Jueves 05 de Febrero de 2026
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Uno de los temas de moda en los últimos tiempos dentro del sector primario es el acuerdo UE - Mercosur, que está cerca de confirmarse. Se trata sin duda de un asunto polémico, ya que existen voces diferentes a menudo enfrentadas, pero ¿por qué?
Veamos cuáles son las razones que exponen unos y otros y las probables consecuencias que sufriremos los europeos una vez sellado el acuerdo.
El Mercado Común del Sur es el cuarto mayor bloque económico del mundo y está formado en la actualidad por Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Venezuela también formó parte del bloque desde 2012 a 2016, año en el que fue suspendido como país miembro, debido a que no se permiten países no democráticos. Además, existen una serie de Estados asociados al bloque, entre ellos, Chile, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, Guyana y Surinam.
Mercosur se basa en una Carta Democrática que establece una zona de libre comercio entre los países integrantes, además de acuerdos de arancel común y otras medidas de integración social, económica y cultural.
Si nos ceñimos meramente al aspecto económico, lo que más nos importa es que Mercosur es el mayor productor de alimentos del mundo y tiene el control de las mayores reservas naturales, energéticas (incluyendo petróleo) y minerales del planeta. Es decir, dispone de un potencial y control de recursos abrumador.
Tras veinte años de negociaciones, en junio de 2019 se anunció el acuerdo para el tratado de libre comercio entre la UE y Mercosur, finalizando las negociaciones en diciembre de 2024. Pero aún falta la firma final, ya que hace escasos días, el Parlamento Europeo decidió mandar a revisión el acuerdo al Tribunal Superior de Justicia Europeo. Esto podría demorar la entrada en vigor del acuerdo hasta dos años.
Lo que sería el mayor acuerdo comercial de la historia de la UE (con permiso de la India) y del Mercosur por número de ciudadanos (unos 700 millones) hasta la fecha viene cargado de polémica. ¿Por qué? Porque la cooperación política y la integración económica que 'vende' la UE a su ciudadanía no ofrece confianza.
Mientras que el Mercosur ha trabajado durante años en varios acuerdos ventajosos con países o bloques económicamente potentes y donde los ciudadanos tienen alto poder adquisitivo, la UE no puede presumir de lo mismo.
En lo que llevamos de s.XXI hemos visto como la UE ha desmantelado la mayor parte de su industria, deslocalizando la producción hacia regiones más baratas, y reduciendo paulatinamente el peso de su sector primario con varias actuaciones tan claras como dañinas para los europeos: aumento de las regulaciones para los productores locales y la falta de incentivos en la modernización y reemplazo de trabajadores mayores por jóvenes.
Todo se ha ido gestando poco a poco. Se ha llevado a cabo una importante y progresiva reducción de la PAC en cuanto al total del presupuesto europeo, pasando de representar el 35% del total en 2020 a quedarse en el 23% actual. Además, se han sustituido paulatinamente productos cultivados en Europa por otros importados de regiones como Oriente Medio, África y Sudamérica. Solo hay que mirar cómo ha aumentado la presencia de frutas y verduras de estas regiones en nuestros mercados en los últimos seis años.
Estos aspectos son mucho más importantes de lo que parecen, porque han resultado en que cada vez haya menos explotaciones agrícola-ganaderas, quedándose muchos productores por el camino debido a no poder soportar los crecientes costes. Además, ha hecho que las nuevas generaciones interesadas en el sector se aburran antes de empezar y terminen por buscar otro futuro.
Pero, ¿cómo es esto posible si llevan años diciéndonos que debemos apoyar al productor local y que busquemos productos sostenibles, ecológicos y de Km 0?

A grosso modo, la ratificación del acuerdo UE - Mercosur traerá ciertas ventajas para las empresas europeas, pero no está tan claro en el caso de empresas del sector agroalimentario. La cuestión es si esas ventajas lo serán para todos o solo para las altas esferas de la cadena.
Sobre el papel, todo parece ventajoso para el tejido productivo y comercial europeo, pero ¿es realmente así? ¿Cuáles son las posibles consecuencias? Veamos.
No es fácil posicionarse a favor o en contra del tratado, porque como es lógico hay ventajas e inconvenientes. ¿Qué pesa más? Cada uno debe reflexionar sobre ello.
Personalmente, como descendiente de varias generaciones de agricultores, me inclino por pensar que este acuerdo no beneficia a nuestro sector primario ni a nosotros mismos, pensando estrictamente en alimentación, salud y ética. Deberíamos tener unos mecanismos de control muy precisos y confiables que verifiquen que se cumplen las mismas normas de seguridad alimentaria y laboral en Mercosur que en la UE.
Por otro lado, la parte de mí que se formó en Economía y Marketing me dice que los avances comerciales siempre traen progreso. Eso sí, en muchas ocasiones sucede tras varias revisiones de los acuerdos, por lo que aprovecho para pedir unas condiciones competitivas justas para nuestros productores, especialmente para agricultores y ganaderos. Y después, «que gane el mejor».
Hay ciertos sectores que ven el tratado como una gran oportunidad, como pueden ser el de maquinaria pesada, automovilístico o incluso el del vino y aceite de oliva. La apertura de nuevos mercados siempre lo es, pero hay que trabajar duro para hacerse un hueco rentable y sin que sea perjudicial para nosotros.
Como mencionaba antes, allí también se produce, y mucho, por lo que es obvio que los consumidores tendrán sus propios productos locales de referencia a precios más bajos que los que llegarán de aquí. Simplemente, porque los costes de producción son más bajos que en Europa y porque se ahorran el transporte. Bajo mi punto de vista, la repetida idea de centrarse principalmente en clientes de alto poder adquisitivo me parece difícil de concretar y de poco peso para justificar un acuerdo de tal magnitud.
Llegados a este punto, podríamos preguntarnos varias cosas: ¿cuánto puede aumentar realmente la venta de vino o aceite de oliva en Mercosur, teniendo en cuenta que consumidores potenciales no es igual a compradores reales?
¿Cuántas bodegas tienen la capacidad de exportar y competir en ese mercado con los productos locales? Es decir, ¿se dispone de los mecanismos necesarios para dar este paso?
¿Merece la pena ese esfuerzo económico y social a largo plazo en lugar de solucionar los problemas del mercado interno? ¿Es realmente necesario dejar en desventaja nuestro mercado en favor de otros mercados más baratos?
Y por último, ¿podemos los ciudadanos europeos hacer algo para mejorar el acuerdo?
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