Miércoles 17 de Junio de 2026
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Las Termas de Tapalqué, situadas a poco más de tres horas de la Ciudad de Buenos Aires, refuerzan su propuesta de bienestar con una vertiente ligada al cuidado de la piel y a los tratamientos complementarios de salud. La dermatóloga Karina Saizar analizó los efectos de las aguas termales sobre la barrera cutánea y el bienestar general, en un momento en el que este complejo se consolida como uno de los polos termales más recientes de la provincia de Buenos Aires.
El recinto se extiende sobre 17 hectáreas y combina un entorno natural amplio con instalaciones orientadas al descanso. El complejo dispone de piscinas termales cubiertas y de una oferta de bienestar que incluye jacuzzi, hidrojet, cuellos de cisne y asientos ergonómicos. Todo ello se integra en una estructura vidriada en torno a la llamada Plaza de Agua, con propuestas gastronómicas y comerciales.
Saizar sostiene que las aguas termales pueden ser un complemento útil para el cuidado dermatológico. “Las aguas termales poseen propiedades antiinflamatorias, calmantes e hidratantes que contribuyen a fortalecer la barrera cutánea, reducir el enrojecimiento y aliviar síntomas como la picazón y la irritación”, afirma la especialista.
La dermatóloga añade que la presencia de minerales favorece los procesos naturales de reparación de la piel, mejora la hidratación y aporta efectos que también se trasladan al bienestar del organismo. En esa línea, señala que la balneoterapia, entendida como los tratamientos realizados mediante baños o aplicaciones de agua mineralizada, puede resultar beneficiosa en afecciones dermatológicas crónicas como psoriasis, dermatitis atópica y eccemas, además de en procesos de recuperación de quemaduras o irritaciones cutáneas.
“La combinación de minerales como el magnesio, el calcio y el azufre favorece la reparación de los tejidos y reduce la inflamación. Además, el entorno de relajación ayuda a disminuir el estrés, un factor que muchas veces agrava las enfermedades de la piel”, explica Saizar.
La especialista remarca, no obstante, que los tratamientos termales no sustituyen las terapias dermatológicas prescritas por un médico. Su papel, precisa, es el de complemento y debe estar acompañado de supervisión profesional.
Según detalla Saizar, las aguas termales de alta mineralización pueden aportar beneficios más allá del ámbito dermatológico. Entre ellos cita la estimulación de funciones orgánicas y metabólicas, la mejora de la circulación sanguínea y linfática y la contribución a los procesos de cicatrización y reparación tisular.
En el terreno médico, estas aguas suelen emplearse como apoyo en el tratamiento de enfermedades respiratorias como sinusitis, rinitis, bronquitis crónica y cuadros asmáticos. También se utilizan como complemento en patologías reumatológicas como artrosis, fibromialgia, tendinopatías y procesos de recuperación postraumáticos o postquirúrgicos.
A ello se suman los trastornos dermatológicos, entre ellos psoriasis, eccemas, quemaduras y efectos secundarios derivados de tratamientos oncológicos. Saizar añade que, bajo indicación médica, estas aguas pueden formar parte de programas destinados a mejorar determinadas afecciones metabólicas e intestinales vinculadas con la digestión, el colesterol o la resistencia a la insulina.
La dermatóloga también pone el foco en los cuidados posteriores a la estancia en las termas. A su juicio, la exposición a las aguas termales favorece la hidratación y el bienestar de la piel, por lo que conviene acompañar esa experiencia con rutinas que ayuden a prolongar sus efectos.
En ese sentido, recomienda tratamientos hidratantes y reparadores, así como productos formulados con ingredientes calmantes como ácido hialurónico, pantenol, aloe vera o agua termal. Estos productos, explica, pueden contribuir a reforzar la barrera cutánea y mantener la sensación de confort tras el baño.
Saizar aconseja además evitar después de una jornada termal procedimientos agresivos como exfoliaciones intensas o peelings, sobre todo en personas con piel sensible o con afecciones dermatológicas. En esos casos, considera preferible priorizar rutinas centradas en la recuperación, la nutrición y la protección cutánea.
La especialista subraya igualmente la necesidad de una evaluación previa en personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes, embarazo, problemas respiratorios o tratamientos farmacológicos específicos. En este punto, el complejo cuenta con un servicio gratuito de enfermería para orientar a los visitantes sobre el uso adecuado de las instalaciones.
Desde el área turística local, la directora de Turismo de Tapalqué, Lala Baccioco, avanza que el objetivo es organizar encuentros con especialistas para reforzar el valor de la experiencia termal. “Queremos generar espacios de encuentro donde los visitantes no solo disfruten de las termas, sino que también tengan la posibilidad de conocer más sobre los beneficios de las aguas termales y recibir orientación de profesionales especializados, como dermatólogos y otros expertos relacionados con la salud y la calidad de vida”, señala.
El desarrollo de las Termas de Tapalqué parte de una iniciativa de la Municipalidad de la localidad junto con el Servicio Geológico Minero Argentino, SEGEMAR. Ambas entidades comenzaron los estudios en 2005 y, tras confirmar la existencia de aguas termales, avanzaron en la construcción del parque termal.
Las aguas emergen desde una profundidad de 441 metros y presentan una temperatura que oscila entre 26°C y 39°C. Están clasificadas como cloruradas, sódicas, cálcicas y magnésicas, con fuerte mineralización, unas características que, según sus responsables, las hacen adecuadas para propuestas de salud y bienestar.
Con esa combinación de instalaciones modernas, entorno natural y aguas mineralizadas, Tapalqué busca afianzarse como una alternativa para quienes buscan descanso, enoturismo de bienestar y tratamientos complementarios de salud en la provincia de Buenos Aires.
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