Úrsula Marcos
Viernes 04 de Noviembre de 2022
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La Celestina, escrita en 1499, es una obra cumbre de la literatura española y universal. Lo más probable es que tuvieras que leerla en el instituto. Pero, si has revisitado este libro con más edad y madurez, seguro que has disfrutado con la variedad y el simbolismo de los diferentes temas de La Celestina y te habrás dado cuenta del importante papel que tiene el vino en esta obra literaria. ¿Damos un paseo literario para redescubrir este clásico escrito por Fernando de Rojas?
Podemos afirmar que La Celestina es una obra hija de su tiempo. En el siglo XV, los temas recurrentes en el arte eran la muerte, el destino frente al libre albedrío y el amor. Todos estos temas se reflejan en el argumento de La Celestina. Al ser una obra escrita en el periodo de transición entre Edad Media y Renacimiento, ya se pueden vislumbrar algunas características propias de los nuevos tiempos en el lenguaje y estilo de La Celestina.
El enfoque moral de la obra de teatro también se va acercando a los postulados humanistas que se desarrollarán en el siglo XVI, como el individualismo o la capacidad del ser humano de influir en su destino.
La Celestina también recoge en su argumento temas muy actuales como los roles de género o la influencia de la mujer y su papel en la sociedad. Conozcamos los temas principales de La Celestina:
La trama avanza en torno a la historia imposible de amor entre los jóvenes Calisto y Melibea. Al ver que su amor no es correspondido, Calisto decide confiar en una vieja alcahueta que con sus artes y hechicería logrará que Melibea caiga rendida ante el joven.
El tipo de amor que se plasma en la obra es un amor irracional, que roza la obsesión y que hace que quien lo siente caiga enfermo.
Desde el punto de vista de la alcahueta, el amor significa el goce pasional y sensorial. No es de extrañar que la obra retrate los bajos fondos y los estratos más pobres de la sociedad toledana del momento. En la obra aparecen prostitutas y burdeles como personificaciones de ese amor ilícito que busca el protagonista. Calisto no se mueve siguiendo las reglas del amor cortés, busca dar rienda suelta a su lujuria.
A pesar de que la obra cuenta con momentos divertidos y se clasifica como tragicomedia, lo cierto es que muere “hasta el apuntador”. La muerte es uno de los temas más recurrentes en toda la historia de la literatura y en el periodo histórico en el que se desarrolla La Celestina es uno de los argumentos principales.
La muerte en este libro tiene un claro componente expiatorio y moralizante. No en vano, la última frase de Celestina antes de morir asesinada es “¡Confesión!”. Con esta declaración, un personaje que se ha mostrado indiferente a la religión busca la salvación y la vida eterna mediante el arrepentimiento.
Durante toda la obra los personajes parecen obedecer al principio del carpe diem y viven de forma pasional y sin buscar la virtud o la transcendencia. En esta concepción de la muerte como tragedia y no como liberación se puede observar ya la nueva corriente de pensamiento antropocéntrico que traerá el Renacimiento.
Los personajes están movidos principalmente por el ansia de dinero, sobre todo los que pertenecen al estrato social más bajo, como los criados Sempronio y Pármeno o la propia Celestina. Los personajes ayudan al joven Calisto por la recompensa prometida, ya que el joven pertenece a una clase social favorecida.
La codicia provocará la muerte de Celestina a mano de los criados de Calisto, ya que se niega a compartir el oro recibido. Igualmente, los criados morirán por culpa de su crimen.
La obra trata sobre otros temas secundarios como la brujería, el destino y la fortuna, las relaciones sociales entre los diferentes estratos, la prostitución, la lujuria, la vejez o las convenciones sociales de la época.

La comida y el vino en La Celestina cuentan con un gran componente simbólico. El vino se convierte en un personaje más en algunos momentos, como el banquete en casa de Celestina. También sirve para construir al personaje de la alcahueta, quien dedica todo un monólogo a glosar las bondades del vino.
A Celestina le gusta el vino, pero además el autor nos muestra la simbología del vino que se observa en la escena en la que Celestina intenta embaucar a los criados mediante una “bacanal” para que no le exijan el oro prometido por sus servicios. En este banquete de comida, vino y sexo, Celestina utiliza el vino como símbolo de los placeres de la vida y de la fugacidad de la misma. Conceptos como el carpe diem o el tempus fugit se reflejan en su soliloquio.
Famoso es también el monólogo de Celestina en el acto IX sobre su gusto por beber vino y que merece la pena releer. Toda una declaración de intenciones que comienza así: “Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega de ella”.
Los temas de La Celestina y su tratamiento son reflejo de una época cambiante. Merece la pena volver a sumergirse en sus páginas acompañando la lectura con una copa de vino para rendir homenaje a este clásico de la literatura.
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