Viernes 23 de Enero de 2026
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El vino que se sirve en terrazas y restaurantes de España está ganando importancia como motor para las exportaciones del sector. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de ICEX España, entre el 15% y el 20% del consumo total de vino en el país corresponde a visitantes internacionales. Este fenómeno tiene un efecto directo en las ventas exteriores, ya que los turistas que prueban un vino español durante sus vacaciones tienen un 34% más de probabilidades de buscarlo y comprarlo después en su país de origen.
Este comportamiento se traduce en un impulso para la balanza comercial española. España mantiene un superávit comercial en vino superior a los 2.800 millones de euros, según los últimos registros oficiales. El papel del turismo, especialmente el enoturismo, es clave en este proceso. Las rutas por zonas como Rioja, Ribera del Duero o Priorat no solo generan ingresos directos por las visitas, sino que también crean vínculos emocionales entre los visitantes y los vinos que prueban. Laura Martínez, analista de ICEX, explica que “un alemán que cató un crianza en una bodega de La Rioja tiene un recuerdo sensorial que lo llevará a pedir ese mismo vino en su tienda especializada”.
Los datos por mercados muestran una relación clara entre turismo y exportaciones. Estados Unidos es el principal cliente del vino español por valor, con compras superiores a los 500 millones de euros anuales. Además, es el tercer país emisor de turistas hacia España. Una tendencia similar se observa con Reino Unido y Alemania, donde el aumento de viajeros coincide con una mayor demanda de vinos españoles premium en sus mercados.
El sector considera que el enoturismo funciona como un showroom experiencial. Cada visita a una bodega o cada copa servida puede convertirse en una venta futura fuera de España. Sin embargo, existen obstáculos para medir con precisión este impacto. No hay datos oficiales consolidados que relacionen directamente el consumo turístico con las exportaciones específicas por país o tipo de vino. Además, las bodegas y asociaciones piden políticas coordinadas para unir la promoción turística con la comercialización internacional del vino, aprovechando la imagen positiva de la marca España.
Algunas iniciativas buscan reforzar este vínculo entre experiencia turística y exportación. Por ejemplo, varias bodegas han comenzado a incluir códigos QR en sus etiquetas para facilitar la compra online desde el extranjero. También se están desarrollando programas de fidelización que comienzan durante la visita a la bodega y continúan cuando el turista regresa a su país.
En cuanto al consumo nacional, España mantiene cifras moderadas si se compara con otros grandes productores europeos. El consumo interno ronda los 23 litros por habitante y año. Aunque España es el tercer productor mundial, con unos 31,5 millones de hectolitros previstos para 2025, su consumo per cápita sigue siendo bajo respecto a Francia o Italia. Los informes del sector prevén un ligero repunte interanual del 2% en el volumen total nacional hacia principios de 2025, alcanzando los 9,9 millones de hectolitros.
El sector vitivinícola español observa cómo cada copa servida a un visitante internacional puede convertirse en una oportunidad para abrir nuevos mercados y consolidar la presencia del vino español fuera del país. La integración entre turismo y estrategia exportadora aparece como uno de los caminos preferentes para mantener e impulsar este crecimiento en los próximos años.
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