Lunes 20 de Abril de 2026
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La distribución de bebidas alcohólicas en Estados Unidos funciona con reglas distintas a las de otros productos de consumo, y esa diferencia responde a un diseño legal que busca limitar el control de un solo actor sobre el mercado. El caso reciente del cambio de proveedor de refrescos en Marriott International, que pasó de Pepsi a Coca-Cola en casi 10.000 hoteles, sirve para ver cómo operan los contratos centralizados en el sector de las bebidas sin alcohol. En vino y destilados, ese modelo no se aplica del mismo modo.
La asociación estadounidense Wine & Spirits Wholesalers of America explicó el 16 de abril en Washington que la estructura actual del alcohol en ese país combina exigencias federales con normas estatales y que esa combinación sigue siendo importante para la elección del consumidor, la estabilidad del mercado y la supervisión pública. Según la organización, el sistema se diseñó así tras la Ley Seca para evitar que productores o minoristas concentren demasiado poder.
Ese esquema se conoce como sistema de tres niveles. En él, los productores no pueden controlar de forma directa el acceso a bares, restaurantes o tiendas. Los mayoristas independientes compiten para representar distintas marcas y también para colocar esos productos en los puntos de venta. Los minoristas, por su parte, eligen qué referencias ofrecen según la demanda de sus clientes.
La diferencia con otros bienes de consumo está en que, en el alcohol, la rivalidad comercial no termina cuando se firma un contrato. En las bebidas sin alcohol, una cadena puede cerrar un acuerdo exclusivo con un proveedor y aplicarlo en todos sus locales. En vino y destilados, las reglas impiden que una marca obligue a un establecimiento a vender solo sus productos o a mantener una compra más allá de una operación concreta.
WSWA sostiene que estas limitaciones protegen a productores familiares y medianos, además de dar margen a miles de comercios independientes. También afirma que el sistema favorece una oferta más amplia en estanterías y cartas, sin depender del tamaño del presupuesto publicitario o comercial de cada marca.
La patronal advierte, además, de que el mercado de bebidas alcohólicas atraviesa un momento con menor consumo, cambios en las preferencias del público, presión sobre los inventarios y más concentración entre algunos fabricantes. En ese escenario, cualquier reforma del modelo tendría efectos sobre la forma en que se reparte el producto y sobre las condiciones de acceso al mercado.
Para la organización, el sistema de tres niveles sigue siendo uno de los elementos que aportan equilibrio al sector porque reparte funciones entre productores, distribuidores y minoristas. Más de 90 años después de su creación, sostiene WSWA, esa estructura continúa marcando cómo se vende alcohol en cada estado y comunidad del país.
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