Investigadores canadienses hallan un control biológico contra una plaga que amenaza los viñedos

El método se aplica según el ciclo del insecto con menos dependencia de pesticidas químicos

Miércoles 02 de Septiembre de 2026

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Investigadores canadienses hallan un control biológico contra una plaga que amenaza los viñedos

Este martes, 1 de septiembre, la Kwantlen Polytechnic University (KPU), en Canadá, informó de los resultados de una investigación de tres años que ha identificado una vía de control biológico para una plaga que amenaza a los viñedos del valle de Okanagan, en la Columbia Británica. El trabajo combina avispas parasitoides, nematodos y hongos para actuar en momentos distintos del ciclo de la plaga y reducir así la dependencia de pesticidas químicos.

La plaga analizada es el climbing cutworm, un nombre que agrupa la fase larvaria, o de oruga, de varias especies de polilla. Estas larvas suben por la vid para alimentarse de brotes nuevos y en desarrollo. Ese ataque daña la planta y reduce tanto la calidad como la cantidad de la uva. El BC Wine Grape Council sitúa en 18 las especies conocidas de este grupo de plagas en Okanagan, la mayor zona productora de uva de la provincia.

La investigación estuvo dirigida por el Instituto de Horticultura Sostenible de KPU junto con Andermatt Canada, empresa dedicada a los bioplaguicidas microbianos. El equipo ensayó cuatro herramientas biológicas: hongos entomopatógenos, baculovirus específicos de insectos, nematodos entomopatógenos y avispas parasitoides. Todas se evaluaron mediante estudios controlados de laboratorio y pruebas de campo en viñedos comerciales repartidos por el valle de Okanagan.

Los resultados no apuntan a una única solución. KPU señala que los mejores efectos se concentraron en tres de esos organismos naturales y que cada uno funciona en una fase distinta del desarrollo de la plaga. Esa secuencia permite plantear una estrategia basada en el momento de aplicación, más que en un tratamiento único.

Las avispas parasitoides fueron eficaces entre mediados de agosto y mediados de septiembre. En ese periodo atacan los huevos del cutworm antes de que eclosionen. Después, desde principios de septiembre hasta principios de octubre, los nematodos y los hongos patógenos para insectos pudieron eliminar las larvas jóvenes que hubieran salido de los huevos supervivientes.

Sepideh Tahriri Adabi, investigadora de KPU, sostiene que el manejo de plagas con métodos biológicos no consiste en cambiar un producto por otro, sino en entender cómo interactúa la plaga con el clima y cómo responde cada herramienta según las condiciones. A su juicio, un enfoque preventivo y ajustado al calendario puede ayudar a los viticultores a intervenir antes de que aparezcan daños en la viña.

Adabi recuerda además que, en la Columbia Británica, los productores ecológicos de vino y de uva no tienen en este momento bioplaguicidas registrados a su disposición para este problema. Esa falta de alternativas ha llevado a muchos cultivadores a depender de pesticidas químicos, pese a las dudas sobre su efecto en el medio ambiente, en los organismos beneficiosos y en la aparición de resistencias.

El estudio sienta la base de una estrategia de gestión integrada de plagas y, en palabras de KPU, puede facilitar en el futuro el registro y la comercialización de nuevos bioplaguicidas microbianos. Si ese paso se materializa, los productores canadienses tendrían más herramientas para proteger la vid con menos apoyo de productos químicos de mayor impacto ambiental.

La investigación tiene una derivada directa para el sector de las bebidas, en especial para el vino. En una región donde una parte amplia de la uva se destina a vinificación, cualquier mejora en la protección de los brotes puede influir en la cantidad de materia prima disponible y en su calidad, además de abrir más opciones para explotaciones ecológicas.

Varios estudiantes de KPU participaron en el proyecto tanto en laboratorio como en campo. La universidad señala que esa participación les permitió adquirir experiencia práctica en análisis de datos y comunicación científica, además de intervenir en ensayos realizados en viñedos comerciales.

Adabi añade que la demanda de sistemas de producción de alimentos más responsables con el medio está impulsando con rapidez las tecnologías de control biológico de plagas. Los bioplaguicidas, afirma, ya forman parte de una industria mundial de miles de millones de dólares.

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