Uruguay eleva el vino a cultura viva

El Gobierno impulsa una reconversión del viñedo para ganar valor añadido y reforzar su proyección exterior

Miércoles 29 de Abril de 2026

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Uruguay ha reconocido formalmente el vino como una “cultura viva” mediante una iniciativa entre varios ministerios que busca unir política cultural, estrategia sectorial y diplomacia internacional. El programa pretende ampliar la forma en que el país entiende su sector vitivinícola, no solo como actividad económica, sino también como parte de su patrimonio, su identidad y sus comunidades.

La declaración se firmó el 22 de abril en el Palacio Santos de Montevideo entre el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Educación y Cultura y el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI). En el acto participaron unas 200 personas, entre miembros del cuerpo diplomático, autoridades y representantes institucionales. El documento, llamado Declaración de Palacio Santos, fija la intención de desarrollar una agenda común a largo plazo entre distintas áreas del Estado.

El plan, que lleva por nombre Vitivinicultura como Cultura Viva del Uruguay, busca cambiar la mirada sobre el vino uruguayo. La idea es que deje de verse solo como producción y exportación y pase a entenderse también como un sistema cultural ligado al paisaje, la memoria, el trabajo rural y la vida local. Según INAVI, la iniciativa quiere dar una base institucional a esa visión y coordinar acciones con bodegas, viticultores y comunidades.

Diego Spinoglio, presidente de INAVI, explicó a The Drinks Business que Uruguay quiere proyectar esta agenda al exterior mediante diplomacia cultural e intercambio de buenas prácticas. Añadió que el programa solo podrá crecer si se construye de forma compartida, con legitimidad cultural, arraigo territorial y colaboración entre instituciones. INAVI asumirá la coordinación técnica y sectorial para conectar a los distintos actores del vino con las líneas del plan.

La iniciativa cuenta también con el respaldo de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Su director general, John Barker, afirmó que Uruguay es un miembro valorado desde hace años dentro de la organización y expresó su satisfacción por este compromiso institucional con la cultura del vino en un país con una larga tradición vitivinícola. Señaló además que el trabajo de la OIV sobre patrimonio cultural puede servir a este proyecto y que la organización también puede aprender de la experiencia uruguaya.

El anuncio se enmarca en un cambio más amplio impulsado por la nueva dirección de INAVI. El organismo está promoviendo una reconversión importante del viñedo uruguayo para reducir la dependencia de variedades de alto rendimiento orientadas al volumen, como Moscatel de Hamburgo y Ugni Blanc, y sustituirlas por uvas asociadas a vinos premium como Tannat y Albariño. La meta es reforzar la orientación hacia vinos con más valor añadido y más presencia en mercados exteriores.

Nicolás Monforte, vicepresidente de INAVI, señaló que el plan podría llevar a replantar unas 1.000 hectáreas en cinco años, cerca de una quinta parte del viñedo del país. Sería el mayor periodo de reconversión desde los años noventa. Monforte explicó que el objetivo es reducir la dependencia del vino de mesa para el mercado interno y avanzar hacia vinos premium para exportación, con apoyo técnico para cambiar las plantaciones e inversión en innovación en bodega.

Más del 70% del viñedo uruguayo está en manos de explotaciones familiares de menos de 10 hectáreas. Por eso, las autoridades vinculan esta estrategia con la viabilidad económica del sector a medio plazo. El Gobierno quiere combinar esa mejora productiva con la protección del patrimonio vitivinícola que ahora pasa a formar parte oficial de su política cultural.

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