Jueves 30 de Abril de 2026
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La inflación en Italia volvió a subir en marzo hasta el 1,7% interanual, impulsada por la energía y por el encarecimiento de los alimentos. En ese escenario, el vino siguió en terreno negativo y registró una caída de precios al consumo del 2,1% respecto al mismo mes del año anterior, según el análisis difundido por Unione Italiana Vini.
La organización sitúa este comportamiento dentro de una evolución desigual del mercado. Mientras el conjunto de las bebidas alcohólicas bajó un 1,2%, el vino amplió su descenso y mantuvo una tendencia que ya venía observándose en meses anteriores. El dato contrasta con el aumento general de los precios y con la subida del llamado carrito de la compra, que avanzó un 2,2%.
Unione Italiana Vini atribuye esta evolución a una demanda más frágil y selectiva, además de a la presión promocional en la gran distribución organizada. Según su análisis, las etiquetas de gama media son las más expuestas a la guerra de precios y tienen menos protección que los vinos premium.
La patronal también señala un problema para las bodegas: la dificultad para trasladar al consumidor final los mayores costes de producción, logística y energía acumulados en los últimos años. Esa limitación mantiene al vino en una dinámica deflactiva en el consumo, incluso en un momento en que otros bienes básicos siguen encareciéndose.
El informe se apoya en datos publicados en Il Corriere Vinicolo y pone el foco en un mercado donde el precio sigue siendo un factor central de compra. Para el sector, la evolución de marzo confirma que la recuperación del valor en lineal sigue sin llegar a buena parte de las referencias más vendidas.
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