Miércoles 29 de Abril de 2026
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Brasil ha aumentado su consumo de vino cerca de 30% en la última década, según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en un momento en el que el mercado mundial registra su nivel más bajo desde 1961. Entre 2022 y 2023, el avance fue de 11,6%, mientras que la producción nacional llegó a 294 mil litros en 2025.
Las cifras apuntan a un cambio en el comportamiento del consumidor brasileño. El país mueve ya una parte relevante del negocio del vino en América Latina y, según una consultora citada por el sector, el mercado podría superar los R$22.000 millones en 2026. Solo en el primer trimestre del año pasado se vendieron más de 110 millones de botellas, con una facturación de R$3.900 millones.
La sommelière y periodista Elis Cabanilhas, curadora y embajadora oficial del festival CWB Wine, atribuye este avance a una mayor búsqueda de diversidad y calidad. “Brasil vive un momento muy particular de expansión y maduración. No solo crece el volumen, también cambia el comportamiento del consumidor, que busca más variedad, calidad y experiencias”, señaló.
El empuje no se limita al comercio. El Observatorio Vitivinícola indica que en 2025 los viñedos ocuparon 27.000 hectáreas solo en el sur del país, con una producción de 565.000 toneladas de uva. Las variedades Bordô e Isabel fueron las más cultivadas. Rio Grande do Sul concentra cerca del 90% de la producción nacional de vino.
Ese peso productivo ha impulsado también la oferta de catas, cenas maridadas y actividades ligadas al enoturismo en distintas regiones. En Curitiba, capital del estado de Paraná, varias iniciativas han acercado al público a productores, especialistas y marcas del sector.
Una de ellas es el CWB Wine Festival, que celebrará su segunda edición los días 23 y 24 de mayo en el Pátio Batel, con acceso libre a degustaciones dentro de un circuito guiado por expertos y bodegas participantes. La organización prevé reunir a aficionados y profesionales del sector vitivinícola en un formato similar al estrenado en 2025.
El crecimiento del consumo brasileño se produce mientras otros mercados reducen sus compras y ajustan sus hábitos. En ese escenario, Brasil gana peso como plaza para vinos nacionales e importados, con una demanda que ya no se limita a grandes marcas y que abre espacio para etiquetas de perfil medio y alto.
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