Lunes 07 de Julio de 2025
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La región de Borgoña celebra este mes el décimo aniversario de la inscripción de sus "Climats" en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. El término "Climat" en Borgoña no se refiere al tiempo atmosférico, sino a parcelas de viñedo muy delimitadas que se extienden a lo largo de unos sesenta kilómetros al sur de Dijon, en la Côte d'Or. Estas parcelas, reconocidas por su diversidad y precisión, forman una auténtica red de pequeños territorios donde el suelo, la inclinación, la altitud y la exposición solar influyen directamente en el carácter del vino.
El 4 de julio de 2015, la Unesco reconoció los "Climats" como paisajes culturales únicos. La organización internacional señaló que Borgoña representa el origen y el modelo de los viñedos basados en el concepto de terroir. En esta región, la identificación del vino con el lugar donde se produce ha alcanzado un nivel muy alto, lo que ha dado lugar a una parcelación minuciosa y a una gran variedad de vinos, aunque solo se cultivan dos variedades principales: pinot noir y chardonnay.
En total, existen 1.247 "Climats" reconocidos oficialmente. Entre ellos figuran nombres conocidos como Clos des Mouches, Les Amoureuses o Murger des Dents de Chien. También hay parcelas cuyos vinos alcanzan precios muy elevados, como La Romanée, Bâtard-Montrachet o Clos de Bèze. Este último fue el primer vino registrado bajo la denominación Climat en 1676, durante el reinado de Luis XIV, según explica Jean-Pierre Garcia, profesor en la Universidad de Borgoña y especialista en arqueología del paisaje.
Durante la Edad Media, los vinos solían ser mezclas procedentes de diferentes parcelas repartidas por toda la región. Sin embargo, los productores locales empezaron a diferenciar las viñas que presentaban características propias y que permitían obtener vinos de mayor calidad. Así dejaron de mezclar estos vinos con otros menos valorados.
La principal novedad fue dejar de identificar los vinos por su propietario para hacerlo por el lugar exacto donde crecen las uvas. Esto es lo que hoy se conoce como terroir. En aquella época, sin embargo, el término terroir tenía un sentido negativo y se asociaba a productos rústicos o campesinos. Por eso se impuso el uso del término Climat.
El éxito llegó pronto. Según Jean-Pierre Garcia, los precios de los vinos procedentes de Climats aumentaron mucho entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Se llegaron a multiplicar por cinco o incluso por diez respecto a los vinos comunes del pueblo o la ciudad. Los vinos procedentes de Climats eran muy solicitados en París, en la Corte y también en Londres.
Gilles de Larouzière, presidente de la Asociación de los Climats de Borgoña y director general del grupo Henriot, señala que los Climats representan el espíritu mismo de Borgoña. De Larouzière explica que basta con recorrer unos metros entre dos filas de viñas para notar diferencias notables entre parcelas vecinas. La pendiente puede variar mucho y el tipo de suelo cambia incluso en distancias cortas. Por ejemplo, un subsuelo con más marga influye directamente en los aromas del vino, igual que lo hacen la exposición al sol o la altitud.
Cada Climat funciona como una especie de documento de identidad para cada parcela: reúne información sobre el suelo, la inclinación o el nivel de luz solar recibido. El trabajo del viticultor consiste en sacar el máximo partido a estas condiciones naturales para expresar todo su potencial en cada vino. En muchos casos se trata de parcelas tan pequeñas como un jardín.
La celebración este mes incluye actividades para dar a conocer esta tradición única y su importancia para la cultura vitivinícola francesa y mundial. Los organizadores buscan acercar al público tanto local como internacional a este patrimonio singular que ha marcado la historia y la economía regional durante siglos.
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