El vino italiano entra en crisis por la caída del consumo y los aranceles en Estados Unidos

Las exportaciones bajan un 3,7% en 2025 y el sector acumula 60 millones de hectolitros sin vender

Martes 14 de Abril de 2026

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El vino italiano atraviesa una fase de presión por la caída del consumo, los aranceles en Estados Unidos y el aumento de los costes de producción. El diagnóstico se puso sobre la mesa en Vinitaly, en Verona, durante el encuentro “Vino sotto esame: diagnosi e terapia di un settore in mutamento”, organizado por el Consorzio Tutela Morellino di Scansano junto con oscarwine.

Livio Buffo, fundador de oscarwine, describió la situación como una crisis profunda y habló de una “tempestad perfecta”. Según su análisis, al encarecimiento del vidrio y los embalajes tras la guerra en Ucrania se suman los efectos de los aranceles en el mercado estadounidense, el avance del Italian Sounding y el cambio en los hábitos de consumo.

Los datos del Observatorio Uiv, basados en cifras de Istat, confirman la pérdida de ritmo. En 2025, las exportaciones de vino italiano se situaron en 7.780 millones de euros, un 3,7% menos que el año anterior. En volumen, las ventas al exterior bajaron a 21 millones de hectolitros, con un descenso del 1,9%.

El mercado de Estados Unidos es uno de los más afectados. Tras la entrada en vigor de los aranceles en agosto de 2025, las ventas en valor cayeron un 9,1%. La senadora Silvia Fregolent cifró en unos 300 millones de euros las exportaciones perdidas durante ese año y señaló caídas de hasta el 28% en algunas categorías, como los tintos tranquilos.

La presión no se limita al comercio exterior. Italia sigue siendo el primer productor mundial, con más de 47 millones de hectolitros, pero el sector gestiona cerca de 60 millones de hectolitros sin vender. Esa acumulación añade tensión a bodegas y distribuidores y obliga a ajustar precios y planes comerciales.

Coldiretti calcula además que el Italian Sounding resta alrededor de 2.000 millones de euros al potencial exportador del vino italiano cada año. El uso de nombres, imágenes o referencias que imitan productos italianos sigue afectando a la presencia real del vino del país en varios mercados.

En el plano político y regulatorio, Gian Marco Centinaio, vicepresidente del Senado, señaló las diferencias normativas dentro de la Unión Europea como otro factor que eleva los costes para las empresas y complica las ventas incluso dentro del mercado comunitario. También pidió cautela ante posibles acuerdos con Mercosur y Australia por sus efectos sobre el sector.

A esa presión económica se suma un cambio en los hábitos de consumo. Buffo vinculó la caída de la demanda a nuevos estilos de vida y a una mayor atención a la salud. Massimo Ciccozzi recordó que el consumo moderado no equivale a ausencia total de riesgo y subrayó la necesidad de separar el abuso del consumo responsable.

El debate también llegó al terreno sanitario y social. Roberto Gualtieri explicó que las normas más recientes del Código de la circulación y el uso más extendido del etilómetro han ayudado a reducir conductas peligrosas al volante, aunque insistió en que la educación preventiva sigue siendo necesaria.

En Verona quedó así una imagen clara: el vino italiano lidia al mismo tiempo con barreras comerciales, presión normativa, cambios en la demanda y problemas reputacionales. El sector busca ahora fórmulas para sostener su posición exterior sin perder margen ni mercado interno.

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