Lunes 22 de Junio de 2026
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El sector del vino reivindicó este viernes, 19 de junio, el peso del enoturismo en la hostelería, la restauración y el empleo en el medio rural durante un encuentro celebrado en el hotel Eurostars Madrid Tower. En la jornada participaron el director financiero de Bodegas Muga, Eduardo Muga, y el consejero delegado de Alma Carraovejas, Pedro Ruiz Aragoneses, en una conversación moderada por Arturo Criado, subdirector de El Español y director de Invertia.
Ambos directivos defendieron que las visitas a bodegas ya no se limitan a una actividad complementaria del negocio vinícola, sino que se han convertido en un motor cultural, económico y social para muchas zonas productoras. A su juicio, este modelo ayuda a dinamizar el entorno rural, crear empleo, repartir mejor la demanda turística a lo largo del año y generar propuestas ligadas a la identidad de cada territorio.
Eduardo Muga explicó que las bodegas han pasado de ser instalaciones centradas solo en la producción a funcionar también como destinos turísticos. “Una bodega deja de ser solo un espacio de producción cuando abre sus puertas y permite entender todo lo que hay detrás de una botella”, afirmó. En el caso de Bodegas Muga, señaló que los visitantes buscan conocer una tradición familiar de casi un siglo y oficios como su tonelería propia, vinculados al paisaje de Rioja Alta y al Barrio de la Estación.
Pedro Ruiz Aragoneses sostuvo que el viajero que llega a Alma Carraovejas busca “autenticidad y territorio”. En su intervención, aseguró que el efecto del enoturismo está en su capacidad para convertir un territorio rural en un destino propio, con el vino como eje de una experiencia gastronómica, cultural y emocional ligada al lugar.
Durante el acto intervino también el presidente de Grupo Hotusa, Amancio López, que situó la historia, la cultura y la tradición entre los elementos que diferencian la oferta europea y los vinculó con una actividad turística conectada con el paisaje y la identidad local.
Muga y Ruiz Aragoneses coincidieron en que el futuro del sector pasa por profesionalizar los servicios sin perder autenticidad ni cercanía. Ruiz Aragoneses advirtió de que esta actividad no debe tratarse como una simple atracción turística, sino como un viaje cultural y humano. Ambos defendieron además una idea amplia de la hospitalidad, en la que se integran el paisaje, la arquitectura, el origen del vino y la atención personalizada.
Otro de los asuntos centrales fue el efecto económico sobre las zonas rurales. Los dos empresarios sostuvieron que el turismo vinculado al vino actúa como palanca para hoteles, restaurantes y proveedores locales, al tiempo que contribuye a fijar población y ofrece una vía de desarrollo más equilibrada para estos territorios.
En relación con la proyección exterior del sector, Eduardo Muga recordó que su empresa opera en más de 84 países y afirmó que España ocupa una posición muy favorable por el prestigio internacional de sus regiones vitivinícolas. A su juicio, la prioridad no pasa por copiar modelos ajenos, sino por reforzar lo propio de cada zona productora, desde el origen hasta la artesanía.
Ruiz Aragoneses añadió que parte de la demanda actual valora menos el lujo material y más una experiencia vinculada al tiempo, la artesanía y los elementos intangibles del territorio. En esa misma línea, ambos coincidieron en presentar el vino como uno de los grandes activos económicos y culturales del país.
Muga afirmó que este sector genera riqueza, conserva patrimonio y proyecta identidad fuera de España. Ruiz Aragoneses subrayó por su parte que el territorio no se puede deslocalizar y sostuvo que, si se mantiene el respeto al entorno, España puede afianzarse entre los principales referentes mundiales en experiencias de enoturismo.
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