Verona cifra en 366 millones el golpe de la caída exterior del vino

Un estudio alerta de un efecto en cadena sobre empleo, turismo, comercio y recaudación fiscal

Martes 07 de Julio de 2026

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Verona cifra en 366 millones el golpe de la caída exterior del vino

La caída de las exportaciones de vino ya no se mide solo en las cuentas de las bodegas. En Verona, una de las provincias italianas con mayor peso vitivinícola, un estudio presentado este lunes, 6 de julio, en la Cámara de Comercio calcula que una bajada del 5% en las ventas al exterior supondría un daño económico total de 261 millones de euros para el territorio. Si el descenso ronda el 7%, como ocurre en la primera mitad de 2026 según los datos citados en la jornada, la pérdida subiría a 366 millones.

El informe lo ha elaborado Economics Living Lab, una entidad vinculada a la Universidad de Verona, por encargo de la Cámara de Comercio local. El trabajo parte de una idea simple: cuando cae la demanda exterior de vino, no solo ingresan menos las empresas productoras. También se resienten proveedores, empleo, hostelería, comercio, transporte y recaudación fiscal. En una provincia donde el vino tiene un peso central en la economía, ese efecto se extiende por buena parte del tejido productivo.

Verona ocupa una posición singular dentro del mapa del vino italiano. La provincia reúne zonas como Valpolicella, Soave y el entorno del lago de Garda, acoge Vinitaly y figura entre los principales polos vitivinícolas del país. Según el servicio de estudios de la Cámara de Comercio, cuenta con más de 7.000 viticultores, más de 24.000 hectáreas de viñedo, 15 denominaciones Doc y 5 Docg. El sector aporta el 7,9% de las exportaciones provinciales y representa más del 10% del total nacional del vino italiano vendido fuera.

El profesor Francesco Pecci, que presentó el análisis en el Foro sobre el futuro del vino celebrado en Verona, explicó que una contracción de la demanda genera efectos directos, indirectos e inducidos sobre la economía local. Según sus cálculos, una caída del 5% en la exportación equivale a 53 millones de euros menos en ventas de vino y provoca una reducción superior a 186 millones en los sectores implicados de forma directa e indirecta. A eso se suma una bajada en rentas del trabajo y del capital que termina reduciendo el producto interior bruto provincial en 75,5 millones. El resultado agregado supera los 261 millones.

El escenario del 7% se acerca más a la evolución reciente del sector bebidas en Verona. En el primer trimestre de 2026, el saldo exportador provincial de bebidas cayó un 7,4%, con un peso del vino superior al 90%, según los datos citados durante el encuentro. Esa relación explica por qué lo que ocurre con el vino importa también al conjunto del negocio de bebidas: cuando este producto concentra casi todo el valor exportado del sector en una provincia, cualquier retroceso puede trasladarse a distribuidores, operadores logísticos y canales de venta ligados a otras categorías.

La Cámara de Comercio fue clara al presentar el estudio como una llamada a actuar. Su presidente, Paolo Arena, señaló que Verona lidera entre las provincias italianas por valor exportador y producción vitivinícola y recordó además el papel del enoturismo como fuente adicional de empleo e ingresos. A su juicio, las dificultades estructurales que soporta el sector obligan a instituciones y organizaciones empresariales a buscar medidas para proteger una actividad básica para la economía local.

El caso veronés tiene además un valor que va más allá de esta provincia italiana. La propia investigación plantea que si un territorio tan diversificado nota con esta intensidad la caída del negocio del vino, el impacto puede ser aún mayor en zonas donde esta actividad es casi el único motor económico. Verona no vive solo del viñedo; también tiene peso en logística, industria y servicios. Aun así, la dependencia parcial del vino basta para generar pérdidas amplias cuando baja la demanda exterior.

Los datos presentados durante el foro se apoyan también en una tendencia más amplia del mercado internacional. Carlo Flamini, del Observatorio del Vino de Unione Italiana Vini, expuso que entre 2019 y 2025 el consumo mundial cayó un 16%, hasta situarse en 2.200 millones de cajas de nueve litros. Las previsiones apuntan además a otra bajada del 3% hasta 2029. Solo los segmentos premium y ultrapremium muestran una ligera mejora prevista, aunque representan cerca del 20% del consumo total.

Ese cambio en la demanda está detrás de buena parte de las preocupaciones expresadas por productores e instituciones durante la jornada. La cuestión ya no es solo vender más fuera o abrir nuevos mercados. También pasa por ajustar oferta y consumo en un momento en que muchas empresas ven reducida su rentabilidad y soportan mayores dificultades para mantener márgenes.

En ese debate entró Giangiacomo Gallarati Scotti Bonaldi, presidente de Federdoc. Su intervención puso el foco en las autorizaciones para nuevas plantaciones. Según defendió, Italia debe preguntarse si tiene sentido seguir aumentando cada año un 1% su potencial vitícola o si conviene suspender ese mecanismo para recuperar equilibrio entre oferta y demanda. También pidió pragmatismo con los arranques de viñedo y advirtió contra el uso ineficaz de recursos públicos si después se permite replantar pocos años más tarde.

Bonaldi añadió otro elemento: si parte del dinero público se dirige a reducir superficie cultivada y se resta a la promoción exterior, Italia puede perder capacidad comercial justo cuando aparecen nuevas opciones en mercados como Mercosur, Australia o Extremo Oriente. Su planteamiento apunta a una tensión conocida dentro del sector: corregir exceso potencial de producción sin debilitar al mismo tiempo la presencia internacional.

Desde la administración regional también se habló del papel del visitante como apoyo económico para las zonas productoras. Dario Bond, consejero regional de Agricultura del Véneto, explicó que la región trabaja en una ley sobre enoturismo que prevé llevar al Consejo Regional entre septiembre y octubre. El objetivo es fijar reglas más claras para las empresas y facilitar una oferta más completa al visitante. Bond defendió además menos burocracia para las bodegas y admitió que hace falta una nueva forma de acercar el vino a las generaciones jóvenes ante los cambios en los hábitos de consumo.

La referencia al enoturismo no es menor en Verona. La provincia combina producción vitícola con patrimonio cultural y flujo turístico constante. Si baja la actividad exportadora y se reduce la renta disponible dentro del sector, también pueden verse afectados alojamientos rurales, restaurantes, tiendas especializadas y servicios ligados a visitas a bodegas y rutas entre viñedos. En territorios donde vino y viaje van unidos, esa conexión multiplica los efectos económicos.

Alex Vantini, miembro de la junta de la Cámara de Comercio y presidente de Coldiretti Verona, insistió precisamente en esa idea al afirmar que el vino no puede verse solo como un sector agrícola porque genera empleo, turismo, servicios y comercio para toda la provincia. Por eso reclamó decisiones coordinadas a lo largo de toda la cadena y defendió frenar también el aumento anual del 1% en nuevas autorizaciones de plantación.

Vantini introdujo además otro asunto sensible: los márgenes aplicados por parte de algunos establecimientos hosteleros. Según dijo, hay casos en los que los recargos sobre las botellas superan el 400%, algo que puede alejar al consumidor final. La observación enlaza con uno de los problemas más repetidos por productores europeos: si cae el consumo general y sube demasiado el precio final fuera del hogar, recuperar volumen resulta todavía más difícil.

La noticia llega desde Italia pero interesa también al sector español por varias razones. Primero, porque muestra con cifras concretas cómo una caída moderada del comercio exterior puede extenderse mucho más allá de las bodegas. Segundo, porque confirma que vino, hostelería y viaje forman parte de una misma cadena económica en muchas regiones mediterráneas. Y tercero, porque reabre debates presentes también en España: ajuste productivo, promoción exterior, relevo generacional y papel del canal horeca en el precio final.

Verona aparece así como un caso útil para medir hasta dónde llega el peso real del vino sobre un territorio entero. No solo por su volumen productor o por su imagen ligada a Vinitaly, sino porque permite poner números al efecto arrastre del sector sobre empleo e ingresos locales. En las hipótesis más extremas manejadas por el estudio presentado este lunes, 6 de julio, el daño económico podría alcanzar incluso 1.300 millones de euros si la contracción comercial fuera mucho mayor.

La advertencia lanzada desde esta provincia italiana coincide con un momento delicado para buena parte del viñedo europeo. Menor consumo internacional, presión sobre precios y dudas sobre cuánto producir forman un escenario que obliga a revisar estrategias públicas y privadas. En Verona ya han empezado a hacerlo con un mensaje claro: cuando cae la exportación de vino no pierde solo una bodega; pierde también buena parte del territorio que vive alrededor de ella.

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