Martes 14 de Abril de 2026
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La agricultura ecológica vuelve a presentarse como un modelo capaz de resistir mejor las crisis que golpean al campo. Ecovalia sostiene que, en un momento de inestabilidad política y económica y con una nueva escalada geopolítica con impacto directo en los mercados energéticos, el sector demuestra de nuevo su capacidad de adaptación. La organización recuerda que ya ocurrió en 2020, en plena pandemia, y en 2022, tras el estallido de la guerra en Ucrania, cuando la producción ecológica mantuvo su actividad y respondió con estabilidad en condiciones adversas.
La entidad defiende que la clave está en la propia naturaleza del sistema productivo. Según su planteamiento, la producción ecológica no depende de una única fuente externa como el petróleo para sus suministros principales. Se apoya en una mayor diversificación y en el uso de carbono orgánico vinculado a los ciclos naturales del suelo. Esa base, afirma Ecovalia, permite absorber mejor los impactos cuando aparecen tensiones en energía, materias primas o logística.
La organización advierte de que las crisis nunca son una buena noticia para el campo. Generan incertidumbre, tensiones en los mercados y complican la planificación. Aun así, considera que también sirven para medir la solidez de los modelos productivos. En ese examen, la agricultura ecológica, según su mensaje, vuelve a mostrar una respuesta más estable que otros sistemas más expuestos a la dependencia de insumos fósiles.
Ecovalia pone el foco en la subida del gas y del petróleo, que está provocando tensiones en precios y disponibilidad de algunos suministros agrícolas. El impacto existe, admite, sobre todo por el encarecimiento del transporte, pero lo considera menor al no depender directamente de materias primas fósiles. La organización subraya que los bioinsumos, base de la producción ecológica, presentan un comportamiento más estable.
Entre las cifras que cita, el gasóleo agrícola ha subido cerca de un 28%. El encarecimiento del diésel supera el 27% y el de la gasolina el 14%. En paralelo, el precio de los fertilizantes minerales ha crecido entre un 40% y un 50%, lo que reduce márgenes para los productores y obliga a trasladar parte del coste al consumidor final.
Frente a esa evolución, Ecovalia sostiene que el sector trabaja con circuitos logísticos más cortos, menos expuestos a las variaciones del precio del combustible, y con fertilizantes ecológicos cuyos precios suben, pero de forma leve y gradual, no brusca. La organización interpreta esa diferencia como una ventaja en un escenario de tensión energética y de materias primas.
El presidente de Ecovalia, Álvaro Barrera, afirma que la agricultura ecológica no es ajena a las crisis, pero sí muestra una mayor capacidad de adaptación. Añade que la diversificación de suministros es un activo estratégico que otros sectores deberían observar con atención. También señala que, en momentos de incertidumbre, la estabilidad es un valor y que la producción ecológica aporta precisamente eso.
Barrera sostiene además que, en economía agraria, los picos y vaivenes no son buenos para nadie. Según su mensaje, la volatilidad penaliza la planificación, encarece los costes y reduce la competitividad. Por eso, defiende que la agricultura ecológica ofrece un modelo más predecible, más estable y, por tanto, más competitivo.
Desde el sector se insiste en que la producción ecológica no solo es una apuesta ambiental, sino una herramienta de competitividad real. Ecovalia considera que, en un escenario cada vez más exigente, reforzar su papel será fundamental. La organización también pide que la próxima Política Agraria Común integre de forma decidida este enfoque, al entender que apostar por la agricultura ecológica es apostar por resiliencia, estabilidad y competitividad.
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