Lunes 16 de Febrero de 2026
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Hablar de viñedo prefiloxérico en España implica entrar en un territorio de excepción. La crisis provocada por la filoxera a finales del siglo XIX arrasó buena parte del viñedo europeo y obligó a reconfigurar la viticultura mediante el injerto sobre patrones americanos resistentes. Pocas zonas conservaron cepas plantadas a pie franco, y aún menos las mantienen en producción activa con vocación de gama alta.
En ese contexto se sitúa la propuesta de Bodegas Monte la Reina con su Vendimia Seleccionada 2017, elaborada a partir de viñedos centenarios de tinta de toro asentados sobre suelos arenosos en el entorno de Morales de Toro. Dentro de la Denominación de Origen Toro, donde la identidad varietal se asocia históricamente a potencia, concentración y capacidad de guarda, esta referencia pretende ir un paso más allá: convertir el origen en argumento central.
Toro constituye uno de los enclaves que mejor resistieron la filoxera. La naturaleza arenosa de determinados pagos dificultó la propagación del insecto y permitió que algunas cepas sobrevivieran sin injerto. Hoy esas viñas viejas no solo representan un patrimonio agronómico; también ofrecen un perfil enológico específico: rendimientos bajos, racimos pequeños, piel gruesa, concentración fenólica elevada y una marcada personalidad varietal.
Monte la Reina trabaja una de esas parcelas históricas y ha decidido situarla en la cúspide de su catálogo. La Vendimia Seleccionada no es un ejercicio de volumen, sino una declaración de estilo. La materia prima condiciona el planteamiento técnico: selección estricta en viñedo, vendimia en el punto óptimo de madurez fenólica y una crianza diseñada para sostener la densidad natural del fruto.
Tras la fermentación alcohólica, el vino realiza la maloláctica en barrica y envejece durante 14 meses en roble francés nuevo. Esta elección no resulta neutra. La barrica nueva imprime carácter: aporta especias dulces, notas tostadas, estructura y una microoxigenación controlada que modela el tanino.
En esta añada 2017, la madera desempeña un papel protagonista, aunque sin eclipsar por completo la fruta. El equilibrio se articula en torno a una tensión constante entre concentración varietal y aporte de crianza. No busca ligereza ni perfil atlántico; reivindica el estilo clásico de Toro en versión refinada.

En fase visual presenta un rojo picota profundo, con ribete cereza y capa alta, coherente con la extracción y la variedad. La lágrima densa anticipa estructura.
La nariz muestra intensidad y complejidad. Surgen notas de fruta negra madura —ciruela, mora en compota— acompañadas de clavo, pimienta negra y matices torrefactos. El cacao, el regaliz y un fondo balsámico aportan profundidad. Aparecen también sutiles recuerdos florales que alivian la carga especiada y equilibran el conjunto.
En boca ofrece volumen y firmeza. El tanino, maduro y bien pulido, sostiene el paso con amplitud. La madera nueva aporta recuerdos de cedro y maderas nobles, con un eco ligeramente ahumado. El final resulta largo, persistente, con notas de frutas maceradas y un retrogusto especiado que confirma su vocación gastronómica y su potencial de guarda.
La Denominación de Origen Toro ha evolucionado desde perfiles marcados por potencia y rusticidad hacia vinos más definidos y equilibrados. Vendimia Seleccionada 2017 ocupa una posición intermedia: conserva la concentración clásica de la zona, aunque con mayor precisión técnica y limpieza aromática. No busca ligereza, sino depuración.
Su estructura reclama platos de intensidad equivalente: carnes rojas, guisos concentrados, cocina cinegética o quesos curados. Agradece decantación y una temperatura ligeramente inferior a 17 ºC para afinar frescura y equilibrio.
El argumento de las viñas centenarias solo cobra sentido si se confirma en la copa. Aquí el conjunto resulta coherente con el origen: madera marcada pero integrada, fruta presente y arquitectura sólida con capacidad de guarda. No es un vino inmediato; exige contexto y tiempo para desplegar matices.
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