Una casa histórica de San Telmo reabre al público como Pulpería Argentina

El espacio recupera un edificio con huellas de tres siglos mediante visitas, actividades culturales y cocina cooperativa

martes 3 de noviembre de 2026

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Una casa histórica de San Telmo reabre al público como Pulpería Argentina

Una casona de más de 300 años situada en Defensa 1350, en el barrio porteño de San Telmo, inicia una nueva etapa abierta al público. El proyecto, dirigido por Matías Pierrad y Sebastián Piña, combinará visitas guiadas, actividades culturales y una oferta gastronómica con la idea de recuperar y compartir el patrimonio de un edificio que conserva una pared de su construcción original, fechada en 1714, además de objetos y huellas de distintas épocas.

La casa ha tenido usos muy distintos a lo largo del tiempo. Fue vivienda colonial, residencia de familias conocidas, conventillo, tintorería, taller mecánico y sede de la Fundación San Telmo. En 2012 comenzó un proceso de recuperación que incluyó trabajos arqueológicos para estudiar la estructura del inmueble y rescatar piezas vinculadas a su pasado. De aquella etapa surgió la Pulpería Quilapán, antecedente directo del espacio que ahora reabre con otro enfoque.

Pierrad conoce el edificio desde entonces. Además de ser uno de los creadores de Antigourmet, estuvo vinculado al proyecto anterior a través de la identidad visual y la comunicación. Ahora impulsa esta nueva fase junto a Piña. Pierrad resume el tono de la propuesta con una frase que, a su juicio, define el lugar: “Chusmear es el verbo preferido de la Pulpería”. La idea, explica, es que quien entre pueda recorrer, preguntar y detenerse en detalles que no forman parte de una visita convencional.

La casa reúne piezas de valor histórico y objetos de colección que ayudan a leer buena parte de la historia de Buenos Aires. Entre ellos figuran una pianola de 1895, un aljibe en el patio, botellas antiguas, elementos arquitectónicos conservados y la urna de la mesa 381 de las elecciones presidenciales de 1951, los comicios en los que las mujeres votaron por primera vez en una elección nacional en Argentina. Los hallazgos arqueológicos también permiten seguir la pista de antiguos usos de la vivienda y de la vida cotidiana de quienes pasaron por ella.

Pierrad evita presentar el sitio como una recreación y prefiere hablar de “autenticidad”. En sus palabras, se trata de un espacio “honesto, sencillo y genuino”. El responsable del proyecto sostiene que la fuerza del edificio está en su propia materia: la construcción, los objetos acumulados con el paso del tiempo y la superposición de etapas que no han sido ocultadas. Esa lectura explica por qué la nueva programación se apoya más en mostrar la casa tal como es que en añadir decorados o relatos artificiales.

La elección del nombre no es casual. En el Río de la Plata, las pulperías fueron durante décadas comercios de abastecimiento, pero también lugares de reunión. Allí se compraban provisiones, se bebía, circulaban noticias y se formaban vínculos sociales. Los responsables de la Pulpería Argentina quieren recuperar esa función de punto de encuentro y trasladarla a la actualidad con una agenda que mezcle patrimonio, cultura popular y vida de barrio.

Esa agenda incluirá visitas guiadas a cargo del propio Pierrad, recorridos pensados para escuelas y grupos de turistas, música en directo y peñas folklóricas. También habrá actividades educativas, encuentros vinculados con la historia y la cultura popular, además de reuniones sociales y corporativas. La intención, según sus impulsores, es que la casa vuelva a ocupar un lugar activo dentro de San Telmo y que no quede reducida a un espacio para mirar, sino también para usar y habitar.

La parte gastronómica estará en manos de El Pan Nuestro de Cada Día, un emprendimiento sociolaboral organizado como cooperativa. Nació de la mano de Familia Grande Hogar de Cristo y de la parroquia San José de San Justo, y busca ofrecer trabajo y reinserción laboral a personas en situación de vulnerabilidad. En la Pulpería Argentina, su presencia no se limita al servicio de cocina: el proyecto se incorpora como una pieza más de la idea de comunidad que defienden los responsables del espacio.

La carta incluye empanadas, picadas, canelones de verdura y ricota con salsa filetto y varias preparaciones con sello propio. Entre ellas figuran el Chori Pulpero con salsa criolla y un bocadillo de bondiola braseada durante tres horas al horno, servido con cebolla caramelizada y tomate agridulce. También aparecen propuestas como el Cocorito, de jamón curado y queso; el Pregonero, de pastrón y pepinillos; el Parroquiano, con lomito ahumado y queso; el Macanudo, de berenjena y queso; el Piringundín, de queso y mortadela con pistacho, y el Canté pri, de jamón cocido y queso. La recomendación de la casa son las albóndigas con tortilla de patata, y el postre elegido es queso y dulce.

Los impulsores del espacio relacionan esa orientación social con la certificación como Empresa B de la iniciativa, una figura que agrupa a compañías que incorporan objetivos sociales y ambientales a su actividad económica. En este caso, esa línea se traduce en la combinación de preservación patrimonial, programación cultural y colaboración con una cooperativa de inserción laboral.

La Pulpería Argentina funcionará los viernes de 19.00 a 00.00, los sábados de 12.00 a 1.00 y los domingos de 12.00 a 18.00. Con esa apertura, San Telmo suma un nuevo espacio visitable en una de sus casas históricas, un edificio que ha pasado por usos muy distintos durante más de tres siglos y que ahora vuelve a abrir sus puertas con la intención de hacer visible esa memoria.

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