Jueves 27 de Agosto de 2026
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El Gobierno de Nueva Zelanda movilizará más de NZ$6,98 millones para poner en marcha un programa destinado a aprovechar las lías de las bodegas de Marlborough, el residuo orgánico que deja la elaboración de vino. La aportación pública superará los NZ$2,79 millones y los coinversores sumarán otros NZ$4,19 millones, de modo que, sobre el mínimo anunciado, cerca del 40% del dinero procederá del Ejecutivo y alrededor del 60% de la industria y otros participantes.
La iniciativa fue presentada este jueves, 27 de agosto, por el ministro de Agricultura, Todd McClay, que situó el problema en la acumulación de grandes volúmenes de lías en Marlborough. McClay afirmó que las vías tradicionales de eliminación son cada vez más limitadas y más caras, una presión relevante para la principal región vitivinícola del país.
El dinero público llegará a través del Primary Sector Growth Fund y servirá para acelerar un programa encabezado por Bragato Research Institute. El plan consiste en recoger lías de las bodegas participantes y transformarlas, junto con compost y biocarbón, en una enmienda para suelos que el Gobierno define como segura y de alto valor.
McClay sostuvo que la meta es dar una salida práctica y de largo recorrido a ese subproducto, con varios efectos al mismo tiempo: reducir residuos, recortar emisiones, mejorar la salud del suelo y abrir una nueva vía de ingresos para los viticultores. La iniciativa también busca aliviar la presión que supone gestionar un residuo que, hasta ahora, dependía de opciones de eliminación más restringidas.
El proyecto se plantea como una prueba a escala de sistema, no solo como un tratamiento puntual. El ministro señaló que el programa incluirá ensayos, seguimiento y diseño operativo para comprobar si el modelo funciona cuando se aplica con mayor volumen. Esa fase, añadió, pretende dar a la autoridad local y al sector la confianza necesaria para invertir después en una solución permanente y autofinanciada.
Por ahora, ni el Gobierno ni Bragato Research Institute han precisado cuántas toneladas de lías se recogerán, qué ahorro económico esperan obtener, qué ingresos podría generar la nueva enmienda ni cuánto durará el programa. Tampoco se ha fijado una fecha para una eventual implantación estable, que dependerá de que la prueba ofrezca resultados convincentes cuando se lleve a una escala mayor.
La operación se apoya en una lógica cada vez más presente en el sector agrario y alimentario: convertir subproductos en materiales útiles dentro de la propia cadena productiva. En este caso, la apuesta pasa por combinar un residuo de bodega con compost y biocarbón para devolver materia orgánica al suelo. En términos generales, este tipo de enmiendas se usa para mejorar la estructura del terreno y su capacidad de retener nutrientes, aunque los resultados concretos del programa de Marlborough tendrán que validarse con los ensayos previstos.
McClay afirmó que, si la iniciativa funciona, Marlborough podría contar con una salida de largo plazo para una parte de los residuos de su industria del vino y, además, ofrecer un modelo replicable en otras zonas productoras de Nueva Zelanda. El ministro presentó la operación como un trabajo conjunto entre el Gobierno y la industria para convertir un problema ambiental en una oportunidad económica para viticultores, administraciones locales y comunidades.
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