Miércoles 04 de Febrero de 2026
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Cinco bodegas de la Denominación de Origen Terra Alta —Bàrbara Forés, Celler Piñol, Edetària, Herència Altés y LaFou Celler— se reunieron este martes, 3 de febrero, en la Barcelona Wine Week 2026 para celebrar una cata-presentación bajo el título “Una nueva mirada al legado: cómo la Terra Alta revive su viticultura”. El encuentro puso el foco en la Garnacha Blanca, considerada la variedad más representativa de la zona, y sirvió para abrir un diálogo entre tradición y futuro en la elaboración de vinos de guarda.
La sesión, moderada por la periodista y sumiller Ruth Troyano, reunió a Ramon Roqueta (LaFou Celler), Núria Altés (Herència Altés), Joan Àngel Lliberia (Edetària), Juanjo Galcerà (Celler Piñol) y Carmen Ferrer (Bàrbara Forés). Todos ellos compartieron el objetivo de posicionar la Garnacha Blanca de la Terra Alta a nivel internacional y profundizar en el conocimiento de la variedad para crear vinos de gran expresión. Durante la cata, se subrayó el valor del trabajo colaborativo y la importancia de los suelos, especialmente los de tipo panal, en el carácter de los vinos.

Uno de los aspectos más singulares de la cata fue la selección de añadas históricas de Garnacha Blanca, con vinos de 8, 9 y hasta 10 años de evolución, algunos de los cuales ya no están disponibles en el mercado. Esta oportunidad permitió comprobar la capacidad de guarda de la variedad y observar cómo el paso del tiempo armoniza los vinos, que mantienen profundidad, tensión, complejidad aromática y frescura, además de matices propios según el origen, el suelo y el estilo de vinificación de cada bodega.
Ruth Troyano destacó la importancia de proyectar internacionalmente la relación entre Garnacha Blanca y Terra Alta, y recordó que la primera documentación escrita sobre esta variedad en la zona data del siglo XVII. La cata comenzó con L’Avi Arrufí 2018 de Celler Piñol, donde Juanjo Galcerà defendió la calidad de las garnachas blancas y la necesidad de confiar en el producto local. A continuación, Ramon Roqueta presentó LaFou Els Amelers 2017 y puso en valor la diversidad de suelos de la zona, todos con alto contenido calcáreo, y la búsqueda de frescura y elegancia en sus vinos.
Núria Altés, con La Serra Blanc 2017 de Herència Altés, habló de la responsabilidad de abanderar la Garnacha Blanca como homenaje a las generaciones anteriores y resaltó la versatilidad de la variedad, que permite vinificaciones muy distintas. Carmen Ferrer, con El Quintà 2017 de Bàrbara Forés, subrayó la necesidad de una agricultura menos extractiva ante la sequía y el cambio climático, y la importancia de preservar el paisaje y la biodiversidad. Por último, Joan Àngel Lliberia presentó Edetària 2016 (mágnum) y explicó cómo el clima extremo y los suelos calcáreos de la Terra Alta aportan notas características a los vinos, siendo la Garnacha Blanca una de las pocas variedades que presenta este perfil.
Durante la presentación, los cinco elaboradores coincidieron en la profunda vinculación de la Garnacha Blanca con la Terra Alta y sus suelos, así como en la importancia de una viticultura respetuosa y fiel al legado heredado. Se insistió en la necesidad de reinterpretar las prácticas tradicionales con una visión contemporánea y apostar por vinos de largo recorrido. Los participantes señalaron también el reto de posicionar la Garnacha Blanca de la Terra Alta entre los grandes vinos blancos de referencia, en un mercado cada vez más complejo y marcado por el cambio climático, y la importancia de comunicar este valor de forma conjunta en los distintos mercados.
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