Italia mantiene el veto a las variedades PIWI en los vinos DOC y DOCG
La apertura exige cambiar la ley antes de revisar los pliegos de cada denominación
martes 27 de octubre de 2026

La posibilidad de que las variedades PIWI entren en las DOC y DOCG italianas ha vuelto al Parlamento, pero por ahora no cambia nada para las bodegas. Una pregunta registrada en la Cámara de Diputados el pasado 20 de octubre pide al ministro de Agricultura, Francesco Lollobrigida, que aclare qué medidas prevé el Gobierno para permitir la inclusión de estas variedades resistentes en los pliegos de condiciones de las denominaciones de origen.
La iniciativa llega después del compromiso anunciado el pasado 10 de octubre en Voghera por el vicepresidente del Senado, Gian Marco Centinaio, de la Liga, y la diputada Antonella Forattini, del Partido Democrático, durante el encuentro “50 sfumature di Pinot Noir”. En esa cita participaron también Attilio Scienza, Luciano Brancadoro y el enólogo Nicola Biasi, nombres vinculados al debate técnico sobre estas uvas.
El bloqueo está en el artículo 33 de la ley 238/2016, el llamado Texto Único del vino. Su apartado 6 impide utilizar denominaciones de origen para vinos obtenidos, aunque sea solo en parte, a partir de híbridos interespecíficos entre Vitis vinifera y otras especies americanas o asiáticas. Esa prohibición afecta a las DOC y DOCG, mientras que en los vinos IGT sí pueden emplearse variedades inscritas en el Registro nacional de variedades de vid, siempre dentro de las condiciones fijadas por la norma y por cada pliego.
La consecuencia práctica es clara: un productor italiano no puede introducir en un DOC o DOCG un PIWI autorizado para el cultivo en su región ni siquiera en una proporción mínima. La normativa europea ya permite usar cruces entre Vitis vinifera y otras especies del género Vitis en producciones DOP, pero Italia mantiene una limitación propia en su legislación nacional. Por eso, cualquier apertura pasa antes por una reforma legal.
No es el primer intento. El 28 de mayo de 2024, el senador Pietro Patton presentó en el Senado el proyecto de ley número 1152. La propuesta plantea suprimir el apartado 6 del artículo 33 y reescribir el apartado 7 para extender a las DOC la posibilidad de usar variedades inscritas en el Registro nacional. El texto fue asignado a la comisión de Industria, Comercio, Turismo, Agricultura y Producción Agroalimentaria del Senado el 18 de junio de 2024, pero su examen todavía no ha comenzado.
La nueva pregunta en la Cámara, registrada con el número 5-05886, fue presentada por Forattini junto a los diputados Marino, Romeo, Andrea Rossi y Vaccari. Entre otras cuestiones, pide al ministro si el Ejecutivo promoverá un cambio del artículo 33, si apoyará la investigación sobre variedades resistentes y si abrirá un diálogo con regiones, consorcios de tutela, organizaciones agrarias y organismos científicos. El texto también plantea que cualquier posible apertura vaya acompañada de evaluaciones enológicas y de procedimientos transparentes para preservar la tipicidad de los vinos protegidos.
Los PIWI son variedades obtenidas mediante cruces convencionales para ganar resistencia frente a enfermedades fúngicas de la vid, sobre todo peronóspora y oídio. Su interés para las bodegas y los viticultores está ligado a la posibilidad de reducir tratamientos fitosanitarios, con un posible ahorro de costes de manejo y menos uso de maquinaria en viñedo. En el sector del vino, ese factor puede tener peso en zonas húmedas o de difícil acceso, como laderas pronunciadas y terrazas, donde cada intervención en campo exige más trabajo y más gasto.
Esa resistencia no equivale a inmunidad total. Las necesidades de defensa dependen de la variedad, de la presión de las enfermedades y de las condiciones meteorológicas de cada campaña. En Italia hay 36 variedades PIWI inscritas en el Registro nacional, 18 de uva blanca y 18 de uva tinta, según las cifras citadas en el debate parlamentario de 2026. Su cultivo, además, está sujeto a las reglas que aprueba cada región.
Si la ley cambiara, el efecto inmediato sería solo la desaparición del veto nacional que impide usar estos materiales vegetales en DOC y DOCG. No supondría una autorización automática para todas las denominaciones ni para todas las variedades resistentes. Cada vino seguiría sujeto a su propio pliego de condiciones, donde figuran las uvas admitidas y sus porcentajes. Para introducir nuevas variedades haría falta revisar esos pliegos caso por caso y seguir los trámites previstos por la normativa.
Ahí entra otro punto sensible para consorcios y productores: cómo incorporar innovación varietal sin alterar la identidad del vino amparado por cada denominación. Esa revisión tendría que valorar la reconocibilidad del producto, su encaje con el estilo de la zona y la eficacia real de las nuevas variedades en las condiciones locales de cultivo. En los debates del sector se cita, entre otros casos, la DOC Delle Venezie, que ha desarrollado trabajos experimentales sobre variedades resistentes en la producción de Pinot Grigio. Esos ensayos permiten reunir datos agronómicos y enológicos, pero no equivalen a una autorización comercial general para usar PIWI en los DOC.
La cuestión vuelve ahora a la agenda política italiana por el apoyo de representantes de la mayoría y de la oposición, pero el calendario sigue abierto. Están pendientes la respuesta del Ministerio de Agricultura a la pregunta parlamentaria, una posible reactivación del proyecto de ley de Patton y otros movimientos legislativos que puedan surgir a partir de ahí. Mientras no haya cambios en el artículo 33 del Texto Único del vino, las bodegas italianas seguirán sin poder emplear variedades PIWI de origen interespecífico en vinos DOC y DOCG.