Viernes 30 de Septiembre de 2016
Leído › 3732 veces

Ojo de Gallo, el vino blanco elaborado 100% a partir de uva palomino procedente del pago de Macharnudo Alto lanzado recientemente al mercado por José Estévez, S.A., ha generado gran expectación en Holanda, Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón y Alemania. Se trata, efectivamente, de mercados fundamentales para Estévez, mercados en los que no ha pasado desapercibido –primero para los importadores y después para el público entendido- el hecho de que Ojo de Gallo está elaborado en exclusiva con uva procedente de una zona reconocida por la vitivinicultura a nivel mundial, un clásico como es Macharnudo Alto, a cinco kilómetros de Jerez.
Las previsiones apuntan a que Ojo de Gallo alcance un 30% de comercialización exterior durante este primer año en el mercado, con el objetivo de que a medio plazo exportación y nacional se repartan las ventas de este vino, que aspira a posicionarse en un segmento medio en lo que se refiere a precio.
Queremos que Ojo de Gallo rememore un paisaje, que su consumidor viaje por un paisaje tan definido como es Macharnudo. Ese paisaje, ese viaje, se concretan en la elaboración de un vino que se define como fresco pero con la complejidad de un argumento único y real, con una fuerte personalidad y una clara referencia organoléptica a su origen (el pago de Macharnudo Alto), trabajando en línea con la corriente actual a nivel internacional en la que cada vez tienen más valor los vinos honestos que hablan de un origen concreto y único.
El origen, el terroir, el terruño -la tierra donde crece la uva, en definitiva- es un elemento diferenciador que cada vez es más considerado por el consumidor. En este sentido, se puede decir que el origen se ha convertido en una obsesión para el grupo bodeguero José Estévez, que lleva años apostando por el terruño y que hace unos meses anunció la alcoholización de finos y manzanillas con 100% materia prima del Marco de Jerez. Ahora con Ojo de Gallo esa filosofía sigue muy presente, ya que este vino solo se entiende –y solo se define- desde su procedencia, en el que la uva palomino alcanza su máxima expresión con todos los matices minerales de la tierra albariza que aporta la procedencia de Macharnudo.
Tras la vendimia, el vino permanece unos meses en depósito sobre sus lías finas, fermentando con levaduras autóctonas seleccionadas, lo que le aporta también densidad, untuosidad y complejidad en boca, al mismo tiempo que protege los aromas de la palomino.
En la actualidad, José Estévez, S.A. es propietario de 256 hectáreas en el pago de Macharnudo, de las cuales 165 pertenecen a Macharnudo Alto.
Leído › 3732 veces