El decreto de Domiciano, el emperador que odiaba el vino

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Miércoles 22 de Septiembre de 2021

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Busto de Tito Flavio Domiciano
Busto de Tito Flavio Domiciano. Imagen: Museo del Louvre

Tito Flavio Domiciano, nacido en Roma en el año 51, comúnmente conocido como Domiciano, fue uno de los dos hijos del gran emperador romano Vespasiano.

Fue emperador del Imperio romano, sucediendo a su hermano mayor Tito, desde el año 81 hasta su muerte en el 96, a la edad de 44 años.

Fue el responsable de la fortificación del li­mes del Danubio y de las guerras contra los pueblos bárbaros centroeuropeos.

Algunas fuentes lo describen como un gobernador despiadado pero eficiente, con acciones culturales y económicas que fueron precursoras del próspero siglo II.

Sin embargo, no son pocas las fuentes que también lo describen como un emperador cruel y muy paranoico, situándolo entre los emperadores más odiados del imperio, comparando su tiranía con las de Calígula o Nerón.

Y debe ser de esta paranoia que surge uno de sus decretos más odiados, el relativo a la viticultura y el vino.

Decidi­do a detener la ex­pansión del cultivo de la vid, decretó arrancar gran cantidad de cepas en los territo­rios del Imperio, lo que le acarreó una mala reputa­ción entre gran parte de la pobla­ción.

Aunque su propósito era dar prioridad al cultivo de cereales como alimento básico, es sabido que la desobediencia fue la figura dominante entre los campesinos, que daban tanta importancia al vino como a los cereales, sino más, ya que la vid se siguió culti­vando en varias regiones.

Posteriormente, este decreto fue derogado por el emperador Probo.

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