Véneto declara la emergencia hídrica y fuerza la reconversión tecnológica de sus viñedos

La sequía y el riesgo de intrusión salina empujan al prosecco hacia riego de precisión y drones térmicos

Lunes 06 de Julio de 2026

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Véneto declara la emergencia hídrica y fuerza la reconversión tecnológica de sus viñedos

La región italiana del Véneto ha declarado la emergencia hídrica tras constatar un fuerte déficit de agua y el riesgo de intrusión salina, una situación que ya está cambiando la gestión de los viñedos en una de las zonas vitivinícolas más conocidas del país. La respuesta del sector pasa por más riego de precisión, sensores en campo, “hojas electrónicas”, estaciones meteorológicas y drones con cámaras térmicas para medir el estrés hídrico de las plantas.

La decisión fue adoptada el pasado 2 de julio por el presidente regional, Alberto Stefani, según informó la Repubblica este lunes, 6 de julio. La orden se apoya en datos de Anbi, la asociación nacional italiana que agrupa a los consorcios de bonificación e irrigación. Según esas cifras, al Véneto le faltan 2.400 millones de metros cúbicos de agua respecto a 2025.

La alarma no responde solo a la falta de lluvia puntual. El problema se arrastra desde marzo. La ausencia de precipitaciones en la región se sitúa en un -21% desde ese mes, con un empeoramiento en abril y registros todavía por debajo de la media en mayo. A 31 de mayo, el año hidrológico acumulaba un déficit del -28% frente al anterior. A ello se suma el agotamiento temprano de las reservas de nieve por las altas temperaturas registradas entre abril y mayo.

Los principales ríos del Véneto presentan caudales muy por debajo de sus medias históricas. El Piave, el Brenta y el Po están en -23%, mientras que el Adigio se sitúa en -21%. La orden regional también alude al riesgo de avance del cuña salina, sobre todo en el distrito del Po, un fenómeno que puede afectar tanto a la disponibilidad como a la calidad del agua para uso agrícola.

Ante esta situación, el Gobierno regional ha pedido a ayuntamientos y operadores un uso más prudente del agua y la reducción de cualquier desperdicio posible. En paralelo, los agricultores preparan medidas para julio y agosto, meses en los que se espera una mayor presión sobre los recursos hídricos.

En el caso del viñedo, la sequía está acelerando cambios que hace pocos años parecían lejanos en esta parte del norte de Italia. En zonas donde el agua no era una preocupación habitual, la viticultura empieza a depender cada vez más de herramientas digitales y nuevas prácticas agronómicas para mantener la calidad de la uva con un consumo más ajustado.

El cambio tiene especial relevancia en una comunidad donde el vino ocupa un lugar central en la economía agraria y donde se produce buena parte del prosecco, incluidas áreas de colinas reconocidas por la Unesco. Hasta ahora, el riego estaba permitido sobre todo como apoyo puntual, pero cada vez más productores piden revisar esas limitaciones cuando hay periodos prolongados de escasez.

Los datos nacionales muestran además que esta transición ya está en marcha en otras zonas italianas. Según Istat, Italia cuenta con unas 225.000 hectáreas de viñedo irrigado. Entre las técnicas empleadas figura el microriego o riego por goteo, utilizado en el 21,5% de los casos, frente al riego por aspersión, con un 38%, y los sistemas por escurrimiento superficial, infiltración lateral y sumersión, con un 40,5%.

En el Véneto, esa adaptación pasa cada vez más por convertir las parcelas en espacios monitorizados casi en tiempo real. En los viñedos se están instalando redes de estaciones meteorológicas para medir temperatura, humedad, lluvia y viento. También se colocan sensores en el suelo capaces de analizar la humedad hasta unos 70 centímetros de profundidad.

A estos dispositivos se suman las llamadas hojas electrónicas, herramientas diseñadas para seguir el estado hídrico de la planta y aportar información útil para decidir cuándo regar y cuánto hacerlo. Todos esos datos se procesan mediante plataformas digitales apoyadas en algoritmos e inteligencia artificial que traducen la información recogida sobre el terreno en indicaciones prácticas para técnicos y agrónomos.

Los drones tienen un papel cada vez mayor en ese sistema. Al sobrevolar los viñedos con cámaras térmicas pueden localizar las zonas donde las cepas sufren más por falta de agua incluso antes de que los síntomas sean visibles a simple vista. Esa lectura permite actuar solo donde hace falta y limitar así el consumo.

Uno de los productores citados por la Repubblica es Leonardo Moretti Polegato, que trabaja en Crocetta del Montello, en la provincia de Treviso. Según explicó al diario italiano, su explotación inició este proceso hace ya un par de años, cuando los efectos del cambio climático empezaban a ser evidentes. Su planteamiento consiste en combinar la experiencia acumulada en campo con herramientas digitales e inteligencia artificial para interpretar grandes volúmenes de información y ajustar mejor cada intervención.

Ese uso más preciso del agua puede tener efectos directos sobre el sector de bebidas. Si la sequía reduce rendimientos o altera la calidad de la uva en una zona clave para el vino italiano, puede influir en la oferta disponible y elevar los gastos de producción ligados al riego, la tecnología y la gestión agronómica. Al mismo tiempo, la monitorización continua abre la puerta a decisiones más afinadas sobre vendimia y manejo del viñedo, con impacto potencial sobre el perfil final del vino.

La tecnología no se limita al control del riego. Las imágenes captadas por drones y satélites también ayudan a fijar el momento óptimo para vendimiar. En campañas marcadas por calor intenso y falta de agua, esa información gana peso porque pequeñas diferencias entre parcelas pueden traducirse en cambios relevantes en maduración y equilibrio de la uva.

Luigi Tarricone, investigador del centro Crea y especialista en viticultura, gestión hídrica e irrigación, ha advertido en varias ocasiones de que los nuevos viñedos deberán diseñarse contando con una aportación regular de agua desde Abruzos hasta el Véneto si continúa la tendencia climática actual. Su tesis es que el recurso al riego será cada vez más habitual incluso en áreas donde antes no era una práctica común.

La situación del Véneto refleja así un cambio más amplio en la viticultura europea: regiones acostumbradas a producir sin apenas presión hídrica empiezan a reorganizar sus métodos ante veranos más secos y temperaturas más altas. En ese proceso, las decisiones sobre agua dejan de ser solo una cuestión agronómica para convertirse también en una variable económica para bodegas y viticultores.

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