La brecha ESG que amenaza el futuro competitivo del Enoturismo

“La agenda ESG redefine la competitividad y exige nuevas métricas de impacto social y ambiental.”

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Viernes 16 de Enero de 2026

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La industria vitivinícola, al igual que otros sectores agroalimentarios globales, atraviesa una transformación profunda impulsada por la creciente conciencia sobre la sostenibilidad y la responsabilidad social. Consumidores, inversores y reguladores exigen cada vez más transparencia y compromiso con prácticas que reduzcan el impacto ambiental, promuevan el bienestar social y garanticen una gestión ética y trazable en toda la cadena de valor.

Estudios recientes sobre sostenibilidad en bodegas muestran que la demanda de turistas y consumidores jóvenes está cada vez más ligada a credenciales ESG verificables (gestión del agua y del clima, empleo digno, conservación del paisaje), y que las empresas sin capacidades para medir y reportar estos indicadores quedan en desventaja frente a competidores que sí los integran en su propuesta turística y comercial. Esta brecha no solo afecta la percepción de marca, sino también el acceso a canales de comercialización, certificaciones y redes de turismo responsable.​

La vitivinicultura enfrenta déficits ESG en tres ámbitos interdependientes:

Gestión ambiental avanzada: muchos equipos dominan la agronomía tradicional, pero carecen de competencias en análisis de ciclo de vida, huella de carbono y huella hídrica, monitoreo de indicadores y uso de herramientas digitales para gestión de datos y trazabilidad.​

Competencias sociales y de gobernanza: persisten vacíos en buen gobierno corporativo, transparencia, diálogo con grupos de interés, igualdad de género y condiciones de trabajo decente, aspectos clave para el enoturismo y la licencia social para operar.​

Alineación normativa y de mercado: la nueva capa regulatoria ESG —incluida la CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive), la taxonomía europea, acuerdo EU y Mercosur y diversos esquemas de certificación— impactará a todas las bodegas que operan o venden en la UE, pero muchas aún no disponen de capacidades internas para interpretar estos marcos, generar reportes auditables y traducirlos en ventajas comerciales.​

Gobiernos de distintas regiones están implementando normas más estrictas sobre emisiones, uso y calidad del agua, gestión de residuos y protección de la biodiversidad, lo que eleva el listón mínimo de desempeño ambiental aceptable para viñedos y bodegas. Paralelamente, los consumidores —especialmente las generaciones más jóvenes y los segmentos de mayor valor añadido— buscan vinos producidos bajo criterios verificables de sostenibilidad y experiencias enoturísticas socialmente responsables, con prácticas laborales justas e impactos ambientales reducidos.​

En el plano financiero, los inversores incorporan cada vez más criterios ESG en sus decisiones, de modo que bodegas y viñedos capaces de demostrar un compromiso sólido y medible con la sostenibilidad tienen mayores probabilidades de atraer capital, asegurar mejores condiciones de financiación y participar en carteras temáticas de inversión sostenible.​

Respecto de Marcos de estandarización de competencias ESG, la OIV ha establecido principios de vitivinicultura sostenible que abarcan dimensiones ambientales, sociales y económicas, con énfasis en la formación continua, la integración del personal y la evaluación sistemática de impactos como condiciones para una verdadera mejora del desempeño. En consonancia, proyectos europeos como Green Vineyards han definido 15 competencias ESG específicas para el sector, tras constatar que muchas bodegas no cuentan con personal suficientemente capacitado para cumplir los objetivos del Green Deal, y recomiendan programas intensivos de actualización y reconversión laboral.​

A escala agroalimentaria, la EU CAP Network confirma un déficit generalizado de habilidades en áreas críticas —clima, biodiversidad, digitalización y economía circular— y plantea recomendaciones de política para cerrar esta brecha mediante formación, asesoramiento y sistemas de conocimiento y aprendizaje, medidas plenamente aplicables a la vitivinicultura y al enoturismo.​

Abordar la brecha de habilidades ESG es condición necesaria para asegurar un futuro sostenible y competitivo de la industria vitivinícola y de los destinos enoturísticos. La inversión en capital humano se vuelve estratégica para cumplir las crecientes exigencias regulatorias y de mercado, y para transformar la sostenibilidad en una verdadera ventaja competitiva. Las líneas de acción prioritarias incluyen:

Educación y formación especializada: desarrollo de programas formales y no formales en viticultura y enología sostenible, gestión de recursos hídricos, cambio climático, economía circular, así como en habilidades digitales y de gobernanza orientadas a la toma de decisiones basada en datos.​

Colaboración interinstitucional: fortalecimiento de alianzas entre bodegas, universidades, centros de investigación, organizaciones sectoriales y destinos enoturísticos para compartir conocimiento aplicado, metodologías y buenas prácticas ESG.​

Incentivos financieros y regulatorios: diseño de instrumentos de apoyo (subsidios, créditos blandos, ventajas fiscales, etiquetados oficiales) que premien a las bodegas que invierten en capacitación ESG, certificaciones y sistemas de gestión alineados con estándares internacionales.​

Mentoría y transferencia de conocimiento: creación de redes de mentoring para que profesionales con experiencia en sostenibilidad empresarial puedan acompañar a equipos técnicos y de enoturismo en la implementación de planes ESG robustos actualizados.​

Promoción de la diversidad y nuevas competencias: impulso a la diversidad de perfiles y trayectorias en la industria vitivinícola, incorporando profesionales con formación en ciencias ambientales, datos, comunicación y gestión social, capaces de integrar perspectivas complementarias a la enología y la agronomía tradicionales.​

En este contexto, las bodegas que logren integrar de manera coherente prácticas ESG en su vitivinicultura y en su oferta enoturística estarán mejor posicionadas para diferenciarse, acceder a mercados exigentes y consolidar relaciones de largo plazo con consumidores, comunidades e inversores en un entorno global cada vez más atento al desempeño sostenible.

La adopción de la sostenibilidad como eje estratégico es esencial para el futuro de la industria vitivinícola. Las bodegas que asuman este desafío con determinación estarán mejor posicionadas para prosperar en un entorno global cada vez más consciente y exigente. No se trata de una tendencia pasajera, sino de una transformación profunda que definirá el rumbo del sector en los próximos años. Al abrazar la sostenibilidad, la industria vitivinícola no solo refuerza su competitividad, sino que también contribuye a construir un futuro más próspero y equitativo para todos.

www.bywine.com.ar

Fuentes consultadas: https://www.sciencedirect.com / https://www.portoprotocol.com / https://eu-cap-network.ec.europa.eu /

Un artículo de Danielasquez
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