Martes 09 de Junio de 2026
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La vitivinicultura italiana contará con 27 millones de euros para financiar once proyectos de investigación e innovación ligados al futuro del sector. La mayor parte de los fondos procede del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia, el Pnrr, y la gestión recaerá en el Wine Research Team, una red creada en 2014 por impulso del enólogo Riccardo Cotarella que agrupa a casi 30 bodegas de distintas regiones del país.
La nueva etapa del grupo fue presentada el pasado 5 de junio en Bra, en el Piamonte, durante un acto en el que también se recordó a Carlo Petrini, fundador de Slow Food, fallecido recientemente. En ese encuentro participó su hermana, Chiara Petrini, que recibió una placa conmemorativa en memoria de “Carlin”, como era conocido.
Según la información difundida por la organización, los 27 millones de euros servirán para poner en marcha nueve proyectos dirigidos a empresas y otros dos desarrollados junto a instituciones italianas de investigación y formación. Uno de ellos se realizará con la Fundación Edmund Mach, con sede en San Michele all’Adige, y otro con la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo.
El Wine Research Team reúne bodegas de varias zonas productoras italianas. Entre ellas figuran Coppo, en Piamonte; Di Majo Norante, en Molise; Famiglia Cotarella, en Lacio; Leone De Castris, en Apulia; MonteZovo y Villa Sandi, en Véneto, y San Salvatore, en Campania. La idea del grupo es coordinar recursos y conocimiento entre empresas y centros especializados para impulsar proyectos comunes.
Durante la presentación, el presidente del Wine Research Team, Vincenzo Tassinari, explicó que el objetivo pasa por invertir en innovación y en investigación para responder a los cambios económicos y climáticos que afectan al vino italiano. Tassinari señaló que las iniciativas previstas se centran tanto en la sostenibilidad de las producciones como en su eficiencia, además de reforzar la comunicación del sector y su relación con los jóvenes.
El responsable del grupo afirmó que la cuantía movilizada permite trabajar en una línea orientada a un vino más innovador, más sostenible y más próximo a las nuevas generaciones. Su intervención puso el foco en la necesidad de mantener la inversión en conocimiento aplicado a toda la cadena vitivinícola.
Uno de los asuntos con más peso en esta nueva fase es la aplicación de la inteligencia artificial al viñedo y a la bodega. Ese apartado fue presentado por Annabella Pascale, consejera delegada de Tenuta di Artimino, situada en Carmignano, en la Toscana. En esa finca se pondrá en marcha el proyecto piloto Wrt Futura.
Pascale explicó que muchas empresas ya trabajan con herramientas que forman parte de este campo tecnológico, como drones, satélites, sistemas de seguimiento y grandes volúmenes de datos. A su juicio, el problema no está tanto en la falta de información como en la dificultad para reunirla e integrarla de forma útil para la toma de decisiones.
La directiva defendió que la inteligencia artificial no debe entenderse como una amenaza para el trabajo humano. Según dijo, su función es ofrecer mejores instrumentos para decidir con más criterio. También indicó que las bodegas ya disponen de muchos datos sobre viñedos, instalaciones, clientes y gestión empresarial, y que estas herramientas pueden convertir ese material disperso en valor práctico.
Entre los posibles efectos citó una mejora del control sobre el agua, la energía y otros procesos donde todavía hay margen para reducir pérdidas. Pascale añadió que la formación y la innovación serán básicas para construir una relación útil entre tecnología y conocimiento humano dentro del sector vitivinícola.
En la misma línea se expresó Attilio Scienza, profesor y una de las voces más conocidas de la investigación vitivinícola italiana. Scienza precisó que se está hablando de inteligencia artificial restringida, es decir, sistemas capaces de interpretar datos con fines predictivos. En agricultura, dijo, prever es esencial porque actuar cuando el daño ya se ha producido no evita sus consecuencias.
El profesor insistió además en la necesidad de crear una infraestructura informativa nacional sólida. A su juicio, Italia dispone de muchos datos sobre viticultura, pero están dispersos y poco ordenados. Por eso defendió la creación de grandes bases de datos propias que permitan entrenar sistemas adaptados a las condiciones italianas.
Scienza advirtió de que una parte del sector depende todavía de información recogida en otros países como Francia o Australia. Esos datos pueden ser útiles como referencia, pero responden a situaciones distintas desde el punto de vista climático, agronómico y productivo. Por esa razón consideró necesario construir una base italiana capaz de reflejar las particularidades locales.
La Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo también tendrá un papel dentro del programa. Michele Antonio Fino, coordinador del máster en Food Culture, Communication & Management, explicó que uno de los valores del Wine Research Team está en conectar viñedo, bodega e investigación científica y tecnológica dentro de un mismo marco de trabajo.
Fino señaló que muchas empresas viven absorbidas por las urgencias diarias y tienen pocas ocasiones para pensar a medio y largo plazo. En su opinión, esta iniciativa abre un espacio para producir conocimiento útil y orientar decisiones estratégicas para toda la cadena del vino. También consideró que los fondos del Pnrr ofrecen una oportunidad poco frecuente para ir más allá de inversiones puntuales o compras tecnológicas aisladas.
Riccardo Cotarella intervino por videoconferencia como presidente del comité científico del Wine Research Team. En su mensaje vinculó esta nueva etapa con una visión generacional del sector y recordó la figura de Carlo Petrini como ejemplo de trabajo al servicio del bien común dentro del ámbito agroalimentario italiano.
La puesta en marcha de estos once proyectos llega en un momento en el que buena parte del viñedo europeo busca fórmulas para adaptarse a temperaturas más altas, episodios meteorológicos extremos y nuevas exigencias ambientales. En ese escenario, Italia quiere reforzar su capacidad investigadora con fondos públicos y cooperación entre empresas privadas, universidades y centros técnicos.
La iniciativa presentada en Bra muestra también una línea cada vez más presente en el vino europeo: usar herramientas digitales para mejorar decisiones agronómicas y empresariales sin sustituir el criterio profesional. El plan italiano parte de esa idea y pretende aplicarla tanto al manejo del viñedo como al uso eficiente de recursos y a la organización interna de las bodegas.
Con este programa financiado principalmente por el Pnrr, el Wine Research Team asume la coordinación de una inversión amplia para ordenar datos, impulsar proyectos compartidos y acercar investigación aplicada a empresas repartidas por varias regiones italianas. El desarrollo concreto de cada iniciativa marcará ahora hasta qué punto esa estructura común logra traducirse en mejoras medibles dentro del sector vitivinícola del país.
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