Heineken avisa de que los fármacos para adelgazar GLP-1 pueden recortar la venta de cerveza en los pubs británicos
Propone medias pintas, bebidas con poco o ningún alcohol y platos pequeños para sostener el gasto en hostelería
viernes 23 de octubre de 2026

Heineken ha advertido a pubs y bares del Reino Unido de que el mayor uso de medicamentos GLP-1, como Ozempic o Wegowy, para perder peso puede recortar las ventas de cerveza y sidra si los locales no adaptan su oferta. Según informó Reuters este viernes, 23 de octubre, la cervecera trasladó a sus clientes de hostelería en Gran Bretaña que estos tratamientos reducen las ganas de beber y favorecen consumiciones más pequeñas, por lo que recomendó impulsar las medias pintas, las referencias con poco o ningún alcohol y el acompañamiento con platos pequeños.
La advertencia tiene peso por el tamaño del grupo. Heineken es el segundo mayor productor cervecero mundial por volumen, solo por detrás de AB InBev. La clasificación anual de BarthHaas sitúa a la compañía neerlandesa en esa posición tras vender 235,65 millones de hectolitros en 2025, un 2,1% menos que un año antes. Además, la empresa posee más de 2.000 pubs en Gran Bretaña, uno de los mercados que el grupo considera de interés en Europa.
Heineken trasladó a Reuters que esa presentación formaba parte de su trabajo habitual con empresas de hostelería del Reino Unido para ayudarles a entender cómo cambia el mercado. La compañía añadió que observa variaciones en los hábitos de consumo entre usuarios de GLP-1 y que seguirá vigilando esa evolución en 2027. También sostuvo que esos consumidores no dejan el alcohol por completo, pero tienden a elegir raciones más pequeñas, bebidas con menos graduación y productos de alta gama.
Los datos de ventas del canal hostelero británico explican por qué la cervecera presta atención a ese cambio. De acuerdo con cifras de Heineken UK citadas por Reuters, la cerveza movió cerca de 14.000 millones de libras en pubs, bares y restaurantes británicos en el año terminado en febrero de 2026. En ese mismo periodo, las cervezas sin alcohol o de baja graduación aportaron menos de 300 millones de libras. Con cifras redondeadas, eso equivale a alrededor del 2% del valor de la cerveza en ese canal.
La parte más concreta del aviso comercial se apoya en datos de gasto de hogares en Estados Unidos. Circana siguió entre 2024 y 2026 a hogares con y sin usuarios de GLP-1 y observó una caída del gasto en alcohol en los hogares donde había un consumidor de estos fármacos. Tras dos años de seguimiento, esos hogares gastaban al mes alrededor de un 7% menos en alcohol que los que no tenían usuarios. En cerveza, la diferencia era mayor: un 13,5% menos. Eso supone una reducción 6,5 puntos porcentuales más intensa que la del conjunto del alcohol.
Esa comparación tiene límites. Los datos de Circana son observacionales y no prueban por sí solos que el GLP-1 sea la causa del descenso del gasto. Además, miden compras de hogares en Estados Unidos, mientras que las cifras de Heineken sobre bares y pubs pertenecen al Reino Unido. Son dos mercados distintos y no pueden sumarse ni leerse como una sola serie.
Aun así, el mensaje de Heineken rompe con la cautela que ha predominado en buena parte del sector. Varias empresas de bebidas han restado importancia al efecto comercial de estos tratamientos. Reuters recuerda que Diageo y Carlsberg trasladaron a los inversores que cualquier impacto debería ser manejable incluso si el uso se amplía. Carlsberg añadió que los datos disponibles no sostienen por ahora que estos fármacos sean un factor decisivo en la evolución del consumo de cerveza. AB InBev rechazó hacer comentarios.
El debate no parte solo de una presentación comercial. Encuestas realizadas en Europa y en el Reino Unido por Circana, NIQ y KAM también apuntan a un menor consumo de alcohol entre usuarios de GLP-1. Además, Reuters entrevistó a once consumidores de estos tratamientos y diez dijeron haber reducido su ingesta de alcohol. Algunos lo atribuyeron a malestar físico, otros a resacas más duraderas y otros, simplemente, a una pérdida de interés por beber.
Uno de esos casos es el de Daniel Cornwell, fundador de la firma de selección SPE Resourcing, que explicó a Reuters que antes bebía con regularidad en eventos de trabajo y los fines de semana y que ahora el alcohol le sienta mal y le deja resaca durante varios días. Ese tipo de testimonio coincide con lo que observan algunos investigadores en el campo clínico.
Joseph Schacht, profesor de la Universidad de Colorado Anschutz, dijo a Reuters que los efectos del GLP-1 en el cerebro también pueden influir en la motivación para beber. Schacht dirigió un ensayo controlado aleatorio sobre el impacto de estos fármacos en personas con trastorno por consumo de alcohol y afirmó que los ensayos han mostrado de forma repetida una reducción de los antojos y del consumo en ese grupo. A su juicio, estos medicamentos podrían abrir una etapa nueva en ese tratamiento, pero también alterar la demanda si una parte más amplia de los consumidores reduce su ingesta.
El aviso de Heineken llega mientras el uso de GLP-1 gana terreno y empieza a tener efectos en varias categorías de consumo. Reuters cita un estudio de JPMorgan que estimó que unos 10 millones de personas en Estados Unidos usaron el pasado año tratamientos como Ozempic y Wegovy. Para la hostelería británica, la lectura que hace Heineken es directa: si parte de la clientela pide menos cantidad, cambia de formato o busca bebidas sin alcohol, los locales tendrán que ajustar su oferta para proteger sus ingresos.