Lunes 23 de Marzo de 2026
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La vendimia de 2026 en Argentina se desarrolla en un momento difícil para el sector vitivinícola. El consumo interno, que históricamente ha sido el principal destino del vino argentino, muestra señales de debilidad. Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en enero de 2026 las ventas crecieron un 0,6% respecto al mismo mes del año anterior. Sin embargo, este dato debe analizarse con precaución, ya que el año 2025 terminó con una caída acumulada del 2,7% en comparación con 2024. Esta disminución refleja la pérdida de poder adquisitivo de los hogares argentinos y afecta especialmente a los vinos de menor precio.
El consumo interno no solo sufre una baja coyuntural, sino que arrastra una tendencia negativa desde hace años. En la última década, el consumo pasó de unos 10 millones de hectolitros en 2015 a cerca de 7,2 millones en 2025, lo que representa una reducción cercana al 28%. Este descenso golpea sobre todo a los segmentos más económicos, donde muchas familias han reducido o abandonado el consumo de vino debido a la situación económica.
Las exportaciones tampoco logran compensar la debilidad del mercado local. En febrero de 2026, los envíos al exterior aumentaron un 8,5% en volumen respecto al mismo mes del año anterior, pero el valor total exportado cayó un 7,6%. Esto indica que se vende más cantidad de vino fuera del país, pero se obtiene menos ingreso en dólares por cada litro exportado. La razón principal es el cambio en la composición de las exportaciones: crecen los envíos a granel —que subieron un 55,7%— mientras que las exportaciones fraccionadas, que tienen mayor valor agregado, bajaron un 7,7%. Además, los vinos sin mención varietal enviados a granel aumentaron más de un 600%, lo que refuerza la tendencia hacia productos menos elaborados y con menor precio unitario.
Este comportamiento responde al actual esquema económico argentino, que favorece la exportación de productos primarios frente a los industrializados. El resultado es una caída en el segmento que genera mayor valor y empleo dentro del país. En 2025 ya se había observado este deterioro: las exportaciones totales de vino bajaron un 6,8% en volumen y un 7,2% en valor FOB respecto a 2024. El leve repunte registrado en los primeros meses de 2026 parte desde niveles muy bajos y no permite hablar aún de una recuperación sólida.
A estos problemas comerciales se suma una situación financiera delicada para las bodegas. La caída de ventas y la acumulación de stocks han provocado rupturas en la cadena de pagos. Se han registrado cheques rechazados y concursos preventivos que afectan incluso a empresas reconocidas como Norton o Bianchi. Estas bodegas enfrentan dificultades para mantener su actividad debido a deudas millonarias.
El impacto financiero se traslada también a los viñateros y proveedores. Cuando las bodegas no pueden vender su producción ni cobrar a tiempo, retrasan los pagos a quienes les suministran uva y servicios. Esto genera un efecto cascada que pone en riesgo la continuidad del sector en varias regiones productoras. Hay productores que todavía no han cobrado por la uva entregada durante la vendimia del año pasado.
En este escenario, la vendimia de 2026 avanza bajo una fuerte incertidumbre. La combinación de consumo deprimido, exportaciones con menor valor añadido y crisis financiera empresarial plantea problemas estructurales para toda la cadena vitivinícola argentina. Sin una mejora del poder adquisitivo interno ni una estrategia para recuperar precios y valor en los mercados externos, producir más vino no garantiza mayores ingresos para el sector.
Mientras tanto, Mendoza celebra su tradicional Fiesta de la Vendimia. Sin embargo, entre quienes trabajan en el corazón productivo del vino argentino predomina la preocupación por poder mantenerse activos dentro del sistema antes que el ánimo festivo habitual.
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