5 tips para conocer los vinos franceses

Tierra de Champagne, blends excepcionales y de los Pinot Noir más codiciados del mundo entero, Francia es sin lugar a dudas un país con alma de vino

Mariana Gil Juncal

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De norte a sur y de este a oeste en Francia se respira vino. Si queremos empezar un recorrido por el país galo uno de los tintos más emblemáticos del país, sin lugar a dudas deberemos dirigirnos a Burdeos, una de las regiones más famosas del país. Burdeos es el lugar perfecto para los amantes de los vinos de corte o los Merlot de pura cepa. Esta región cuenta con unas 5 mil bodegas que elaboran estilos muy diferentes, dependiendo la subregión productora de origen, como Burdeos, Médoc, Pomerol, Saint Emilion, Pauillac o Margaux.

Hasta el siglo XVIII las variedades permitidas para elaborar vinos era muy extensa pero tras la llegada llegada de la filoxera algunas desaparecieron definitivamente y otras sólo quedaron de forma testimonial. Actualmente las variedades permitidas para elaborar vinos en Burdeos son, en el caso de las tintas, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot, Merlot y Malbec. Algo para destacar es que en el  Medoc Merlot incrementó de forma significativa su presencia, superando ampliamente a la reina de las tintas, el Cabernet Sauvignon. Variedad que para muchos es sinónimo de los mejores vinos de todo Burdeos ya que es la encargada de aportar muy buen color, complejidad aromática y estructura en boca. Volviendo al Merlot, la variedad más implantada en Burdeos, logra su mayor expresión en suelos que contienen altos contenidos de arcilla o caliza, como los de Pomerol o Saint Emilion. Y si hablamos de Cabernet Franc en Burdeos hablamos de la uva responsable de aportar elegancia, finura y estructura a los blends de la región. En cambio el Petit Verdot se utiliza en pequeñas proporciones para sumar color, taninos y aromas especiados.

Si hablamos de blancas el Semillón es la variedad con más presencia y capaz de dar vida desde los blancos más secos y elegantes a los dulces más opulentos, ya que al ser sensible a la podredumbre noble (o botrytis cinerea) en Sauternes es el alma de la apelación. Donde se la suele encontrar como varietal aunque hace muy buena dupla con otra blanca predilecta de la zona, el Sauvignon Blanc.

Si nos vamos para la Borgoña, al sureste de París, vamos a llegar a la cuna del Pinot Noir y del Chardonnay. Allí encontraremos más de 80 denominaciones de origen, que representan casi el 25% de las Apelaciones de Origen Controladas (AOC) de Francia. Y va un dato curioso, el Chardonnay nació de una cruza natural del Pinot Noir y del Gouais Blanc, una uva que ahora casi está extinguida pero que sin ella la reina de las blancas no habría llegado al mundo. Algo que comparten estas variedades típicas de la Borgoña son la botella en la que se presentan los vinos, la típica botella Borgoña, aunque ahora por su elegancia y distinción es elegida por muchas bodegas para embotellar otras variedades en el mundo entero.

Ahora bien si hablamos de los aromas típicos del Pinot Noir, una variedad que se expresa en su máximo esplendor en el clima frío de la Borgoña, podremos enumerar desde cerezas o frutillas, pasando por especias como la canela, el clavo de olor e incluso algunas notas terrosas que nos pueden hacer acordar a la tierra o a los hongos. El color suele ser de intensidad baja o media, pero no confundir esa ligereza típica del color con falta de estructura en boca ya que siempre sobresale por su gran complejidad gustativa lo que nos dará una enorme versatilidad en el momento del maridaje. Ya que un Borgoña podrá lucirse a la perfección con pastas con salsas suaves, merluza, lenguado o un sinfín de quesos como el Gouda, el Danbo, el Morbier o el Fontina. También lo podemos descorche con preparaciones a base de hongos para que potencien su personalidad, así que un risotto o una pizza serán una gran elección.

Así como en la Borgoña reina el Pinot Noir, en Chablis, la zona más septentrional de la Borgoña, la reina indiscutida es la Chardonnay. La AOC se caracteriza por tener un clima oceánico con influencias continentales, en donde los viñedos están muy bien expuestos al sol y al abrigo del viento. Entonces, si hablamos de Chablis, siempre vamos a estar hablando de vinos blancos y secos elaborados con una única variedad: la Chardonnay. Pero dependiendo en qué parte de la AOC esté plantada la uva podremos encontrar blancos con distintas características según las composiciones del suelo, que en su mayoría están conformados por piedra caliza. De allí nacerán vinos frescos, elegantes y minerales. Para algunos expertos de los mejores blancos del mundo entero.

Si tenemos un Chablis en la copa es ideal tener en el plato algún queso de cabra, unos mariscos o algún pescado. Aunque también queda impecable con platos más exóticos como los que provienen de la India.

Al llegar a Champagne las burbujas dirán presente y serán las protagonistas indiscutidas de nuestras copas. Más allá que en la AOC también se elaboran otros estilos de vinos su fama mundial llegó gracias a la elaboración de los vinos espumosos elaborados con la segunda fermentación en botella protagonizada por la tríada de Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Algo que siempre es bueno recordar es que el término Champagne se debería utilizar de forma exclusiva para los vinos espumosos elaborados en la región francesa de Champagne, pero aún en muchísimas partes del mundo se refieren erróneamente al Champagne cuando tienen cualquier tipo de burbuja en la copa.

Cuando el Champagne está elaborado solamente con Chardonnay hablaremos de blanc de blancs o blanco de blancas, con notas más frutales que nos recordarán al limón o la manzana. En contraste, los blanc de noirs son los que están elaborados con las uvas tintas, es decir, la dupla de Pinots, que nos regalarán aromas a frambuesas o champiñones.

Si andamos con ganas de rosados, hay que ir hacia la Provenza, al sur de Francia, en donde encontraremos vinos frescos y afrutados elaborados principalmente con Garnacha, Cinsault, Syrah y Mourvèdre. Los rosados de la región, casi un 90% de la producción local, se caracterizan por su ligereza, finura y elegancia. Justamente para potenciar todo su esplendor se recomienda beberlos a unos 8º/11ºC para que la frescura y los aromas del vino se disfruten plenamente. Así se desplegará un interesante abanico de aromas compuesto por frambuesas, moras, laurel, tomillo, hinojo y pino. Y para acompañar un rosado de la Provenza podemos pensar desde una brochette de gambas, pasando por un carpaccio de atún o por qué no una terrina de foie gras.

Mariana Gil Juncal
Licenciada en comunicación social, periodista y sumiller.
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