Miércoles 06 de Mayo de 2026
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El Bundestag alemán ha celebrado una audiencia sobre el proyecto de ley de aplicación de la normativa europea de envases, con la vista puesta en su entrada en vigor desde agosto de 2026. El texto, llamado VerpackDG, busca adaptar el derecho alemán a la PPWR y fijar reglas para reducir residuos, mejorar la reciclabilidad de los envases y reforzar la economía circular.
En la sesión, celebrada este miércoles en Berlín ante la comisión de Medio Ambiente, varios expertos coincidieron en que el objetivo del proyecto es correcto, pero que su redacción necesita cambios. Según sus intervenciones, el borrador deja sin resolver puntos que afectan al reparto de costes entre municipios, sistemas duales y empresas, además de cargar a las administraciones con más trabajo del previsto.
Sebastian Lummel, del Deutscher Städte- und Gemeindebund, criticó que la aportación prevista de cinco euros por tonelada de material puesto en circulación se haya rebajado en el texto del Gobierno hasta quedar como una obligación poco precisa. A su juicio, el proyecto no corrige la relación entre los entes públicos de recogida y los sistemas duales privados. Señaló que en la práctica surgen disputas frecuentes sobre cuánto deben pagar estos sistemas por usar infraestructuras municipales como la recogida conjunta en el contenedor azul.
Frank Wenzel, abogado especializado en contratación pública, pidió una reforma más clara en ese punto. Propuso seguir las recomendaciones del Bundesrat e introducir una norma que permita a los entes públicos fijar de forma unilateral las tarifas por uso compartido en la recogida de papel, cartón y otros materiales. También reclamó una regla similar para la participación en los costes. Según dijo, eso daría seguridad jurídica y evitaría que los ciudadanos paguen dos veces por la gestión de envases: una vez al comprar y otra a través de tasas municipales.
Desde el sector de residuos, Andreas Bruckschen, del Bundesverband der Entsorgungs-, Wasser- und Kreislaufwirtschaft, afirmó que sin economía circular será difícil transformar la industria alemana. Consideró que el proyecto no ofrece una regulación clara y que plantea más preguntas que respuestas. En su opinión, faltan incentivos reales para impulsar cambios en el diseño de los envases y no basta con fijar cuotas.
Christine Bunte, representante de Plastics Europe, defendió que Alemania tiene una base industrial adecuada para avanzar hacia envases plásticos más sostenibles. Pero advirtió de que esa base se ha debilitado por la caída de la producción y por los altos precios de la energía. Pidió una burocracia más eficiente y medidas que animen a invertir en nuevas soluciones y en materiales reciclados. Valoró como positivo que el texto permita contar desde 2028 parte del reciclaje químico dentro de la cuota de reciclaje plástico, aunque pidió un calendario más claro y objetivos más altos a partir de 2030.
Claas Oehlmann, del Bundesverband der Deutschen Industrie, también habló de una oportunidad perdida para crear incentivos financieros a favor de envases con mayor capacidad de reciclaje y del uso de plásticos reciclados. Según su intervención escrita, la ausencia del sistema de ecomodulación previsto desde 2019 resta eficacia a una medida pensada para orientar el mercado. Además, reclamó procedimientos más simples para fabricantes y organizaciones sectoriales.
Sybille Vollmer, del Verband Metallverpackungen, criticó que las tarifas pagadas por los sistemas duales no diferencien bien entre materiales según sus costes reales de recogida, clasificación y tratamiento. Puso como ejemplo que el acero estañado acaba asumiendo parte del gasto derivado del reciclaje de ciertos plásticos. A su juicio, eso altera la competencia entre materiales y no se corrige con las reglas actuales.
La Deutsche Umwelthilfe consideró insuficiente el proyecto para cumplir los objetivos de prevención de residuos y la cuota del 70% para envases reutilizables de bebidas. Elena Schrägg pidió ampliar mucho más el uso del sistema retornable y acompañarlo con medidas obligatorias y coordinadas desde el Estado. También propuso una tasa sobre vajilla desechable en hostelería. Según dijo, la obligación actual de ofrecer alternativas reutilizables no está teniendo efecto.
Henriette Schneider, del Verband Pro Mehrweg, sostuvo que el texto no impulsa lo suficiente los sistemas reutilizables pese a que esa línea figura en las directrices europeas. Afirmó que Alemania corre el riesgo de perder su papel pionero frente a otros países europeos donde ya se están implantando nuevos modelos. También lamentó que se haya retirado del borrador un mecanismo de fondo que figuraba en versiones anteriores.
La discusión parlamentaria llega en un momento clave para fabricantes, distribuidores y gestores públicos. La forma en que Alemania aplique la PPWR afectará al diseño de botellas, etiquetas y otros formatos usados por sectores como el vino y las bebidas espirituosas, además de condicionar las obligaciones administrativas y económicas ligadas al embalaje.
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