¿No se puede consumir alcohol cuando se están tomando antibióticos?

Esta es una afirmación que forma parte de la sabiduría popular, pero constituye más un mito que una realidad

Miércoles 22 de Abril de 2015

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Es cierto que el alcohol modifica la actividad enzimàtica del hígado, el órgano que metaboliza buena parte de los medicamentos, y que las ingestas puntuales de alcohol compiten con el antibiótico por ser metabolizado, de forma que este permanece más tiempo en la sangre.

Sin embargo, en el caso de la mayoría de los antibióticos, estas variaciones son pequeñas, y una cantidad moderada de alcohol (una copa de vino) no influye demasiado.

Curiosamente, en los bebedores habituales, el hígado desarrolla su sistema enzimàtico y pasa más bien lo contrario: metabolizan más rápidamente el antibiótico.

Ahora bien, es importante señalar que algunos antibióticos interaccionan con el alcohol de una forma negativa. En concreto, los que producen el llamado "efecto antabus" e impiden que el alcohol se metabolice completamente dando lugar a una acumulación de acetaldehído, un derivado del alcohol, que provoca un intenso malestar (náuseas, enrojecimiento, palpitaciones...). Es lo que pasa con algunas cefalosporinas o con el metronidazol.

Tampoco se recomienda tomar alcohol cuando se está en tratamiento con los antibióticos específicos de la tuberculosis, que tienen un riesgo significativo de toxicidad sobre el hígado, por lo que hay que extremar las precauciones.

En todos estos casos, el prospecto del antibiótico debería mencionarlo.

Como consejo general, y ante la duda (es probable que en ese momento no tenga el prospecto a mano), parece razonable abstenerse de tomar alcohol, un hábito por otra parte perfectamente evitable, o bien limitar su consumo al mínimo cuando se está en tratamiento.

Pero tampoco hay razones para la histeria si uno se olvida y se toma una copa de vino.

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