Lunes 06 de Julio de 2026
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La ola de calor que ha llevado los termómetros hasta cerca de 40°C en Burdeos ha reabierto el debate sobre las normas de riego en las denominaciones de origen de la zona. El caso que más atención concentra es el de Lafleur, una de las propiedades más conocidas de Pomerol, que ya ha empezado a aportar agua a sus viñas mientras las reglas de la AOC siguen limitando esa práctica salvo autorización expresa.
Según publicó The Drinks Business este lunes, 6 de julio, Lafleur ha regado sus viñas desde comienzos de junio con una cantidad reducida de agua aplicada en tres ocasiones. La finca utiliza una reserva propia, alimentada por un depósito de desbordamiento del río Dordoña. La medida llega después de que la propiedad decidiera abandonar el año pasado tanto la AOC Pomerol como la denominación Burdeos a partir de la cosecha de 2025.
Con esa salida, los seis vinos del grupo Société Civile du Château Lafleur pasan a comercializarse como Vins de France: Château Lafleur, Les Pensées, Les Perrières, Les Champs Libres, Château Grand Village Rouge y Château Grand Village Blanc. La propiedad justificó entonces su decisión por la necesidad de actuar ante el cambio climático “con precisión y eficiencia”, algo que, a su juicio, no era posible dentro del sistema actual de denominaciones.
La cuestión del riego estaba ya detrás de muchas conversaciones en Burdeos cuando Lafleur anunció ese paso. El hecho de que la finca haya comenzado a aportar agua este verano refuerza esa interpretación. Miles Davis, de Vinum Fine Wines, empresa que representa a Lafleur, explicó al medio británico que el objetivo es adelantarse al estrés hídrico y evitar que la vid entre en un estado de bloqueo.
Ese bloqueo impide a la planta absorber agua y también reduce su capacidad para enfriarse. La consecuencia puede ser la aparición de hojas quemadas y, más adelante, daños en la uva. Davis afirmó que ya hay señales de hojas quemadas en algunas partes de la denominación y sostuvo que 2026 está siendo más duro que 2025 y que otros años registrados hasta ahora. También indicó que en estas fechas lo habitual sería rondar los 30°C, unos diez grados menos.
La experiencia del año pasado pesa en esta discusión. En 2025, Pomerol autorizó el riego el 22 de julio. Para Lafleur y su entorno, esa decisión llegó tarde. Davis señaló que cuando se permitió regar “ya se había producido mucho daño” y añadió que, aunque las autoridades podrían conceder una autorización parecida dentro de poco por las condiciones extremas, existe el riesgo de que vuelva a ser insuficiente.
La forma en que Lafleur está aplicando el agua busca limitar la intervención directa sobre la planta. Según esa explicación, el agua se inyecta lejos de las raíces, entre las filas, para reproducir lo más posible una lluvia estival y evitar una dependencia fácil del aporte humano. El propósito inicial es reactivar el suelo y su actividad biológica para que después sea la propia vid la que tome el agua necesaria.
Omri Ram, jefe de bodega en Château Lafleur y responsable del viñedo en Château Grand Village, explicó que esa línea de trabajo responde a criterios agronómicos. La finca también prueba un sistema de nebulización con un cable plástico fino que emite una nube ligera de agua sobre varias filas. Según Davis, ese método puede reducir hasta 10°C la temperatura entre líneas. El viñedo cuenta además con once sensores para medir la humedad del suelo y otras lecturas científicas continuas sobre el estado sanitario de las plantas.
La discusión no se limita a una sola propiedad. The Drinks Business señala que varias fincas de Pomerol trabajan en propuestas para revisar las condiciones bajo las cuales podría autorizarse el riego y otras medidas adaptativas. Sin embargo, cualquier cambio encuentra resistencias dentro del propio sector.
Gavin Quinney, propietario de Château Bauduc y comentarista habitual sobre Burdeos, recordó al medio británico que pensar en regar no basta si no se resuelven cuestiones prácticas básicas. Puso como ejemplo Marlborough, en Nueva Zelanda, donde las viñas reciben durante el verano unos cuatro litros o más al día por término medio. Trasladar ese volumen a zonas como Saint-Émilion o Pomerol supondría encontrar mucha agua para parcelas con entre 6.500 y 8.000 cepas por hectárea. La pregunta inmediata es de dónde saldría esa agua y cómo se distribuiría.
A esa dificultad material se suma otra discusión técnica: si el problema principal en este momento es realmente la falta de agua o más bien el exceso de temperatura. Colin Hay, corresponsal en Burdeos del mismo medio, sostuvo que los acuíferos se recargaron bien durante el invierno y comienzos de primavera y consideró que autorizar riego tan pronto sería algo sin precedentes en estas denominaciones. En su opinión, en muchos casos todavía no haría falta regar a estas alturas del verano y la presión más inmediata sería térmica antes que hídrica, aunque esta última podría llegar después.
Por ahora no hay avances oficiales. Tras la asamblea general del Syndicat des AOC Bordeaux et Bordeaux celebrada el pasado 26 de junio, The Drinks Business pidió una valoración sobre posibles cambios normativos. Según recogió Vitisphere, el asunto del riego sigue siendo demasiado sensible como para cerrarlo por ahora.
Los viticultores franceses pueden solicitar una derogación para regar desde 2006. Pessac-Léognan obtuvo permiso en 2022 y también en 2025. Pomerol autorizó el año pasado un periodo entre el 20 de julio y el 15 de agosto para hacer frente a situaciones extremas y solo cuando fuera absolutamente necesario.
La presión sobre las denominaciones no nace solo del calor puntual de este verano. En su análisis previo sobre la cosecha 2025 antes de la campaña anual de venta anticipada en Burdeos, Colin Hay sostuvo que Pomerol sufrió más que otras grandes zonas del viñedo bordelés. Según ese análisis, los rendimientos quedaron incluso por debajo de los registrados en 2013 y cerca de un tercio por debajo del promedio ya menguante de los últimos diez años. Aun así, señaló que los vinos resultantes no mostraban con claridad en cata las condiciones de estrés hídrico sufridas por las plantas.
Ese precedente explica por qué cada decisión sobre riego tiene peso más allá del debate técnico. Para el sector del vino, cualquier flexibilización o mantenimiento estricto de las normas puede influir en los costes de producción, en los rendimientos por hectárea y en la regularidad cualitativa de cosechas cada vez más expuestas al calor extremo. También puede abrir un camino para otras AOC francesas si Burdeos termina aceptando autorizaciones más tempranas o sistemas nuevos para proteger la viña.
En ese escenario, Lafleur actúa como caso avanzado dentro de una región donde muchas bodegas observan con atención qué margen dejarán las denominaciones para adaptarse al nuevo clima sin alterar su marco histórico de producción. La discusión seguirá abierta durante las próximas semanas si las altas temperaturas continúan y si otras propiedades empiezan a pedir permisos antes del calendario habitual.
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