¿El alcohol moderado eleva el riesgo de morir por cáncer?

Un estudio en 26.694 estadounidenses no halla esa relación y sí la observa con el consumo elevado

Miércoles 24 de Junio de 2026

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Un estudio de Weill Cornell Medicine, en Nueva York, no ha encontrado una relación entre el consumo moderado de alcohol y la mortalidad por cáncer en una muestra de 26.694 estadounidenses seguidos durante una media de 13,3 años. El trabajo, publicado en mayo en Journal of General Internal Medicine, revisa una cuestión que ha ganado peso en Estados Unidos desde que el entonces cirujano general Vivek Murthy advirtiera en 2025 sobre los riesgos de cáncer asociados al alcohol.

La investigación analizó datos del estudio longitudinal REGARDS, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, que incorporó a más de 30.000 personas entre 2003 y 2007 y mantiene su seguimiento. Los autores definieron como bebedores moderados a las mujeres que declararon consumir entre cuatro y siete bebidas por semana y a los hombres que dijeron tomar entre cuatro y 14. En ese grupo no observaron un mayor riesgo de morir por cáncer que entre quienes no consumían alcohol.

La autora principal, Laura Pinheiro, profesora asociada de Investigación en Servicios de Salud en Weill Cornell Medicine, afirmó que el equipo esperaba encontrar un mayor riesgo de muerte por cáncer entre los consumidores moderados, a la vista de trabajos recientes incluidos en el informe del cirujano general de 2025. “Fue sorprendente que no observáramos una relación estadísticamente relevante entre el consumo moderado de alcohol y la muerte por cáncer”, señaló.

Los investigadores sostienen que uno de los objetivos era corregir limitaciones presentes en estudios anteriores que han servido de base para recomendaciones sanitarias recientes. Entre esos problemas citan ajustes insuficientes por factores que pueden alterar los resultados, como el tabaquismo, la situación socioeconómica o la dieta. En su análisis incorporaron correcciones por hábito tabáquico, actividad física, factores sociales y enfermedades previas como hipertensión, colesterol alto, diabetes, cardiopatías, ictus u obesidad.

Pinheiro explicó además que el seguimiento prolongado permitió captar efectos a largo plazo. Parte de los participantes fueron observados durante más de 20 años. A juicio del equipo, esa duración refuerza la solidez del análisis.

El estudio también encontró que las personas con consumo ligero, definido como hasta tres bebidas por semana, presentaron un menor riesgo de morir por cáncer que los abstemios. Los autores apuntan que este resultado puede estar influido porque parte de quienes no bebían habían dejado el alcohol por problemas de salud previos. Aun así, tras los ajustes estadísticos esa asociación se mantuvo.

En cambio, sí apareció una relación clara con el consumo elevado. En la población analizada, se consideró bebedoras intensivas a las mujeres que declararon ocho o más bebidas semanales y a los hombres con 15 o más. Frente a los consumidores moderados, ese grupo registró un riesgo aproximadamente un 57% mayor de morir por cáncer durante el periodo posterior de seguimiento.

El trabajo tiene límites que sus propios autores reconocen. Se trata de un estudio observacional, por lo que puede mostrar asociaciones pero no probar una relación directa de causa y efecto. Pinheiro admitió que siempre quedan factores sin medir y que es imposible controlar todos los elementos vinculados al consumo de alcohol y al cáncer.

Otra limitación es que los datos sobre mortalidad solo recogían si la persona había muerto por cáncer, sin información sobre tipo tumoral, estadio, tratamiento o cribado. Erikka Loftfield, investigadora del Queensland Institute of Medical Research Berghofer en Brisbane y especialista en la relación entre alcohol y cáncer, subrayó que esa carencia es especialmente relevante en tumores asociados al alcohol como el de mama o el colorrectal.

Loftfield añadió que el principal factor que suele alterar este tipo de análisis es el tabaquismo. También recordó que los hábitos de consumo solo se registraron una vez, al inicio del estudio, entre 2003 y 2007. Eso impide saber si los participantes cambiaron después su forma de beber, incluso tras un aviso médico o un problema oncológico.

Los autores piden interpretar los resultados dentro del conjunto de hábitos de vida y no aislar un solo comportamiento. Pinheiro sostuvo que no existe una medida simple para prevenir el cáncer y defendió una visión más amplia que incluya alimentación, ejercicio físico, tabaquismo y relaciones sociales.

La investigadora también apuntó a otra línea de trabajo: el aumento del cáncer colorrectal entre adultos jóvenes en Estados Unidos. Según recordó, este tumor afecta a cerca de una de cada 26 mujeres y a uno de cada 25 hombres. Citó además datos del Cancer Research Institute según los cuales su incidencia en menores de 50 años aumenta cerca del 3% al año y ya es la principal causa de muerte por cáncer entre adultos jóvenes.

Para el sector de bebidas, este estudio puede influir en un debate con efectos regulatorios y comerciales en Estados Unidos y otros mercados internacionales. La investigación no cuestiona el vínculo observado con el consumo elevado ni sustituye las recomendaciones médicas individuales, pero sí introduce matices sobre el consumo moderado en un momento en que las advertencias sanitarias sobre el alcohol tienen impacto directo en etiquetado, mensajes publicitarios y percepción del consumidor.

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