Investigadores desarrollan un dispositivo que envía aromas a distancia a través de Internet
El sistema portátil envía datos por internet capaz de recrear aromas como los del vino o la cerveza
viernes 23 de octubre de 2026

El vino tinto y la cerveza ya pueden ser reconocidos y recreados a distancia por una tecnología experimental que busca añadir el olfato a las comunicaciones digitales. El sistema, llamado Scentronic por sus autores, ha sido desarrollado por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, y del Laboratorio Zhejiang, en China. El estudio se publicó este miércoles, 21 de octubre, en la revista Science Advances.
La propuesta parte de una idea simple: transmitir por internet la información necesaria para generar un olor en otro lugar, sin enviar las moléculas originales. Para hacerlo, el equipo conectó una nariz electrónica con un pequeño emisor portátil. En el punto de origen, seis sensores analizan los compuestos volátiles de una muestra. Después, un programa de aprendizaje automático interpreta esas señales y clasifica el olor. En el punto de destino, el receptor libera pequeñas gotas de líquidos aromáticos almacenados en sus depósitos para reproducir una referencia equivalente.
El sistema no copia la composición química completa de una bebida o un alimento concreto. Su función actual es reconocer categorías y activar una señal aromática asociada a ellas. En la demostración presentada por los investigadores, las categorías fueron cerveza, vino tinto, café, naranja y tarta. Eso significa que el aparato puede identificar que una muestra pertenece al grupo del vino tinto, pero no reproducir los matices de una variedad, una añada o una botella determinada.
Esa diferencia es una de las claves del trabajo. En el caso del vino, oler una referencia genérica de “vino tinto” no equivale a percibir el perfil aromático real de un tempranillo, un pinot noir o un syrah. Tampoco permite trasladar por ahora los rasgos de una cerveza concreta, con sus notas de malta, lúpulo o fermentación. La tecnología está pensada, en esta fase, para reconocer familias de olor y generar una respuesta asociada.
Las pruebas con usuarios muestran un resultado intermedio. En ensayos con 14 voluntarios, los participantes identificaron los aromas individuales emitidos por el dispositivo en torno al 73% de los casos. Cuando el sistema presentó combinaciones de dos olores, el porcentaje fue de alrededor del 71%. Esas cifras miden la capacidad de reconocimiento de los estímulos liberados por el aparato, no el grado exacto de parecido con las bebidas originales.
Para el sector de las bebidas, el interés está en las aplicaciones que podrían derivarse de esa base técnica. Una de las primeras sería la formación de equipos comerciales de bodegas y cerveceras. Una empresa podría organizar una sesión por videoconferencia y acompañar su explicación con referencias olfativas compartidas entre personas situadas en distintos lugares. Eso permitiría trabajar sobre un vocabulario común y relacionar descripciones sensoriales con estímulos físicos, aunque sin sustituir la cata real del producto que después se vende.
También podría tener utilidad en presentaciones remotas a distribuidores e importadores. Una bodega española, por ejemplo, tendría la opción de enseñar una familia aromática durante una reunión a distancia si los asistentes contaran con receptores compatibles y con los preparados adecuados. Para un comprador profesional, la herramienta serviría como apoyo previo al envío de muestras físicas, pero no como sustituto de la evaluación directa de la bebida.
En la venta al consumidor, la tecnología abre otra vía, aunque con límites claros. Una tienda en línea podría asociar un aroma de referencia a la ficha de una bebida o a una sesión guiada de compra. Sin embargo, debería explicar con precisión qué está oliendo el usuario. No sería correcto presentar esa experiencia como el olor exacto del contenido de una botella si lo que se ofrece es una aproximación a una familia aromática.
La implantación de un sistema así depende además de un requisito material que no existe con las imágenes o el sonido: cada usuario necesita un receptor físico y consumibles aromáticos. Para una red de distribución, eso obliga a organizar suministro, recarga y compatibilidad entre aparatos. Para el comprador particular, añade un equipo adicional a una actividad que hoy se resuelve con una pantalla y una conexión a internet.
Los investigadores también advierten de que esta demostración no debe confundirse con una herramienta lista para controlar fermentaciones, detectar alteraciones o verificar uniformidad entre lotes de producción. Que el sistema reconozca la categoría “cerveza” o “vino tinto” no prueba, por sí solo, que pueda distinguir diferencias relevantes dentro de un proceso industrial. Para llegar a ese punto harían falta nuevas pruebas con muestras y condiciones más amplias.
El equipo ensayó además un vaso que combina la emisión de aromas con la dosificación de líquidos saborizados. Con ayuda de un visor de realidad mixta, el usuario podía seleccionar una bebida virtual y activar estímulos de olor y sabor. Esa línea de trabajo apunta a usos educativos y a presentaciones interactivas, aunque sigue lejos de reproducir por completo un vino, una cerveza o un destilado reales.
Chunyu Yang, primer autor del estudio, afirmó a Reuters este viernes, 23 de octubre, que el desarrollo se llevó a cabo sin participación empresarial. El investigador añadió que una eventual llegada al mercado exigiría mejorar el reconocimiento de mezclas, la fidelidad aromática, la recarga, la durabilidad, el coste de fabricación y la seguridad de una exposición repetida a la niebla perfumada.