30 años de Tokaj-Oremus: una cata de los vinos más excepcionales de Hungría

Una cata histórica para conmemorar el trigésimo aniversario de Oremus con sus elaboraciones más emblemáticas de Tokaj

David Manso

Viernes 21 de Abril de 2023

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Atrás quedaron los tiempos en los que la región húngara de Tokaj producía vinos para satisfacer la demanda de la antigua Unión Soviética quienes bajo su dominio permitían la elaboración de estos vinos en única bodega, y como no podía ser de otra manera bajo el control estatal. Vinos por aquel entonces de dudosa calidad pese a localizarse en unos terrenos más que propicios para el cultivo de la vid. Con la caída del Muro de Berlín en 1989 llegó la apertura, y tres años después, concretamente en el año 1992, la familia Álvarez, propietarios de Tempos Vega Sicilia, funda Tokaj-Oremus. Una apuesta por elaborar vinos de la más alta calidad en esta región a orillas del Tisza.

Hoy, 30 años después, presentan varias de sus elaboraciones coincidiendo con la trigésimo sexta edición del Salón Gourmets celebrado en Madrid de la mano de András Bacsó, enólogo de Oremus. Un recorrido a través de sus vinos, un viaje a esta histórica zona de producción para conocer no sólo la trayectoria de la bodega, sino también unas elaboraciones únicas y muy particulares. Dos son las elaboraciones que András propone para empezar la cata y que define como "vinos secos". Ambos elaborados con la misma uva. La variedad Furmint.

Oremus Mandolás 2019, un vino para el cual se construyó una nueva bodega en el año 1999, y que ha experimentado diferentes pruebas a lo largo de los años desde su creación en el año 2000 (crianzas tanto en superficie como en bodega subterránea, diferentes perfiles de barricas, tipos de levaduras,..etc). Quince años hasta conseguir el vino que la bodega quería elaborar. Un vino intenso en nariz, de aromas florales, fruta blanca, frescura, con cuerpo y de viva acidez el cual permanece un año en barrica de roble húngaro hasta ser embotellado, para pasar otro más en botella.

Y un segundo vino, Oremus Petracs 2019, un Vino de Pago procedente los viñedos de Petracs de cuidada elaboración. Únicamente dos de las 80 ha. que cultiva la bodega son destinadas a este vino. Viñas viejas de 60 años que se vendimian manualmente de manera escalonada, su crianza en barrica francesa y húngara, batonnage semanales durante 3 meses, junto a una elaboración al más puro estilo de Borgoña dan como resultado un vino elegante, intenso, de sabor mineral, largo. Un vino que hoy se encuentra en un buen momento para su consumo, pero que por su buena acidez y bien conservado aguantaría unos cuantos años más.

Con Late Harvest 2021, Oremus nos acerca a los vinos tradicionales de la región de Tokaj. Para elaborarlo se realiza una vendimia de las variedades Furmint, Sárgamuskófaly y Zéta en la que los racimos han de tener la mitad de sus bayas botitrizadas (podredumbre noble) las cuales son maceradas antes del prensado, y que tras la fermentación, el envejecimiento se realizan en barricas especiales de roble húngaro, llamadas Szerednyei, con capacidad de 220 l. Un vino en el que encontramos mayor complejidad en su elaboración, de gran frescura, muy floral, intenso, con mucha acidez. Primero de los vinos catados en los ya que empezaremos a apreciar dulzor.

Tres vinos más, tres elaboraciones Aszú (vino de lágrima) de las variedades Furmint, Hárslevelü, Zéta y Sárgamuskófaly solo posible en aquellos años en los que las añadas son excepcionales. Aszú 3 Puttonyos 2016 abre la puerta en esta cata a estas elaboraciones en la que el número, en este caso el 3, hace referencia a la cantidad de cestos (puttonyos) de bayas usadas por cada 136 litros de mosto. Cada cesto contiene 25 kg. de bayas vendimiadas grano a grano. La elaboración de estos vinos es muy laboriosa dando como resultado vinos complejos con la elegante dulzura que aporta la Botrytis cinerea. Siguen Aszú 5 Puttonyos 2014 y Aszú 5 Puttonyos 2000 donde poder comprobar la evolución de dos añadas diferentes. Mientras que la 2014 presenta más futa madura, notas amieladas y cítricos, en la 2000, su metódica elaboración y los veintitrés años de guarda han propiciado que las notas sean a chocolate, la miel es más intensa, barniz, agradable amargor y sorprendentemente presenta todavía frescura.

Unos vinos de alto nivel, una cata en la que descubrir esta región y sus tradicionales elaboraciones de las cuales personalmente me esperaba que fueran con más dulzor. Para nada, este, al menos para mi gusto, está en su justa medida, algo que permite al vino expresarse de forma más directa. Unos vinos que pueden acompañar al postre, el aperitivo o incluso disfrutarse solos. Para aquellos que tengan paciencia y sean capaces de resistirse, unos grandes vinos de guarda.

David Manso
Licenciado en Marketing y apasionado del vino.
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