Cómo el vino de Jerez dio origen al multiverso

Hugh Everett y el Jerez, la historia detrás de la Teoría del Multiverso

Roberto Beiro

Lunes 14 de Octubre de 2024

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Hugh Everett, el físico que revolucionó la ciencia con una copa de Jerez

Muchos habrán oído hablar de los universos paralelos o multiverso, especialmente después de que el cine, la literatura y hasta muchos youtubers encontrasen un negocio que explotar sobre esta idea. Pero lejos del imaginario y la fantasía, la teoría del multiverso o de la existencia de universos paralelos es muy real. Tan real, que en la actualidad las teorías más sólidas y aceptadas en física para dar una explicación a la mecánica cuántica son dos: La interpretación de Copenhague y el multiverso. Lo que quizás casi nadie sepa es que la teoría del multiverso existe gracias al vino de Jerez.

Pero comencemos por el principio. Hasta Newton la física era muy simple, era la física de los objetos, de todo lo que nos rodea y podemos ver o sentir, como un coche, un avión o una manzana. A esta física se la llama newtoniana —por ser Newton su máximo representante— o simplemente física clásica. Sin embargo, tras Newton, los científicos siguieron explorando el mundo, especialmente las cosas pequeñas, concretamente las pequeñas partículas de las que está hecha toda la materia que existe, todas las cosas, y se dieron cuenta de que el comportamiento de las cosas pequeñas es diferente a las cosas grandes, no tienen el mismo funcionamiento. A esta física se la llamó física de cuantos (del latín quantum), es decir la física de las cosas más pequeñas de lo que está hecha la materia, o simplemente física cuántica. A partir de ese momento había dos físicas: la clásica y la cuántica, la de las cosas grandes y la de las cosas más pequeñas (cuantos).

Lo que los físicos quizá no se esperaban, era que la física cuántica era tan extraña. Las partículas pequeñas se comportan de un modo muy difícil de comprender para el ser humano. Por ejemplo, una de las propiedades más desconcertantes de las partículas pequeñas es que pueden estar en varios sitios a la vez —superposición cuántica. Y esto no es filosofía, es ciencia, se ha demostrado innumerables veces. Para comprenderlo, imagina una bombilla de tu casa, está bombilla puede estar encendida o apagada, solo puede estar en uno de esos estados. Sin embargo, si esa bombilla fuese una partícula, ésta puede estar encendida y apagada a la vez, está en los dos estados simultáneamente, pero solo se encuentra en este doble estado o de superposición cuántica si no interactuamos con ella, en el momento que interactuamos, por ejemplo la miramos, se define por uno de los dos estados. Mientras no miramos la partícula está encendida y apagada a la vez, si la miramos está encendida o apagada, una de las dos, pero no las dos, como las bombillas de casa. Otro ejemplo más, imagina una máquina de disparar pelotas de tenis, de esas que usan los deportistas para entrenar. Imagina que disparas contra una pared, pues bien, la pelota de tenis golpeará en un único punto, más o menos allí donde apuntes. ahora bien, si en lugar de disparar pelotas de tenis disparas una partícula elemental, como un electrón, este golpeará en todas las partes de la pared... mientras no lo mires, en el momento que miras al electrón, solo golpeará en un punto igual que una pelota de tenis.

¿Pero por qué ocurre esto? Para tratar de dar una explicación lógica a este comportamiento tan loco de las partículas, los científicos decidieron reunirse y crear una interpretación, y así nació la Interpretación de Copenhague, que explica que aunque las partículas pueden estar en muchos sitios a la vez, cuando se interactúa con ellas se definen por una posición concreta, normalmente la más probable, la que debería ser. Impulsada por científicos como Niels Bohr, Max Born o Werner Heisenberg esta interpretación se firmó y quedó retratada por la inmortal foto del Quinto Congreso Solvay en 1927 en la que además asistieron otros científicos ilustres como Albert Einstein o Marie Curie. Y así nace la única explicación creada por las mayores mentes pensantes de la época para dar una explicación a la física cuántica. Hasta que otro científico aficionado al vino de Jerez, creó la segunda de las teorías más aceptadas para explicar este raro comportamiento de las partículas: el multiverso.

quinto Congreso Solvay
Fotografía del 5ª Congreso Solvay donde se sella el acuerdo de la Interpretación de Copenhague, al que asistieron científicos de renombre como Albert Einstein o Marie Curie, entre otros.

Vayamos por partes. Tras la Interpretación de Copenhague, en 1935, el físico austriaco Erwin Schrödinger, mientras intentaba comprender mejor la física cuántica, imaginó el siguiente escenario: un gato está atrapado en una caja sólida y opaca, en la pared de la caja hay un vial con veneno y un interruptor que puede romper el vial si se activa. Este interruptor solo funciona con una única pequeña partícula, como un electrón. Si el electrón enciende el interruptor el vial se rompe y el gato muere. Si no, el gato vive. Según la Interpretación de Copenhague a la física cuántica, mientras no miramos el electrón estará encendido y apagado a la vez, por tanto el gato está vivo y muerto a la vez, mientras que si abrimos la caja el electrón se definirá por uno de los estados y veremos al gato vivo o muerto. Schrödinger creó el experimento imaginario del gato para llevar la idea de la física cuántica al límite. Curiosamente Schrödinger, que fue firmante de la Interpretación de Copenhague, abrió la caja de pandora con este simple experimento mental. Mucha gente no aceptaba la idea de un gato zombi, lo que daría origen a pensar en una nueva teoría.

Esta idea tan opuesta a nuestra intuición ha sido debatida muchas veces desde que Schrödinger la imaginara por primera vez. Los partidarios de la Interpretación de Copenhague no ven ningún problema, porque definen al observador como cualquier cosa o persona que observa. El simple hecho de instalar un detector dentro de la caja para detectar el estado del interruptor es suficiente como para forzar al electrón a "elegir". Pero los detractores de la interpretación de Copenhague argumentan que no dice nada acerca de por qué una observación fuerza una elección. ¿Y si no fuera así? ¿Qué pasa si ambos resultados ocurren? Un hombre, después de beber unas cuantas copas de vino de Jerez planteó justo eso y revolucionó para siempre la física cuántica.

En una noche de 1954, el físico de 23 años, Hugh Everett III, se encontraba con unos colegas en la Universidad de Princeton debatiendo sobre las implicaciones del gato de Schrödinger y la interpretación de Copenhague. Por aquel entonces, esta interpretación estaba ampliamente aceptada porque sus ecuaciones hacían predicciones que coinciden bastante con lo que los físicos ven cuando observan el comportamiento de partículas pequeñas, como la luz y los átomos. Sin embargo, a Everett no acababa de cuadrarle esta idea, así que él y sus colegas decidieron abrir una botella de vino de Jerez y ponerse a debatir sobre el tema, tal y como describen varias publicaciones científicas.

La interpretación de Copenhague le otorgaba importancia al hecho de observar. Pero, aquella noche de 1954, tras varias copas de vino de Jerez, Everett puso en duda la necesidad de observación y llegó a una nueva interpretación, demostrando que la observación ya no era necesaria para que la física cuántica produjera la realidad que nosotros experimentamos en la vida cotidiana. Según Everett, las partículas pequeñas efectivamente están en varios estados a la vez, tal y como se demuestra en la física cuántica, sin embargo, no es necesario observarlas para que se definan por uno de los estados, lo que ocurre es que coexisten en diferentes planos de realidad.

Nunca sabremos si a Hugh Everett III se le hubiese ocurrido esta genial idea de no haber tomado unas cuantas copas de Jerez, pero lo que si sabemos es que esa noche nació una alternativa a la Interpretación de Copenhague, la interpretación de Everett que ponía sobre la mesa un requisito radical: múltiples universos.

De acuerdo con la idea de Everett —ahora conocida como "interpretación de Muchos Mundos"— cuando el universo se encuentra con una "elección" cuántica, se divide. En el caso del gato de Schrödinger, el universo al completo se divide en dos versiones, una con el gato vivo y otra con el gato muerto. Como solo podemos percibir un universo, solo experimentamos una de estas ramas como "realidad". Sin embargo, si ves un gato muerto, hay una versión tuya igual de real en otro universo que descubre lo contrario.

Si te cuesta aceptar esta idea, no estás solo —cuando Everett presentó sus ideas en 1957, se le tachó de loco y su teoría fue ignorada. Incluso entonces, algunos físicos calificaron la idea de universos en constante división como "repugnante". Con su obra desacreditada, Everett abandonó la física y entró a trabajar para el ejército estadounidense en plena Guerra Fría. Convertido en fumador empedernido y alcohólico, murió de un ataque al corazón en 1982, con solo 51 años.

Irónicamente, fue a raíz de su muerte cuando varios físicos empezaron a tomar en serio sus ideas. En la actualidad, la interpretación de los universos paralelos, o multiverso, está casi igualada con la de Copenhague como explicación oficial entre los físicos modernos —la mejor manera de conciliar la teoría científica con nuestra percepción de la realidad.

El Jerez en el Ámbito Académico

La anécdota de Hugh Everett y sus colegas bebiendo Jerez en Princeton es un reflejo interesante tanto de la cultura académica de la época como de la popularidad del jerez en los círculos intelectuales y universitarios de Estados Unidos durante mediados del siglo XX. Los detalles específicos sobre la marca o tipo exacto de Jerez que Everett y sus colegas podrían haber estado bebiendo no ha sido registrado. En los círculos académicos, especialmente en instituciones prestigiosas como Princeton, era común que los profesores y estudiantes se reunieran para discusiones intelectuales en un ambiente más informal y relajado, donde el Jerez podría servir como un catalizador social para la conversación y el debate. Estas reuniones a menudo tenían lugar en salones y residencias dentro del campus, donde académicos y estudiantes de posgrado compartían ideas y discutían teorías. Muchos académicos en los Estados Unidos tenían influencias europeas o habían estudiado en Europa, como el propio Everett, donde el jerez era apreciado. Esto podría haber contribuido a su popularidad en entornos universitarios estadounidenses. Durante el siglo XX, el vino de Jerez estaba ampliamente disponible en los Estados Unidos y disfrutaba de una popularidad que coincidía con una época donde se valoraba lo "exótico" y europeo en el mundo del vino.

No hay registros específicos que indiquen si Hugh Everett era particularmente aficionado al Jerez más allá de esta anécdota. Su consumo de jerez esa noche podría haber sido más una circunstancia del contexto social y académico que una preferencia personal explícita. Lo que sí es una certeza, es que la teoría del multiverso nació esa noche de 1954 tras unas copas de Jerez.

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