La Feria del Sake logra que los menores de 40 años superen el 50% de asistentes

Tokio impulsa además los Sake High y refuerza la ofensiva exportadora del nihonshu

Jueves 09 de Julio de 2026

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La Feria del Sake volvió a celebrarse en Tokio el 19 y 20 de junio con un doble objetivo: atraer a consumidores jóvenes y reforzar la presencia de esta bebida japonesa en mercados exteriores. La cita, organizada por la Japan Sake and Shochu Makers Association, reunió a más de 5.600 visitantes y recuperó su formato habitual en la capital japonesa tras dos años sin hacerlo allí.

El encuentro incluyó dos grandes catas. Por un lado, la All Japan Sake Fair ofreció unas 1.200 referencias procedentes de 45 prefecturas. Por otro, se celebró la cata pública oficial de todos los sakes presentados a los Annual Japan Sake Awards 2026, un certamen con larga trayectoria en Japón. La suma de ambos actos sitúa a esta feria entre las mayores dedicadas al sake.

La organización introdujo este año nuevas medidas para ampliar la demanda. La primera estuvo dirigida al público joven. Por primera vez, las entradas se dividieron por franjas de edad: una para personas de 20 a 39 años y otra para mayores de 40. Según explicó Hitoshi Utsunomiya, director de la asociación organizadora, la idea no era solo rebajar el precio para captar asistentes, sino facilitar el contacto de esa generación con el sake en un momento en el que han disminuido las reuniones sociales entre distintas edades en empresas y comunidades locales desde la pandemia.

El resultado fue claro en la asistencia. Los menores de 40 años superaron el 50% del total de visitantes. La asociación compara ese dato con las cifras estimadas del Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones de Japón, según las cuales ese grupo representa cerca del 25% de la población japonesa en edad legal de beber. Eso supone que acudieron a la feria en una proporción cercana al doble de su peso demográfico dentro del consumo potencial.

Utsunomiya señaló además que durante el evento muchos asistentes jóvenes comentaron que habían encontrado sakes que no conocían y que les habían gustado. Para la organización, esa respuesta refuerza la utilidad de abrir vías más sencillas para acercar esta bebida a nuevos públicos dentro del país.

La segunda línea de trabajo para captar consumidores menos habituados al sake pasó por una propuesta más ligera: los llamados Sake Highs. Se trata de combinados preparados con sake y agua con gas en proporción 1:1. Con esa mezcla, la graduación alcohólica baja del 15% a cerca del 7%. La feria contó con un espacio específico para servir estas bebidas, pensadas como puerta de entrada para principiantes y para quienes buscan opciones menos intensas.

La iniciativa Sake High comenzó de forma oficial en 2024 y ya está presente en más de 10.000 establecimientos de Japón, según los datos facilitados por la asociación. Kensuke Shichida, presidente del comité de desarrollo de demanda del organismo, explicó que el proyecto nació del trabajo conjunto entre productores, mayoristas y minoristas. Su planteamiento parte de una idea simple: si baja la graduación alcohólica, el sake puede resultar más fácil de consumir, también durante los veranos japoneses, cada vez más calurosos.

Algunas bodegas japonesas especializadas en sake han empezado incluso a lanzar productos pensados para este formato. Taichiro Fukumitsu, presidente de decimocuarta generación de la casa Fukumitsuya, en la prefectura de Ishikawa, afirmó que su territorio lleva tiempo impulsando esta vía y que espera que funcione como acceso inicial para personas que consumen alcohol pero no beben sake.

La otra gran apuesta del evento fue el mercado exterior. Este año, la asociación invitó a ocho profesionales del sake y del vino procedentes de Vietnam y Tailandia para visitar empresas vinculadas al sector en Tokio y Niigata y asistir a la feria. Ambos países son vistos como plazas asiáticas con margen para aumentar las ventas. Asia concentró cerca del 63% del valor total de las exportaciones japonesas de sake en 2025.

Entre los invitados estuvo Ratthapon Doungthip, vinculado en Tailandia a la formación y organización de actos sobre cultura del sake. Durante su visita a la cata pública del certamen nacional explicó que le impresionó ver reunidos los sakes que cada productor presenta como su mejor elaboración. También observó un comportamiento útil para entender el mercado japonés: nada más abrirse el recinto, muchos visitantes se dirigieron directamente a puestos concretos. A su juicio, esa reacción permite ver qué regiones y marcas atraen más al aficionado local.

Doungthip añadió además una idea relevante para los exportadores: el reconocimiento internacional no siempre coincide con las preferencias internas del consumidor japonés especializado. Esa diferencia puede influir tanto en la selección comercial como en la forma de presentar el producto fuera del país.

Desde Vietnam participó Lincoln Vû, jefe de sumilleres de Da Loc Co., Ltd., una importante importadora de vinos y espirituosos. Vû señaló que el sake sigue teniendo una presencia pequeña dentro del mercado vietnamita de bebidas alcohólicas, aunque considera que es una categoría con margen para avanzar. Su intención es impulsar maridajes entre sake y comida en restaurantes y locales con los que trabaja para trasladar mejor sus posibilidades al consumidor vietnamita.

La asociación japonesa insiste además en otro punto: no basta con difundir la palabra sake fuera del país; también quiere explicar qué significa nihonshu como indicación geográfica protegida. Esa denominación se reserva al sake elaborado en Japón con arroz cultivado en Japón. Para el sector, esa protección sirve para ligar el producto a sus materias primas, al clima local y a las técnicas tradicionales.

La feria quiso trasladar esa idea mediante puestos representativos de 45 prefecturas japonesas. Cada uno mostraba diferencias ligadas al agua, al arroz, al clima y a los métodos de elaboración. La intención es que en los mercados internacionales no se vea el nihonshu como una bebida uniforme, sino como una categoría con perfiles distintos según su origen.

Uno de los ejemplos citados por la organización procede de Yamagata. Masumi Nakano, presidente de Dewazakura Sake Brewery y asesor de la asociación provincial de productores, explicó que varias bodegas trabajan fuera de Japón junto a agricultores seleccionados que cultivan arroz para sake de alta calidad. Según Nakano, esa colaboración permite presentar el producto exterior desde una base territorial más completa.

La fórmula llama la atención porque incorpora al agricultor en acciones promocionales internacionales, algo poco habitual incluso en otros sectores ligados al origen agrícola. Para los productores de arroz supone ver cómo su materia prima se transforma y se comercializa fuera del país. Para importadores y distribuidores extranjeros ofrece información directa sobre el cultivo del arroz destinado al sake, un aspecto poco conocido fuera de Japón.

Nakano indicó que una acción reciente con este modelo se llevó a cabo en Hong Kong. También afirmó que este tipo de iniciativas puede hacer más atractivo el trabajo ligado al sake entre los jóvenes que viven en zonas rurales japonesas si aumentan las ventas exteriores y mejora la percepción del sector como salida profesional.

Los datos comerciales ayudan a explicar ese interés por abrir mercado fuera del país. En 2025, las exportaciones japonesas de sake despachadas por aduanas alcanzaron un valor de 45.900 millones de yenes, un 6% más que el año anterior. En volumen llegaron a 33,55 millones de litros, equivalentes a 3,73 millones de cajas de nueve litros, con un aumento del 8%. Tanto el valor como el volumen quedaron por encima del ejercicio previo y firmaron el segundo mejor registro histórico. Si se compara con 2020, el valor exportado se ha duplicado aproximadamente.

La edición celebrada en Tokio llega después del cambio aplicado el año pasado. En 2025, esta feria tuvo lugar en Osaka durante la Expo Universal bajo el nombre Kokushu Fair. El término kokushu agrupa bebidas nacidas de métodos tradicionales japoneses basados en koji, entre ellas sake, honkaku shochu y awamori. Esa tradición fue inscrita por la Unesco en su lista de patrimonio cultural inmaterial en diciembre de 2024.

Con esta nueva edición en Tokio, la asociación organizadora busca reforzar dos líneas al mismo tiempo: renovar la base social del consumo dentro de Japón y dar más peso internacional a una bebida cuya identidad quiere vincular cada vez más al origen regional y a su sistema propio de elaboración.

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