciones activas para proteger el suelo y la biodiversidad y aplica prácticas vitícolas más respetuosas con el medio natural. Según Cajamar y la FEV, esa relación entre actividad económica y cuidado del territorio ayuda a fijar población y a conservar el paisaje en áreas donde el viñedo tiene un papel central.
El presidente de Cajamar, Eduardo Baamonde, afirmó durante la presentación que este barómetro nace como una herramienta de diagnóstico y gestión construida sobre más de 100 indicadores verificados. Según explicó, su función es permitir que el sector conozca su situación, trace su evolución y pueda trasladar esa información a la sociedad y al mercado con datos contrastados.
Por su parte, el director general de la FEV, José Luis Benítez, señaló que el informe sirve para respaldar con cifras una idea que el sector venía defendiendo desde hace años: que su actividad está ligada a criterios de sostenibilidad. Benítez vinculó estos resultados al desarrollo del certificado SWfCP durante la última década y afirmó que ese sistema cuenta con reconocimiento entre autoridades y agentes de la cadena de valor del vino.
La publicación del barómetro llega en un momento en el que buena parte del sector busca reforzar su posición ante consumidores, distribuidores e instituciones mediante indicadores medibles sobre empleo, gestión empresarial e impacto ambiental. La muestra utilizada no abarca al conjunto del vino español, pero sí reúne a un grupo relevante por volumen económico y por grado de implantación del sistema analizado.
Los datos difundidos por Cajamar y la FEV apuntan así a una doble lectura: por un lado, muestran avances ya acreditados en materias como energía, agua o emisiones; por otro, sitúan sobre la mesa ámbitos pendientes dentro del plano social. Entre ellos figuran cuestiones relacionadas con igualdad y certificaciones laborales, dos campos donde el propio informe aprecia margen para seguir mejorando.
Con esta primera edición, ambas entidades buscan establecer una referencia periódica para medir la evolución del sector vitivinícola español a partir de indicadores homogéneos. El objetivo es seguir comparando resultados entre ediciones futuras y ofrecer una imagen cuantificada sobre cómo evolucionan las bodegas certificadas en empleo, gobernanza, economía y medio ambiente.
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