La vendimia más corta en California da un respiro a las bodegas por el exceso de vino

Menos uva para recortar costes ante unas existencias elevadas y un consumo en retroceso

lunes 19 de octubre de 2026

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La vendimia más corta en California da un respiro a las bodegas por el exceso de vino

La vendimia de 2026 en California está siendo mucho más corta de lo previsto, pero muchas bodegas la reciben como un alivio. Tras varios años de ventas a la baja, almacenes aún cargados con vino de cosechas anteriores y más presión en la exportación, recoger menos uva permite recortar gastos de mano de obra, depósitos y barricas, y evita añadir más volumen a unas existencias que ya pesan sobre el mercado.

El ajuste tiene alcance más allá del viñedo. California concentra cerca del 80% de la producción de vino de Estados Unidos, de modo que una cosecha más pequeña puede influir en las compras de uva, en las existencias y en la formación de precios en uno de los grandes mercados internacionales del sector. También llega en un momento en el que parte del consumo se desplaza hacia la cerveza y los destilados.

En Honig Vineyard & Winery, en Napa Valley, la menor producción se ha interpretado de esa manera. Michael Honig, presidente de la bodega, dijo al Wall Street Journal que el resultado era “una dádiva”, al referirse al bajo volumen de uva recogido este año. Su lectura coincide con la de otras empresas de la zona, que ven en esta vendimia una forma de pasar con menos presión un momento de debilidad comercial.

La reducción de la cosecha empezó a tomar forma en primavera. Una ola de calor récord en marzo adelantó la brotación en todo el estado. Después llegaron lluvias y viento en plena floración, lo que dañó la polinización y provocó la caída de flores y de frutos en formación. Ese encadenamiento de episodios dejó menos racimos y, por tanto, menos kilos por parcela.

En Sonoma, la vendimia comenzó tan pronto que Karissa Kruse, directora ejecutiva de Sonoma County Winegrowers, la situó como la más temprana de los últimos 30 a 40 años. La asociación calcula que el volumen final quedará entre un 35% y un 40% por debajo de la media histórica. En Napa, la merma puede rozar el 50% frente a 2025.

Los partes recogidos por Napa Valley Register muestran cómo se ha trasladado ese recorte a distintas propiedades. En Atlas Peak, Antinori obtuvo un rendimiento al menos un 50% menor. Chateau Montelena vio cómo la producción de Sauvignon Blanc caía hasta la mitad de su media habitual. En Vindicta Estate, el peso total recogido se quedó en el 36% del volumen del año anterior.

La menor cantidad no implica, al menos por ahora, un peor resultado en copa. Varios productores hablan de fruta de buena calidad. Ashley Egelhoff, enóloga de Honig, ha dicho que ve la cosecha con interés a pesar del bajo volumen.

La vendimia corta llega después de un recorte que el propio sector ya había empezado a aplicar en 2025. Datos de la California Association of Winegrape Growers señalan que el año pasado se arrancaron unas 15.400 hectáreas de viñedo en el estado, el 7% de la superficie plantada, y que alrededor de 450.000 toneladas de uva se quedaron sin recoger. The New York Times informó además de que algunos productores llegaron a quemar plantas en ese periodo, mientras las ventas de vino tocaban su nivel más bajo en más de dos décadas.

En Napa, el informe agrícola del condado cifró en 1.226 hectáreas la pérdida de viñedo en producción. También registró una caída de US$62,3 millones en el valor de la uva, con el Cabernet Sauvignon aportando casi tres cuartas partes de ese descenso. El ajuste no se limita a la producción. También ha llegado al valor de la tierra y a las decisiones patrimoniales de algunas familias del vino.

La McManis Family Vineyards puso a la venta una propiedad de unas 1.416 hectáreas por US$22,5 millones y dividió otros viñedos familiares en parcelas más pequeñas. Ese movimiento refleja hasta qué punto la debilidad del mercado está afectando a decisiones de inversión que suelen tomarse a largo plazo.

El comercio exterior añade más presión. El Wine Institute calcula que la retirada de vinos estadounidenses de los lineales canadienses supuso una pérdida de US$357 millones para el sector en 2025. La organización añade que esa cifra siguió aumentando a lo largo de este año. Para California, que depende de un mercado amplio para absorber su producción, esa salida complica aún más la gestión de existencias.

Dentro de Estados Unidos, el consumo también cae. Los consumidores jóvenes beben menos que las generaciones anteriores, por motivos que van de la salud al precio, y cuando eligen alcohol suelen inclinarse por destilados y cerveza. Ese cambio de hábitos se deja notar con fuerza en el vino, sobre todo en categorías que dependen de una compra más aspiracional o ligada a la visita a bodega.

Un estudio de Sovos ShipCompliant señala que 2025 registró la mayor bajada anual de volumen en los envíos directos al consumidor desde que hay datos en ese canal. Solo California perdió US$142 millones por esa vía, lo que equivale al 62% de toda la caída en valor del sector. Para muchas bodegas de Napa y Sonoma, ese canal era una pieza básica del negocio porque conectaba ventas, club de vino y visita presencial.

También baja el tráfico en las salas de cata, otro apoyo central para las bodegas de esas zonas. El informe anual de Silicon Valley Bank sobre la industria del vino en Estados Unidos recoge el testimonio de un productor que resume ese cambio con una frase sencilla: confiar en que el público llegue a la sala de cata ya no funciona como antes. Para muchas bodegas, ese cambio importa porque las ventas en la propia bodega suelen dejar márgenes más altos que la distribución mayorista. En ese contexto, una cosecha más pequeña cambia las cuentas. Con menos fruta entrando, las bodegas pueden recortar compras a los viticultores, reducir costes de producción y frenar la acumulación de existencias que ha pesado sobre los balances. Eso puede ofrecer un alivio a corto plazo a las bodegas, pero también aumentar la presión sobre los viticultores independientes que dependen de contratos de uva y ya tienen menos compradores. El ajuste de la oferta puede extenderse al conjunto del negocio de las bebidas. California sigue siendo uno de los mercados del vino más grandes e influyentes del mundo, de modo que los cambios en el tamaño de la vendimia pueden afectar a la compra de uva, a las existencias de vino a granel, a los precios y a la competencia entre vino, cerveza y destilados. Si las bodegas producen menos vino y sostienen mejor los precios, distribuidores y minoristas pueden desviar su atención hacia otras categorías. Si la cosecha más corta ayuda a reducir el exceso de existencias, podría acabar estabilizando algunas partes del mercado sometidas a una fuerte presión de descuentos. Por ahora, muchos productores parecen ver la vendimia de 2026 menos como un revés que como una corrección forzada tras años de desequilibrio. Los viñedos del estado han producido más vino del que el mercado estaba dispuesto a absorber, y el coste de sostener ese exceso ha ido creciendo a medida que se frenaban las ventas dentro y fuera del país. Una cosecha pequeña no resuelve por sí sola esos problemas, pero para las bodegas que todavía lidian con sus bodegas llenas y una demanda débil puede dar algo de tiempo en un mercado difícil.

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