Martes 12 de Mayo de 2026
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El gasto en vino en Estados Unidos superó los 115.000 millones de dólares en 2025, pero el sector sigue inmerso en una caída del consumo que obliga a bodegas y distribuidores a ajustar su negocio. Así lo recoge el informe 2026 BMO Wine Market Report, que describe un mercado con más valor por el alza de precios, pero con menos volumen vendido y con una oferta que se está reduciendo, sobre todo en California, principal zona productora del país.
El estudio señala que el valor del mercado subió un 3% en 2025, mientras que el volumen total volvió a bajar por otro año consecutivo. La lectura de BMO es clara: el aumento de precios sostiene la facturación, pero no corrige la pérdida de consumidores ni el menor ritmo de compra. La entidad habla de un reajuste del sector, no de una pausa temporal.
La situación también se nota en la producción. En menos de una década, el vino que entra en el mercado estadounidense desde California ha caído cerca de un 25%. El informe vincula ese descenso a vendimias más cortas, a la retirada de viñedos y a una adaptación del sector a una demanda más débil. La cosecha californiana de 2025 fue una de las más pequeñas desde finales del siglo pasado.
Adam Beak, director general y responsable de vino y bebidas espirituosas de BMO, afirma en el informe que “lo que vemos no es una pausa, es un reajuste”. Según explica, los precios más altos mantienen el valor del mercado, pero ocultan una bajada estructural del consumo. Añade que menos personas beben vino y lo hacen con menos frecuencia, mientras cambian los canales de venta y la venta directa al consumidor pierde fuerza.
Tony Sciarrino, responsable de BMO Commercial Bank en Estados Unidos, apunta que muchas bodegas trabajan bajo presión por la demanda más floja, los mayores costes y los cambios en la distribución. A su juicio, las empresas del sector deben adaptar su forma de operar para mantener su actividad.
El informe recoge que las ventas directas desde bodega cayeron un 15% en volumen hasta 5,4 millones de cajas y un 6% en valor hasta 3.700 millones de dólares. También indica que casi una cuarta parte de las bodegas encuestadas perdió a su distribuidor principal, lo que acelera un cambio hacia modelos en los que las propias bodegas asumen más ventas y dejan al mayorista como pieza logística.
La presión no afecta igual a todas las categorías. En 2025 crecieron los vinos aromatizados un 12%, mientras que el volumen del espumoso bajó un 3%. El vino tranquilo tradicional sigue perdiendo terreno frente a otras bebidas y formatos. El informe también señala que las marcas blancas y las referencias exclusivas para cadenas ganan peso en el mercado.
Pese a este escenario, el sector mantiene cierto optimismo. El 71% de las bodegas consultadas cree que la industria estadounidense se estabilizará o recuperará en los próximos tres años. Un 38% piensa incluso que ese cambio puede llegar antes. El estudio interpreta esa visión como una señal de ajuste interno más que como una ruptura definitiva.
La edición de este año amplía además la base analítica del informe con la incorporación de Baker Tilly junto a WineBusiness Analytics y bw166. La combinación de datos económicos, operativos y encuestas a bodegas busca ofrecer una visión más completa del mercado estadounidense en un momento marcado por cambios demográficos, presión sobre precios y alteraciones en la distribución.
BMO sitúa este periodo como una fase con menos bodegas, menos inventario sobrante y cosechas más cortas. También apunta a más pruebas con precios, envases y canales de venta. En ese escenario, algunas empresas están reforzando sus líneas para cadenas minoristas o clubes de compra, mientras otras tratan de reducir stock mediante canales secundarios o promociones puntuales.
El informe se elaboró con datos económicos y una encuesta nacional realizada entre el 26 de enero y el 2 de marzo de 2026 entre bodegas estadounidenses de distintos tamaños, regiones y niveles de precio. La entidad financiera recuerda que su grupo especializado en vino y bebidas espirituosas trabaja desde Napa con productores, distribuidores y empresas auxiliares del sector, mientras Baker Tilly aporta servicios fiscales y de asesoría para bodegas y viñedos.
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