Sábado 13 de Junio de 2026
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Los humedales, reconocidos por la Convención Ramsar y organismos científicos internacionales, son "esponjas" que regulan agua, almacenan carbono y enriquecen paisajes. Su integración en estrategias enoturísticas garantiza seguridad hídrica, valor económico y experiencias regenerativas que posicionan a los destinos enoturísticos en la agenda global de sostenibilidad.
Los humedales son auténticas "esponjas" que almacenan agua y filtros que la purifican. Constituyen infraestructuras naturales críticas en territorios vitivinícolas y turísticos: regulan el recurso hídrico, moderan el clima, sostienen la biodiversidad y aportan valor económico y social directo al turismo sostenible.
La Convención de Ramsar (Convention on Wetlands) es el tratado intergubernamental que establece el marco global para la conservación y el "uso racional" de los humedales. Promueve acciones locales, nacionales e internacionales que reconocen a estos ecosistemas como soluciones basadas en la naturaleza, esenciales para el clima, la biodiversidad y el bienestar humano, vinculando su gestión con el desarrollo sostenible y el turismo responsable.
El International Institute for Sustainable Development (IISD), en el marco del Día Mundial de los Humedales, subraya que los humedales bien gestionados sostienen actividades de enoturismo y ecoturismo al ofrecer paisajes de alto valor escénico, observación de fauna, educación ambiental y resiliencia frente a riesgos climáticos que amenazan destinos turísticos.
El Nature-Based Infrastructure – Wetlands (IISD NBI Global Resource Centre) reconoce a los humedales como infraestructura natural: actúan como "esponjas" que almacenan agua en eventos extremos, regulan caudales, protegen de inundaciones, almacenan carbono y generan beneficios económicos para comunidades y sectores como el turismo y la agricultura.
Organizaciones científicas como WWT y Point Blue Conservation Science destacan su rol desproporcionado en el ciclo global del carbono, su capacidad de depurar agua, amortiguar extremos climáticos y servir como "estaciones de servicio" para aves migratorias, incrementando el atractivo para el turismo de naturaleza y la educación ambiental.
En territorios enoturísticos sometidos a estrés hídrico y baja precipitación anual, los humedales remanentes y las áreas de recarga son infraestructuras naturales estratégicas para la resiliencia del destino. Estos ecosistemas regulan la disponibilidad y calidad del agua, reducen el impacto de sequías e inundaciones repentinas, almacenan carbono y sostienen una alta diversidad biológica, aportando beneficios directos a la viña, a las comunidades locales y a la experiencia turística.
Integrar la protección, restauración y manejo responsable de humedales en los planes de desarrollo enoturístico —siguiendo el enfoque de "uso racional" de la Convención Ramsar y la agenda global de soluciones basadas en la naturaleza— es una condición clave para garantizar la viabilidad a largo plazo de la vitivinicultura, la seguridad hídrica y la competitividad de los destinos del vino en contextos de cambio climático.
"Invertir en la protección y restauración de humedales no es un gasto, sino una estrategia inteligente: asegura agua, fortalece la vitivinicultura, impulsa el turismo sostenible y convierte a los territorios en modelos de resiliencia y competitividad frente al cambio climático."
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