El Grifo recuerda a José Saramago en el centenario de su nacimiento

Miércoles 22 de Junio de 2022

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El 16 de noviembre de 2022 se cumple un siglo de su nacimiento y la bodega canaria presenta un Syrah muy especial de la vendimia de 2019

El 16 de noviembre de 2022 se cumplen cien años del nacimiento de José Saramago, quien residió en Lanzarote la parte final de su vida, junto a su esposa Pilar del Río. Su conexión con la isla fue inmediata y ha dejado una profunda huella, al punto que los lanzaroteños lo consideran también suyo. En colaboración con la Fundación Saramago, El Grifoha elaborado y designado con su apellido una partida única de vino de la vendimia de 2019.

Con él, los hermanos Otamendi, propietarios de la bodega, quieren recordar la generosidad del escritor, que accedió a prologar el libro La Tonelería Tradicional y los Vinos de Canarias, con motivo del 225 aniversario de la bodega. Además de traducirlo, Pilar del Río entregó el prólogo original, en portugués, que ahora está en el Museo del Vino de la bodega a la vista del visitante.

El Grifo Saramago es un monovarietal de Syrah de la vendimia de 2019. El vino se mantuvo en el depósito durante dos años; su excelente evolución hizo innecesaria su introducción en barrica. Embotellado en noviembre de 2021, prosigue su crianza en botella.

Su color es limpio y brillante, de capa media y tonalidad cereza. Su aroma es de intensidad media-alta; se aprecia la fruta madura (membrillo) y unas agradables notas balsámicas, entre las que destacan el hinojo, la pimienta negra y recuerdos de anís. Durante su crianza está desarrollando el característico aroma yodado y de polvo de talco propio de la Syrah.

En boca, es complejo y envolvente, sedoso, suave, con un tanino elegante y maduro. El carácter balsámico sigue estando presente en boca junto con fruta negra madura y regaliz negro. Sin duda, un vino perfecto para acompañar una apacible lectura.

Precio recomendado 30 €

José Saramago junto al prólogo en el Museo del Vino.tif
José Saramago junto al prólogo en el Museo del Vino.tif

Traducción de Pilar del Río del Prólogo al libro La Tonelería Tradicional, presentado en 2002 con motivo de los 225 Aniversario de El Grifo

En Memorial del convento, libro que cumple ahora dos decenas de años de buenos y leales servicios, describo una conversación de ocho hombres que, oriundos de diferentes lugares de Portugal, se acabaron encontrando en la obra del Convento de Mafra. Cuatro son jornaleros, dos son pequeños aparceros que perdieron las tierras, el séptimo es boyerizo, y el octavo, tonelero. Hablan de la vida, de la familia que dejaron, del trabajo con el que apenas ganan para el sustento del cuerpo. El único con oficio merecedor de tal nombre es el tonelero. Este es su decir: "Me llamo João Anes, vine de Oporto y soy tonelero, también para construir un convento se necesitan toneleros, quién iba si no a concertar las duelas y hacer cubas y tinas, si un albañil está en el andamio y le hacen llegar el cubo de la masa, tiene que mojar las piedras con la escobilla, para que agarren bien, la que ya está con la que va a asentarse, y para eso tiene que tener el balde, y dónde van a beber los animales, pues beben en las tinas, y quién hace las tinas, pues los toneleros, no es por alabanza pero no hay oficio como el mío, hasta Dios fue tonelero, mirad esa gran tina que es el mar, si la obra no fuera perfecta, si las duelas no estuvieran bien ajustadas, entraría el mar tierra adentro y ya tendríamos otro diluvio encima."

Este tonelero de Memoria del convento habla como un poeta, pero, al contrario de lo que puede parecer a primera vista, no se percibe aquí ninguna contradicción de fondo, porque "poeta", así lo explica la ciencia etimológica, tanto significa "creador" como "obrero", tanto querría decir "autor" como "fabricante". Evidentemente, no le propongo al lector de este interesantísimo volumen sobre la tonelería tradicional y los vinos de Canarias que lo lea como si fuera un poema, pero sí le pido que intente ver más allá del texto y de las figuras, que imagine los movimientos y los gestos del artesano, que observe cómo maneja la azuela, que repare en los dedos que palpan la tensión de las duelas, que acompañe la exigencia de la mirada que valora cada momento la obra a que está dando cuerpo y talante. Reconocerá la presencia del trabajo poético en este diálogo en el que las manos le van diciendo a la materia: "Quiero hacer algo de ti", y la materia les responde: "Lo que tengas que hacer, hazlo bien hecho." De esto se trata realmente, de hacer bien hecho lo que se hace. Un poema o un barril.

Enero 2002, José Saramago

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