Martes 13 de Enero de 2026
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La Comisión Europea cerró en diciembre de 2025 su informe de perspectivas agrarias hasta 2035 y, dentro de ese horizonte, el vino aparece como uno de los sectores que más se ajusta a un cambio de hábitos que ya está en marcha en la Unión Europea. El documento fija una línea base con medias recientes y recuerda que no debe leerse como una predicción, sino como una referencia para el análisis, con una metodología particular en el caso del vino: a diferencia de otros productos, no se proyecta con el modelo AGLINK-COSIMO, sino a partir de juicio experto y revisión de literatura, usando para el sector medias olímpicas 2021-2025 como punto de partida comparativo.
El principal mensaje para la vitivinicultura europea es la continuidad del descenso del consumo. La Comisión describe una bajada estructural vinculada a preferencias distintas, con especial peso en los consumidores más jóvenes, que tienden a beber menos alcohol. A esa evolución se suman motivos sanitarios, políticas nacionales orientadas a un consumo moderado por razones de salud y una mayor presión de otras bebidas en el mismo espacio de consumo. El informe sitúa el ritmo medio de caída en torno al 0,9% anual hasta 2035 y lo traduce a un indicador directo: el consumo humano per cápita pasaría a alrededor de 19,3 litros en 2035 desde los 21,2 litros de media en 2021-2025. En esa evolución hay diferencias nacionales y la Comisión señala que los descensos más fuertes se concentran en países con tradición de consumo alto, como Francia y Alemania.
El ajuste no es solo de cantidad, también de tipo de producto. El informe describe un desplazamiento en la demanda, con retroceso general de los tintos y mayor interés por vinos más frescos, ligeros y fáciles de beber, con mención expresa a espumosos y blancos, además del avance de bebidas a base de vino, incluidos los vinos sin alcohol o con baja graduación, aunque con volúmenes aún reducidos. Ese cambio queda apoyado por el gráfico de ventas por color elaborado con datos de Euromonitor, que acompaña el capítulo del vino.
Con el consumo como primer motor, la producción también se adapta. La Comisión recuerda que el consumo doméstico humano es el principal destino del vino europeo, con un 66% del total en 2021-2025, mientras que las exportaciones suponen un 20%, y el resto se reparte entre otros usos como destilación o transformación industrial. Para 2035, el informe proyecta que la producción caiga a 138 millones de hectolitros, con una disminución media del 0,5% anual, en paralelo a una reducción de la superficie de viñedo del 0,6% anual, bajo el supuesto de rendimientos medios estables si el tiempo acompaña. Esa trayectoria encaja con una visión más amplia sobre el suelo agrario: el capítulo de usos del suelo prevé que la superficie de cultivos permanentes, hortalizas y especias baje un 7,2% en 2035 frente a 2023-2025, empujada por impactos ligados al clima y por una menor disponibilidad de mano de obra para trabajar esas hectáreas.
El comercio exterior del vino entra en una fase más incierta por la combinación de demanda y política comercial. La Comisión describe un momento de incertidumbre por la evolución de los aranceles en Estados Unidos, principal destino del vino europeo, con envíos a la baja en el corto plazo, y una demanda también en descenso en el Reino Unido, segundo mercado. Al mismo tiempo, el informe menciona un mayor interés en algunos países de América Latina y de África, aunque con un peso todavía limitado para sostener el volumen total de ventas exteriores. En términos agregados, la proyección es de retroceso: las exportaciones caerían a un ritmo del 0,6% anual hasta 2035 y las importaciones disminuirían aún más, un 1,9% anual, en línea con los cambios del consumo interno. El capítulo incorpora un gráfico de comercio en volumen y valor que acompaña esa lectura.
La fotografía económica del sector, vista desde las explotaciones, llega en la nueva parte del informe dedicada a resultados a nivel de granja, basada en simulaciones del modelo IFM-CAP con datos contables armonizados de la red FADN, donde la tipología "horticultura y cultivos permanentes" incluye viñedo junto a otros permanentes. En ese grupo, que engloba también explotaciones vitícolas, la renta por unidad de trabajo anual (AWU) bajaría un 2,5% entre 2020 y 2035 por la reducción de márgenes: los precios reales de salida se moderan mientras los precios de los insumos permanecen estables. El informe añade un matiz interno: las explotaciones de los siete primeros deciles podrían mejorar salvo las de menor renta, mientras que el 30% con mayor renta por AWU (deciles D8 a D10) vería caídas, con una explicación ligada a la composición del grupo y al tamaño medio de la horticultura frente a la viticultura y otros permanentes.
En viabilidad económica, la Comisión estima una reducción moderada del porcentaje de explotaciones consideradas viables en este conjunto, del 87% en 2020 al 83% en 2035, con un ajuste más marcado en las explotaciones más grandes, por encima de 500.000 euros de producción estándar, donde la proporción en las dos categorías superiores bajaría del 76% al 67% y aumentaría el peso de la categoría menos viable. En el plano ambiental, el mismo bloque de simulaciones apunta a cambios pequeños para este tipo de explotaciones: el riesgo de erosión bajaría un 0,75%, las emisiones de gases de efecto invernadero un 0,5% y el excedente de nitrógeno subiría un 0,25%. En paralelo, el capítulo de diversidad de cultivos señala que, aunque los cultivos permanentes suelen mover poco el índice, hay excepciones regionales y cita el descenso de los viñedos en el sur de Francia como uno de los factores que reducen la diversidad en esas zonas. Y en el apartado de fitosanitarios, las proyecciones del modelo CAPRI recogen una bajada del uso total de pesticidas a 2035 y, dentro de esa tendencia, un descenso de uso asociado a hortalizas y viñedos en varias categorías.
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